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miércoles, 16 de octubre de 2013

EL TRABAJO DE LA CONCIENCIA SOBRE LA PERSONALIDAD (I)





Todo ocultista sabe que el cuerpo físico, el cuerpo de deseos (de los sentimientos, deseos y emociones) y la mente (imaginación, pensamientos, intuición..) forman las personalidad o ego, mientras que la Esencia o Alma que está en el estado inmediatamente superior de los mundos a los que pertenece ese ego, es el Yo superior o Ego (con mayúscula) También sabemos los ocultistas que el futuro próximo de nuestra evolución pasa por que ese Ego domine a todos esos yoes (deseos, emociones y pensamientos) que dirigen nuestra vida cotidiana y que con su automatismo de acción nos perjudican, para que el Ego ocupe su lugar. De aquí que desde hace miles de años algunos Maestros e iniciados se hayan esforzado en darnos las instrucciones para conseguirlo. En definitiva se trata de conseguir separar la consciencia de la mente y del cuerpo de deseos para así actuar como un observador.

Para diferenciar el ego del Ego y el yo del Yo superior para así tener más claro de lo que hablamos, vamos a llamar “nuestro cuerpo” al conjunto formado por el cuerpo físico, de deseos y mental. ¿Por qué hacemos esto? 1º.- Porque el cuerpo físico como tal no es real y 2º.- Porque esas partes que forman nuestro cuerpo o personalidad (incluyendo la vida) están compenetradas. El cuerpo físico es una percepción de sus propios sentidos y nosotros, como mente, sólo percibimos lo externo y lo que, según su grado vibracional, alcanzan a percibir los ojos; sin embargo, no percibimos la Verdad que reside en lo interior. Así es que el cuerpo físico no es lo que aparenta ser, no es físico, ni líquido, es un conjunto de átomos vibrando en el vacío pero, sin embargo, está vivo. Como campo energético vibracional indica que podemos adentrarnos en el cuerpo para transcenderle y así saber verdaderamente quiénes somos y conocernos más allá de los deseos, de las emociones y de los pensamientos. Por tanto se trata de auto-observarnos, conocernos y alcanzar a nuestra verdadera Esencia o Alma para identificarnos con ella mientras hacemos lo contrario con el ego o yo inferior.

Como podemos comprobar, el aislamiento de los ruidos del mundo y de las respuestas involuntarias e inconscientes de nuestros cuerpos sutiles (cuerpo de deseos y mente) solo se puede conseguir por medio de la observación que hacemos como algo separado de todo ello, sea externo (lo que nos llega por los sentidos) o interno (sentimientos, emociones y pensamientos que la mente crea sin que lo deseemos ni que seamos conscientes) Para ser observadores o auto-observadores hay que estar como “presencia” es decir, conscientes en ese objeto u hecho aquí y ahora. No se puede estar presente si se está pensando porque si pensamos estamos  en el papel de la mente como pensadores, y eso solo se debe hacer (conscientemente) cuando las circunstancias lo requieran en este mundo. Para estar presente en cada momento y encontrar la paz hay que separase de la voz que habla en nuestro cerebro, es necesario que no haya identificación con la mente y mucho menos que nos dejemos llevar por sus constantes creaciones mentales.

Cuando conseguimos que esa voz cese percibimos una sensación de plenitud y bienestar que bien  podríamos definir como la vida misma en nosotros. Por tanto, estar presente en cada aquí y ahora es contactar con el flujo de la vida a través de lo que observamos o prestamos plena atención, es, en definitiva, estar presentes como conciencias. En este estado de conciencia y de libertad se puede disfrutar de la vida de otra forma a lo conocido porque la satisfacción no es física, pero esto no ocurre gracias a aquello que nos sucede sino al estado de auto-observación y conciencia que hemos alcanzado. No hay que confundir el “estar presente voluntaria y conscientemente” con la concentración porque ésta es mental y se practica con un objetivo (dominio de la mente) mientras que la atención u observación plena es relajada, no tiene objetivo y solo hace que “estar atenta” en cada momento o situación. Cuando practicamos esta atención plena nos podemos dar cuenta de cómo la mente está siempre en las cosas del pasado o proyectando hechos hacia el futuro pero casi nunca en el presente o aquí y ahora. Prestar plena atención a cualquier cosa es entrar de lleno en lo que ese instante contenga o muestre pero sin utilizar a la mente.

