miércoles 1 de febrero de 2012

EL HOMBRE, CENTRO ACTIVO DE FUERZAS Y ENERGÍAS (I)

El verdadero ser que llamamos “hombre” no es lo que vemos ni lo que la mayoría de las personas piensan, sino algo mucho más elevado cuyo origen es Dios. Lo que normalmente creemos ser se suele denominar en ocultismo “personalidad” y ésta está compuesta de un cuerpo físico, un cuerpo etérico o vital, un cuerpo de deseos o emocional y un cuerpo mental o mente razonadora. Esta es la manifestación del verdadero Ser o Espíritu en los tres mundos inferiores de los siete existentes (ver diagrama) pero, al igual que la personalidad se manifiesta en los tres mundos inferiores –físico, de deseos y del pensamiento– el Espíritu se manifiesta en los tres superiores a partir del propio mundo de Dios (ver diagrama) Este Espíritu, a imagen y semejanza de su creador, tiene tres aspectos que son Voluntad, Amor-Sabiduría e Inteligencia Activa, y estos tres aspectos se manifiestan como un Triple Espíritu reencarnante en la forma de lo que normalmente llamamos Ego, Yo superior o Alma. Por consiguiente, somos un Espíritu formado por tres aspectos o poderes divinos que en su manifestación y descenso hacia la materia, crea los vehículos o cuerpos que necesita para adquirir experiencias en los mundos inferiores y de las cuales se formará el Ego o Alma que, a su vez, también es triple.


ESPÍRITU: Espíritu Divino, Espíritu de vida y Espíritu Humano



ALMA: Alma Emocional, Alma Intelectual y Alma Consciente


PERSONALIDAD: Cuerpo de deseos, Cuerpo etérico y Cuerpo Fisico


La mente concreta o razón, aunque es parte de la personalidad, es el eslabón que une al Ego con esta última, estando el Ego en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento.

Los mundos son siete incluyendo el propio Mundo de Dios y cada uno de ellos está compuesto de “materia” o más bien energías, que van de lo más sutil o puras hasta la más densa o física donde nosotros evolucionamos conscientemente en la etapa actual. El mundo intermedio entre el mundo del Espíritu y el de la personalidad es el Mundo del Pensamiento, el cual se divide en dos regiones, una superior del pensamiento abstracto y una inferior del pensamiento concreto donde se forma nuestra mente. En la región abstracta se sitúa el Ego o Alma que, como un Yo superior, intenta guiar a la personalidad para extraer el mayor provecho posible en cada renacimiento y así formar la unión de ambas. Ahora no tenemos relación directa con el Espíritu pero en su momento, cuando tengamos la conciencia en el nivel del Ego, sí la tendremos y ya no necesitaremos renacer “en el mundo” físico. Así es que el Espíritu o Mónada es uno en su propio mundo pero con tres aspectos o poderes divinos. Este Espíritu se expresa como una tríada en cuyo tercer aspecto se sitúa actualmente el Alma o Ego, el cual se manifiesta o renace como personalidad con los tres cuerpos mencionados más la mente concreta que es la herramienta necesaria para gobernar dichos cuerpos. El ser humano cree ser lo que ve porque solo somos conscientes en el mundo físico y de nuestros cuerpos físicos, pero ya hay muchísimos seres que también lo son en los mundos superiores, lo que significa que la evolución nos llevará a ser conscientes primero en las regiones etéricas del mundo físico y después en los Mundos de Deseos y del Pensamiento. Nuestros vehículos o cuerpos de expresión, al igual que los mundos, están compuestos de la más sutil y pura “materia” a la más densa pero según vayamos evolucionando y purificando los mismos iremos situando la conciencia en los mundos superiores para no tener que renacer obligatoriamente en los inferiores.