Cuando llevamos esta práctica hacia el interior de nuestro propio cuerpo nos convertimos en un observador o presencia silenciosa, en una esencia a diferencia de la mente que es un cuerpo o forma. De la mente proceden las identificaciones con el mundo físico y con lo interior o exterior, pero con la plena observación (lo que es consciencia) lo que hacemos es “observar” las formas sin identificarnos con ellas, (lo que también ayuda respecto al desapego, al egoísmo y al materialismo) Así podemos observar lo interno (actividad emocional y mental) los estados de ánimo, las circunstancias externas, etc. pero sin identificarnos con ellas. El observador silencioso es conciencia y por eso no está implicado en ese “hacer” constante de sensaciones, emociones y pensamientos; él es un “no hacer nada”, un simplemente “estar plenamente atento”. El observador silencioso no es ningún yo, es la presencia o conciencia que percibe sin identificarse con nada ni con el yo.

El cuerpo de deseos o emocional, junto con la mente, es uno de los dos aspectos personales que más impide el desarrollo espiritual y el control del Ego sobre la personalidad. Pero cuando digo “impide” me estoy refiriendo a la visión que la mayoría de las personas tienen respecto a que las emociones, sentimientos y deseos dominan a la personalidad sin que  ésta se dé cuenta de que puede impedirlo por el simple hecho de experimentarlos sin identificarse con ellos. Cuando, desde la posición del Ego o Alma, dejamos de considerar a las emociones como energías positivas o negativas y las experimentamos como formas temporales de energías fruto de impactos externos o de los pensamientos de la mente, comenzamos a verlas y a vivirlas de una manera más profunda y diferente; es decir, nos sentimos más libres porque no nos identificamos con ellas. Un motivo externo o un pensamiento interno puede causarnos, como efecto, odio, resentimiento, felicidad o alegría pero el que eso nos afecte y nos haga actuar y responder o no dependerá del hecho de ser conscientes o lo contario.

Como casi autómatas que somos, la mayoría de las veces respondemos a lo que vemos y oímos, a lo que nos hacen o a lo que sentimos, con una emoción o deseo inconsciente (que muchas veces nos arrepentimos de ello) y digo inconsciente porque estamos tan acostumbrados e identificados con ellos que no nos damos cuenta. Nos convertimos en emociones, deseos y pensamientos (buenos o malos) y según sea su naturaleza así nos comportamos y así engrandecemos ese amor, odio, resentimiento, etc. Como estos cuerpos están compenetrados y se comunican por su sutil vibración, cuanto más pensamos en ese impacto o pensamiento que nos ha afectado (por ejemplo de odio) más estimulamos y alimentamos la correspondiente emoción, y ésta, a su vez, atrae otras similares de su entorno y vuelve a estimular a la mente para que volvamos a pensar y a engrandecer el tema que nos afecta. De esta forma inconsciente estamos convirtiéndonos en odio, emitiendo vibraciones de odio hacia el exterior, y mostrando un semblante de odio y todo por no saber liberarnos de todo ello desde la posición de ese observador silencioso.

Cuando cualquier aspecto de este cuerpo de deseos nos afecta y nos domina (preocupaciones, problemas, miedos, etc.) buscamos la manera de librarnos de ellos porque sabemos que nos puede obsesionar, transformar e incluso poner enfermos. Para encontrar una solución debemos meternos en el cuerpo que es donde se origina todo esto que nos domina y perturba. Por tanto, si hacemos de observadores conscientes y estamos atentos plenamente a lo que ocurre entre las emociones y la mente sin entrar en ello y sin hacer juicios, entonces deja de identificarse y se libera. ¿Qué ha ocurrido?

1º.- Que una energía (mental o emocional) ha penetrado en el cuerpo.
2º.- Que el ego o personalidad a respondido y se ha implicado e identificado
       con ello hasta engrandecerlo.
3º.- Que el Ego o Conciencia lo ha observado sin inmiscuirse.
4º.- Que ha desaparecido y se ha sentido libre y en la más completa calma. 

Francisco Nieto

jueves, 3 de octubre de 2013

CAMBIANDO NUESTROS PATRONES MAGNÉTICOS (y II)





No es necesario decir o recordar los miles de “milagros” que se han producido en personas que dedicaban su vida a la oración o a la fe, es decir, de personas que estaban despiertas (tenían su atención y su consciencia) en las esferas del Alma. Hoy son muchos los experimentos realizados con el pensamiento y con la oración cuyos resultados han sido la alteración de la materia física. Es más, hay experimentos que demuestran que los rasgos personales quedan grabados y alteran la genética. Luego entonces, si sabemos que la voluntad puede gobernar a la mente y ésta a los deseos y a las emociones ¿Por qué no vamos a poder cambiar nuestros patrones energéticos para dejar de pensar en el pasado y así crear posibles oportunidades futuras? Ciertos experimentos han confirmado que los sentimientos y los pensamientos, no solo afectan a nuestra personalidad y a nuestra vida, sino que también lo hacen sobre el espacio y el tiempo, o sea, sobre el futuro.



No sé a cuántas de las personas que lean estos párrafos les habrá pasado pero yo tengo dos pruebas en mi vida que confirman este hecho, una de ellas podría estar relacionada con la fe, cuando en una carretera secundaria y a las tres de la madrugada me vi en unas circunstancias especialmente negativas pero, sin saber por qué, estaba seguro que alguien aparecería por algún sitio y me ayudaría; lo que así ocurrió con ciertos detalles especiales. La otra prueba está más relacionada con el hecho de “programar” o visualizar repetidamente durante un tiempo unas circunstancias o hechos que desde lo más profundo de mi corazón yo deseaba porque era muy importante para mí (pero pensando en el beneficio de otras personas) Yo estaba seguro que surgiría la oportunidad y que se cumpliría y así fue. Tanto en un caso como en otro mi mente trabajó para que se produjera un hecho futuro y, si bien podría decir que la fe, la oración, el agradecimiento de antemano a Dios y la auto-programación pudieron jugar algún papel en todo ello, lo cierto es que lo que yo deseaba y vivía como si ya se hubiera cumplido desde la conciencia del verdadero Yo o Alma, se me fue concedido.



Está claro que la rutina y la monotonía diaria y el hecho de expresar las mismas emociones y los mismos pensamientos, crean un arquetipo personal o campo energético de determinada vibración que estará en sintonía con algunas de las subdivisiones de los mundos emocional y mental. O sea, dependiendo del valor moral de los deseos y de las emociones así como del grado intelectual y espiritual que tengamos, así estarán nuestros cuerpos en sintonía (tanto en esta vida como después de la muerte) y se identificarán con esas regiones invisibles superiores. Si estamos muy dominados por los deseos y emociones inferiores llevaremos con nosotros y vibraremos de acuerdo a las vibraciones más bajas del mundo emocional. Si tenemos poco control mental y nuestra mente anda de un lado para otro sin que nos demos cuenta y sin que la observemos, vibraremos de acuerdo a las regiones inferiores del mundo del pensamiento donde hay más inconsciencia. Pero si nos esforzamos por pensar, sentir y actuar de una forma más elevada y positiva hasta el punto de crear una nueva personalidad, cuyo campo magnético coincida con las regiones superiores de ambos mundos, siempre tendremos muchas más posibilidades de “encontrar” una nueva realidad o de ser atraídos hacia una nueva situación. Para ello hay que observarlo todo con una nueva mente, hay que responder de diferente forma ante las circunstancias y experiencias, y hay que crear un nuevo estado mental como observador y creador de posibilidades en dichas regiones. Naturalmente que no se trata de pensar en el deseo de ser o alcanzar algo, sino de vivir como si lo fuéramos o como si lo hubiéramos alcanzado, porque sólo así podemos obtener una respuesta magnética de esas regiones espirituales.