Una vez hecha una pequeñísima introducción a lo que somos y respecto a dónde estamos, dado por hecho que los lectores comprenderán que estos mundos y cuerpos se compenetran mutuamente como ocurre con los estados que llamamos sólido, líquido, gaseoso, atómico y subatómico que hay en un simple trozo de hielo, pasaremos a detallar y a demostrar que nosotros somos un centro de fuerzas o energías dentro de otros superiores. Comenzaremos con el cuerpo y el mundo físico que son los más densos pero que no dejan de ser la expresión de una serie de fuerzas o energías superiores como lo son el deseo y la voluntad respecto a la acción. Decimos que el mundo físico se compone de tres estados de materia (sólido, líquido y gaseoso) sin embargo, hace ya algunos siglos que se hizo la Tabla Periódica donde se demuestra que todo está compuesto por átomos. Hoy la ciencia afirma que éstos están compuestos de otras partículas subatómicas y de otras aún más difíciles de detectar y analizar, por tanto, podemos llegar a una primera conclusión diciendo que el mundo físico solo es real para los sentidos y más concretamente porque los ojos solo perciben una escala o grados de vibraciones, lo que no ocurre con otras energías como, por ejemplo, la electricidad, el magnetismo o los rayos X. Si nuestra consciencia estuviera en el mundo de deseos o, por el contrario en un animal, no podríamos decir que tenemos un cuerpo físico o que habitamos en un mundo físico porque no lo veríamos ni seriamos conscientes de ellos. Es más, si no tuviéramos un cerebro alineado con nuestra mente –que nos hace conscientes– tampoco podríamos decir que el mundo y que el cuerpo son físicos. Nosotros somos conscientes y decimos que tenemos un cuerpo físico porque la mente recrea las imágenes que llegan al cerebro por medio de los ojos. Así es que, lo que llamamos cuerpo físico es el resultado de la combinación de partículas energéticas vibrando en el grado necesario para que lo perciban nuestros sentidos.

Por otro lado, la energía que mueve y da vida al cuerpo físico –el cuerpo etérico– es invisible a los ojos; los deseos y emociones que dominan el cuerpo físico –cuerpo de deseos– también son invisibles y más sutiles que la materia etérica; los pensamientos –cuerpo mental– son más sutiles aún que los deseos y las emociones y pueden gobernar a éstos; y la voluntad que representa al Ego, es más elevada, sutil y poderosa que todos los cuerpos pero puede dominarlas. Por consiguiente somos un conglomerado de energías entrelazadas que cumplen una función en cada renacimiento para que el Ego pueda evolucionar a través de la experiencia. El cuerpo no tiene conciencia propia como tal, si así fuera no perdería la consciencia por las noches mientras duerme, esto es así porque lo que llamamos consciencia procede del Mundo del Pensamiento, del Ego, y solo lo somos cuando la vibración de este Ego activa o compenetra el cuerpo físico que no deja de ser otro cuerpo vibracional de menor frecuencia que los superiores.

Cuando el Ego no está “dentro” del cuerpo físico no existimos como consciencia ni existe el mundo físico que nos rodea porque no recibimos las impresiones de los objetos, solo existimos como un yo cuando nuestra conciencia vibra en respuesta a lo que perciben los sentidos. El Ego o Yo superior es una conciencia que vibra a una determinada frecuencia en esas regiones abstractas del Mundo del Pensamiento, para él el mundo y el cuerpo físico no son materia física sino materia energética de determinado grado de vibración como también lo es el Mundo de Deseos con sus correspondientes grados vibracionales según las divisiones que contiene; es la consciencia de la personalidad a través del cerebro la que interpreta como que todo es materia física. De hecho, cuando el cuerpo físico muere, la consciencia sigue existiendo en esos mundos de energía en vibración –etérico, de deseos y mental– sintiéndose aún como un yo y viviendo rodeado de formas como las que nos rodean pero de materia etérica. La misma ciencia ha comprobado que la descomposición de los átomos que forman los cuerpos y las formas físicas son partículas que vibran y que pueden formar parte de un cuerpo en un momento dado y de otro al momento siguiente. Así es que, todas las formas físicas, incluyendo nuestro cuerpo, forman un mundo vibracional y energético gobernado por leyes divinas y de acuerdo a sus polaridades, relaciones de mundos, centros energéticos y de conciencia, etc.

Si la materia es en realidad energía vibracional y la imagen vibracional que captan los ojos para llevarla al cerebro también es una energía etérica que crea la imagen para que la perciba el Ego gracias a la mente, ¿Dónde está la materia física? Nuestro cuerpo físico es un campo de partículas atómicas y subatómicas en vibración que está compenetrado por el cuerpo etérico –cuatro éteres– cuyas partículas energéticas vibran a un grado superior para compenetrar los átomos y, a su vez, dar vida y mantener en buen estado de salud al cuerpo físico. El cuerpo de deseos o emocional está compuesto de otras partículas más sutiles –vibración más elevada– que compenetran a los cuerpos etéricos y físicos, y que son la base de los deseos, sentimientos y emociones que necesita el hombre como impulso para la acción –como ocurre con los animales– el cuerpo mental concreto o razón, compuesto de partículas muchos más sutiles aún que los otros cuerpos, compenetra a éstos en forma de “mente” para que se pueda razonar los impulsos del cuerpo emocional y para ser conscientes en el mundo físico gracias al cerebro y a los sentidos. Como podemos ver, de acuerdo a la vibración de la energía de cada cuerpo, ésta anima, influye y puede dominar a la inferior siempre que una vida divina o conciencia tenga poder sobre ella. Este es nuestro caso, la voluntad del Ego tiene poder sobre la mente, esta sobre los deseos, y éstos sobre el cuerpo físico animado por el cuerpo etérico.