Si seguimos actuando y expresándonos como siempre todos los resultados serán predecibles, pero si conseguimos que el mundo externo no gobierne el interno y que esa realidad rutinaria siga impidiendo que el verdadero yo despierte y cree voluntaria y conscientemente hechos positivos originales que rompan los esquemas cerebrales, entonces surgirá lo impredecible. Cuando, en vez de expresarnos de acuerdo al patrón rutinario de toda la vida somos creativos y vivimos en sintonía con los mundos espirituales, lo que estamos haciendo es pasar de “actuar” como efecto automático a “crear” causas conscientes. Si, además, incluso antes de obtener resultados  manifestamos gratitud, armonía y felicidad interna, lo estaremos lanzando hacia esas regiones para que, además de ayudar al mundo, el algún momento futuro obtengamos la correspondiente respuesta positiva. Si esas regiones y mundos están compuestos de materia influenciable y que responden a la voluntad del Alma, está claro que si cambiamos nuestros patrones magnéticos por otros derivados de una nueva manera de sentir y de pensar de acuerdo a un futuro lleno de positivismo, esa gran parte o porcentaje espiritual responderá a esta pequeña parte física. Cuando vibramos positivamente porque intentamos expresar sentimientos y pensamientos elevados, estamos siendo creadores de patrones magnéticos espirituales que, como sus creadores, nos traerán un mejor futuro. Es decir, cuando nuestra voluntad y mente creadora expresan consciente y voluntariamente la voluntad de Dios como nueva  forma de vida, las fuerzas espirituales responden.



Estamos hablando de un estado de consciencia “nuevo” en el que no nos dejemos influenciar por el pasado (problemas, disgustos, sentimientos y deseos negativos, etc.) ni donde podamos crear pensamientos negativos, porque si hacemos esto no podremos recibir nada nuevo sino más de lo mismo que expresamos. Esto es algo así como que al recordar un hecho pasado que nos causó sufrimiento, suframos otra vez o que, basándonos en un hecho que nos causó dolor en el pasado imaginemos que nos ocurrirá lo mismo en el futuro, ocurriendo entonces que los resultados o respuesta de las fuerzas ocultas sean siempre negativas. No podemos cambiar nuestros patrones de conducta y nuestra vida cotidiana si seguimos pensando y sintiendo igual y si aún nos dejamos dominar y nos expresamos de acuerdo a los recuerdos, problemas y sufrimientos del pasado. Pero menos avanzaremos aún si seguimos viendo todo a través de los sentidos sin ponernos en la posición de observadores y de pensadores, a la vez que nos identificamos con el mundo externo, con las emociones y con los pensamientos. Con el mundo del Alma, del verdadero Ego, sólo se puede contactar por medio de un perfecto y consciente control de la mente y de las emociones en cada momento presente o ahora; o sea, que al mundo del Alma hay que llegar como “no persona”.



Si estamos casi las 24 horas pensando en cosas sin importancia, en problemas, e incluso sin que el Yo se entere de lo que piensa la mente y de lo que siente el cuerpo ¿Cómo podemos esperar alguna respuesta positiva de los mundos superiores? La negatividad solo atrae negatividad, y lo que se piensa y se expresar inconscientemente tampoco puede traernos mucha ayuda. Vivir en el ambiente del Alma es algo así como cuando nos quedamos ensimismados y perdemos la noción del tiempo y del espacio. Y en un nivel algo más bajo es como intentar ser y ver a todo lo que nos rodea como lo vería el verdadero Ego. No podemos seguir viendo a las personas que nos han hecho daño como tal sino como Almas, no podemos ver el mundo según las experiencias que hayamos tenido en él; no podemos pensar en el futuro según los esquemas que tenemos guardados en el cerebro sino que debemos crearle desde esa posición de ensimismamiento y repetirlo a diario para luego llevarlo a la práctica. Es desde esta posición desde donde nos olvidamos de nuestro cuerpo físico y estamos plenamente atentos en cada ahora para expresar la nueva forma de sentir, de pensar y de ver la vida.



                            Francisco Nieto

lunes, 16 de septiembre de 2013

CAMBIANDO NUESTROS PATRONES MAGNÉTICOS (I)





            “La energía sigue al pensamiento” es una famosa frase entre los ocultistas que se suele interpretar como “allá donde enfoque su atención el hombre es donde pone su energía.” Algunas personas no tendrán muy claro su significado pero sabiendo que el 99,99 % o más somos energía, quizás comiencen a intuir la profundidad de lo que vamos a tratar. Es cierto que, aparentemente, somos lo que vemos, o sea, un cuerpo físico, pero la física actual ya ha demostrado que dentro de lo que llamamos materia hay células, moléculas y átomos, sin embargo, también es cierto que esos átomos se dividen en partículas (protón, neutrón, electrón) y otras subpartículas energéticas. Es así como podemos entender que la materia está compuesta de energía a la vez que dicha materia “flota” sobre un vacío (desde el punto de vista material) energético y que, estas partículas y subpartículas “flotan”, a su vez, sobre un vacío desconocido normalmente llamado “nada”.

Desde el punto de vista físico significa que lo que perciben nuestros sentidos podría estar  formado sólo por un 00,00010 % aproximadamente de materia física, es decir, que además de tener un cuerpo físico compuesto de materia como cualquier otra cosa, el porcentaje es tan pequeño que en realidad somos más “algo invisible” o “nada” que materia física. Esto es fácil de comprender, tenemos un cuerpo físico como el mineral (materia aparentemente sin vida) pero también tenemos otro que es la vitalidad que anima al anterior y hace que nos parezcamos a las plantas en que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Pero hay algo que nos separa de la imagen de la planta y nos asemeja a la de los animales superiores, y ese algo son los deseos y las emociones que no tienen los vegetales. Sin embargo, todos sabemos que el ser humano es superior al animal porque tiene voluntad, razonamiento y consciencia de sí mismo, por consiguiente, somos el reino más evolucionado que hay sobre la Tierra desde el punto de vista de la materia y de la conciencia.

Acabamos de decir que  desde el punto de vista físico o material, somos más “nada” que “algo” porque ese “algo” está solamente en el cuerpo físico pero, ¿Dónde está esa parte invisible o “nada”? está claro que esa “nada” es la base u origen de las partículas energéticas que forman el átomo como lo son las moléculas respecto a las células y a las formas físicas. En ocultismo esa base que, a su vez, vivifica el cuerpo físico se llama cuerpo etérico o vital. Pero cualquier persona sabe que tenemos deseos, emociones y pensamientos, lo que significa que, aunque tampoco lo veamos, existen también como algo “invisible” o “nada” que, de alguna manera, se reflejan en el cuerpo físico. Lo mismo ocurre con los pensamientos pero a éstos los creamos gracias a otro cuerpo llamado “mental”, gracias al cual el hombre ha construido todo lo que le rodea. Si, viendo esta  exposición, comprendemos que (para la mayoría de las personas) nos sentimos físicos porque nuestros sentidos perciben la materia física y porque no tenemos otros medios para ver esa parte “invisible”, entenderemos que puede ser posible que la propia evolución nos facilite los medios para adquirir otros sentidos o estado superior de conciencia que, progresivamente, nos haga ver esa otra parte invisible que ahora no vemos. Si el hombre ha pasado por estados de inconsciencia similares al vegetal o al animal y gracias a ellos ha adquirido la autoconciencia actual ¿por qué no va a poder adquirir otra conciencia superior si encuentra los medios?

Lo mismo que una montaña tiene algún camino que facilite la subida más cómodamente aunque se tarde más por el hecho de rodearla y otro que acorte el tiempo pero que sea más escarpado o difícil de subir, también nosotros tenemos otros medios para acelerar el proceso de adquirir un nuevo estado de conciencia esforzándonos por abandonar el que llevamos hasta ahora. Dejando a un lado el cuerpo físico y el vital que le anima, nuestra vida gira casi al 100 % sobre el cuerpo emocional y el mental, ya que pensamos de acuerdo a lo que sentimos y sentimos y pensamos de acuerdo a lo que hemos “creado” o lo que somos en nuestro cerebro. Es decir, todo lo que hemos guardado en el cerebro como resultado de las experiencias, es en lo que nos basamos para pensar, actuar o expresarnos. Y este “conocimiento” guardado en agrupaciones y circuitos de neuronas es lo que nos hace responder y actuar de la misma forma ante las circunstancias de la vida. Si el resultado de las experiencias ha creado un hábito, unos rasgos y un carácter en nuestra monótona y casi repetitiva vida, eso es lo que tenemos como “programa” de actuación en el cerebro, es decir, que casi siempre actuaremos igual en cada “presente” o “ahora” y que casi siempre viviremos y nos expresaremos de acuerdo a lo vivido en el pasado.

Esto significa que para cambiar esto y tener alguna posibilidad de crear una nueva vida tenemos dos opciones, una posible y la otra lo contrario. La posible es adquirir conocimientos nuevos y trabajar sobre ellos de la forma que ya explicaremos más adelante, y la imposible, que sería nacer cada día con un cerebro limpio pero con el conocimiento que damos aquí. En mi opinión, esta sería la solución al problema de que, como estamos tan identificados con el mundo y con el cuerpo físico nos dejamos dominar por los problemas, las circunstancias, deseos, preocupaciones y estrés que creamos y que nos atan a ese estado de conciencia que, desde el punto de vista del Alma, llamamos “dormido”. Si, como podemos ver, llevamos una vida casi predecible al 100 % porque hacemos todos los días lo mismo y respondemos como autómatas ¿no sería conveniente que encontráramos algo nuevo que nos sacara de esta forma de vida que nos ata tanto al cuerpo físico, a nuestro carácter o programa cerebral y al tiempo? ¿No habrá algún conocimiento que nos haga vivir conscientes y voluntariamente en el presente (despierto) y alguna forma de no vivir en el pasado creando la posibilidad de vivir ahora con otros pensamientos y emociones futuras?

Cada individuo vive en la realidad o mundo que él mismo ha creado con su pensamiento, una persona puede ser un pésimo conductor pero puede estar convencido de que es bueno, o una anoréxica puede estar muy delgada pero, en su pensamiento, puede verse gorda. Por otro lado, sabemos que podemos estar viendo la televisión o leyendo un libro sin apenas enterarnos de nada porque nuestra mente está deambulando de un sitio para otro sin ningún tipo de control por parte del Yo. Si cada pensamiento fuera creado consciente y voluntariamente por el Yo de forma que solo manifestara los positivos y constructivos, cabria preguntarse ¿No tendríamos otra personalidad y otra vida llena de posibilidades futuras guardadas en el cerebro a modo de programas? La filosofía oculta  me ha enseñado que, como deudas y resultados de las vidas anteriores, traemos “programadas” las líneas generales de nuestra vida, pero también me ha enseñando que tenemos un libre albedrío y que, como voluntad del Alma, podemos cambiar muchos hechos y circunstancias de nuestros destino. Por consiguiente, sé que mi voluntad es un aspecto del Espíritu y que cuando gobierna a la mente y la utiliza para dirigir y controlar a la personalidad, puede crearse una personalidad diferente y un mejor y nuevo destino. Y si, viendo lo hasta ahora expuesto, sabemos que lo que creemos ser y lo que entendemos por realidad es la parte física o casi “nada” de la “verdadera realidad” puesto que el resto es “invisible” o “Espíritu”, está claro que si trabajamos desde lo más elevado de esa parte invisible que en realidad somos, podremos elevar nuestra propia conciencia y crearnos un futuro mejor.

Esto tiene su analogía en las causas que se originar en una vida y que se reflejan como efecto en las siguientes de acuerdo al trabajo que haya hecho el Yo con sus respectivos cuerpos. Así, cuando en una vida nos esforzamos por elevar nuestra moral, nuestro intelecto y nuestro Espíritu pensando, tanto o más en el prójimo como en nosotros mismos, obtendremos una vida futura mucho más próspera. Des esta misma forma, si voluntaria y conscientemente pensáramos como Alma (99,999 % de autoconciencia) y como observadores de lo físico con la intención de que la conciencia afecte a la materia ¿No sería posible que la gran mayoría (poder del Alma) pueda cambiar a la minoría (la personalidad u hombre dormido)? Todo lo existente está basado en patrones energéticos o arquetipos que son creados en el mundo del pensamiento y, si el Alma existe en esos mismos planos, ¿No es lógico que tenga poder sobre esos arquetipos que en nosotros se manifiestan como patrones de conducta y en el mundo como “naturaleza”? Dicho de otra manera, si tenemos un cuerpo compuesto y relacionado con la clase de energía y grado de vibración existente en los mundos invisibles ¿No es lógico que esa conexión nos permita cambiarnos a nosotros mismos y a nuestro futuro?

Francisco Nieto

miércoles, 14 de agosto de 2013

AL ENCUENTRO DE LA PAZ INTERNA (I)





Cuando, en esta vida, un aspirante espiritual descubre que puede mejorar moral y espiritualmente por medio de algo que “surge” en su destino, suele ocurrir que en lo primero que piensa es en cambiar su vida. Comienza a imaginar que sus relaciones familiares y sociales van a ser maravillosas, que el destino le traerá oportunidades de progreso, que las elevadas vibraciones de su aura atraerán la simpatía de los demás de forma magnética y otros hechos más. Pero este aspirante que desea tener resultados visibles externamente no es consciente de que los cambios que están sucediendo interna y, como efecto, externamente, se deben a que se ha hecho más consciente, es decir, actúa más tiempo consciente y voluntariamente que antes que se dejaba llevar por la mente, por los deseos y por las emociones. Si antes actuaba mecánica e instintivamente, ahora intenta estar presente, como consciencia, para observar lo que ocurre en sus cuerpos y así usar la voluntad para su propio desarrollo; por consiguiente, se hace un observador de sí mismo.

Con el paso de los años, y si este aspirante persiste en esa acción, comprobará que el “truco” está en interiorizarse (en vez de querer cambiar las cosas de fuera) en ser una consciencia siempre en el presente y no en el pasado ni en el futuro, ocurriendo entonces que ni la mente está tan activa ni él se deja dominar tanto por los sentimientos y deseos. Esto significa que se está dando pie a que haya espacios de silencio mental entre unos pensamientos y otros (cuando nos observamos internamente y cuando estamos en el aquí y ahora como consciencia) pero también se está dejando de calificar y juzgar porque no se pone tanto interés en recordar algo que ha pasado o en pensar en hechos futuros. En definitiva, el ser se complace en vivir internamente y no en perder el tiempo en cosas y hechos que, además de no servir para nada, le hacen sufrir y perder la paz y el control de sus cuerpos sutiles. Cuando cualquiera de nosotros, como aspirantes, descubre esta nueva manera de actuar y la lleva a la práctica, percibe algo en su interior que hace que se sienta satisfecho con todo lo que hace puesto que actúa con su mejor voluntad y como “presencia consciente” en cada momento. Esto, a su vez, desarrolla un cambio interno que se refleja en lo externo hasta el punto de que las personas con las que tratamos lo perciben, siendo, por tanto, las relaciones más autenticas y profundas gracias a la paz interna alcanzada.

Sabemos que hay maldad en el mundo, y eso es un gran inconveniente para el progreso de la humanidad, sin embargo, no solemos darnos cuenta de que el mayor inconveniente  está dentro, y no fuera, de nosotros. Podríamos decir que vemos lo que pensamos y lo que somos puesto que lo externo está unido a lo interno por medio de la consciencia y de los sentidos. Son los sentidos (en cada presente o ahora) los que crean o presentan lo que vemos y con lo que nos relacionamos a la consciencia, otra cosa es que nosotros en ese momento estemos presente o, por el contrario, estemos dominados por otros aspectos de la personalidad (deseos, hechos pasados, malos pensamientos, etc.) Según lo que nos llegue del exterior puede generar diferentes reacciones en lo interior, bien sean buenas (amor, altruismo, cariño, amistad, etc.) o bien sean malas (envidia, resentimiento, crítica, odio, etc.) pero, tanto si genera felicidad como si genera sufrimiento, no cabe la menor duda que es un reflejo de lo que llevamos dentro; por tanto y como ejemplo, en este caso, estaríamos vibrando en sintonía con lo que estamos viendo o viviendo. Y mientras sigamos manteniendo esa vibración y no la reconozcamos y transformemos, seguirémos formando parte de ese mal externo. De aquí la necesidad de actuar en consciencia en cada segundo para poder observarnos, transformarnos y ayudar a cambiar  el mundo puesto que el mundo es un reflejo del estado de conciencia que tenemos.

Cuando observamos y vemos el mundo como un espejo donde se refleja lo que somos internamente y como consciencias, nos podemos dar cuenta de que el miedo, las inquietudes y todo lo que sentimos respecto al mundo es lo que llevamos con nosotros y lo que somos. Cuando vemos la negatividad del mundo que nos rodea y nos auto-observamos interiormente como consciencias para ver las nuestras y así poder transformarlas, podemos comprobar que nacen nuevos y más elevados sentimientos. Así vamos ascendiendo en consciencia, así elevamos nuestra escala de valores, y así conseguimos ser nosotros mismos como Yoes superiores los que actuamos en cada momento presente. Esto, además de hacernos progresar más rápidamente, nos ayuda a eliminar nuestro karma de una manera calmada y comprensiva y nos inclina a transformar la negatividad del mundo.

Un ejemplo de esto lo podemos ver cuando llevamos a la práctica las palabras de Cristo respecto a amar a nuestros enemigos, es decir, cuando nos imaginamos dando amor a alguien que odiamos, cuando le enviamos amor voluntaria y conscientemente o cuando le tratamos con amor, entonces, el odio desaparece y el enemigo también. Esto es lo que podríamos llamar “liberación” porque cuando nos liberamos de esta forma de toda la negatividad que tenemos internamente, comenzamos a ver el mundo de otra manera. Cuando vemos el mundo y actuamos en él dejándonos llevar por los sentidos, los deseos, las emociones y la mente incontrolada, en realidad estamos actuando desde la inconsciencia, solo siendo nosotros mismos (como consciencias en cada aquí y ahora) podemos ser conscientes de nuestra actuación interna y externa y así alcanzar ese mundo que verdaderamente deseamos.

Cuando vivimos (como la mayoría de las personas) “en” y “viendo” el mundo a través de los sentidos, de los deseos, de las emociones y de la mente, actuamos casi como autómatas identificados con las formas y con ese mundo dual e ilusorio que existe fuera de nosotros. Aclarémoslo, cuando el cuerpo físico muere los sentidos mueren pero nos quedan los sentimientos y la memoria de lo que ha sido el mundo físico, pero los sentimientos cambian según nuestra voluntad y uso de la mente, luego entonces y al igual que los sentidos estos también desaparecen. La mente la podemos dominar y usar o no dependiendo de nuestra voluntad, por tanto y sabiendo que podemos ser conscientes de todo ello, podemos comprender que la mente también desaparece y que está por debajo de la voluntad y de la conciencia. Así es que, lo mismo que ocurre al cabo de ciertos años después de la muerte, desaparecen todos esos aspectos personales y se queda solo la conciencia (ya no existe el mundo ni el cuerpo físico ni los deseos, ni los sentimientos ni los pensamientos) Así mismo podemos hacer en cada ahora o presente para ser conscientes de ese momento y circunstancias y de nada más (sin actuar según nuestro pasado, costumbres y automatismo)      

                                                 Francisco Nieto