Ahora bien, ¿Por qué la energía de nuestros cuerpos no se funde en el “caos” donde está el resto de energías que crean las formas y cuerpo de éste y de los otros mundos? La respuesta es “la frecuencia vibratoria” que cada cuerpo tiene según el átomo-simiente portador de todo lo que hemos sido y experimentado en el pasado. Cada cuerpo tiene un átomo-simiente que no se destruye después de cada renacimiento, en cada átomo-simiente se graban las experiencias para luego extraer la quintaesencia de las mismas y así evolucionar un poco más en cada vida. Cada átomo tiene una vibración determinada de acuerdo al desarrollo evolutivo que haya alcanzado el Ego, y es esa vibración la que, al descender la vida hacia un nuevo renacimiento atrae las partículas que estén en sintonía con su destino –desarrollo, posibilidades, tendencias, karmas maduros, etc.– para así formar sus cuerpos. A partir del átomo-simiente del cuerpo físico –unido al cuerpo etérico– se forma una imagen etérica del futuro cuerpo físico sobre la cual se verán atraídos los átomos para así crear las diferentes clases de materias –huesos, carne, cabellos, uñas, etc.– y, aunque el Ego hace algún trabajo en esto, lo cierto es que es ayudando por otros seres etéricos –cuerpos energéticos– que darán forma al cuerpo según sea su destino kármico.


Francisco Nieto

domingo 15 de enero de 2012

AL COMENZAR EL SENDERO (yII)








De cualquier forma y como se suele decir, de lo que se trata es de hacer una “limpieza” en nuestra casa, es decir, en la personalidad. Si queremos ser auxiliares de la humanidad debemos purificarnos a nosotros mismos para así manifestar un buen carecer lleno de sinceras y fraternales intenciones. Pero suele ocurrir en muchos casos que no queremos o no nos apetece analizarnos ni pensar en los defectos que tenemos, así es que muchas veces preferimos hacer “lo que podemos” con tal de no esforzarnos por ser mejores. Si lo enfocamos a través de nuestras responsabilidades y deberes cotidianos podríamos decir que ¿Si no cumplimos con nuestros deberes y responsabilidades físicas cómo vamos a cumplir los propósitos espirituales? Quien de verdad desee cambiar su vida y aspirar a una vida superior debe comenzar primero por hacer bien las pequeñas cosas cotidianas para así ser merecedor de otras obras más grandes. No hay que olvidar que es en el cumplimiento de nuestros deberes y responsabilidades diarias donde se desarrollan las virtudes que nos elevarán a las regiones espirituales; esta es la manera de olvidarnos de esa frase de “hago lo mejor que puedo.” No deberíamos olvidar aquello de que: “Cuando damos lo mejor de nosotros al mundo, nos es dado lo mejor del mundo.” Lo que lleva a preguntarnos. ¿Lo que estoy dando es verdaderamente útil y bueno como ayuda al prójimo? El hecho de auto-observarnos y analizarnos no debería cesar nunca si de verdad queremos espiritualizar el carácter y eliminar todos los defectos que nos hacen egoístamente materialista y muy poco altruistas y fraternales. No es suficiente con tener el propósito de ser mejores personas, hay que disciplinarse e intensificar la auto-observación y la purificación si de verdad queremos ser auxiliares de la humanidad y dar lo mejor de cada uno.

Cuando en momentos de meditación o en la retrospección, nos autoanalizamos nos damos cuenta de que con quien más cometemos errores es con las personas que cocemos y que tratamos, de hecho, pienso que una buena manera de comenzar la espiritualización del carácter es examinando detalladamente nuestro comportamiento con la sociedad. Algunos de los hechos que más nos afectan son las críticas y las opiniones de los demás, no nos damos cuenta de que nos afectan sólo en la medida en que le prestemos atención, lo que significa que si somos indiferentes a ellas no nos afectarán. Estamos más pendientes de las opiniones que digan sobre nosotros para, a continuación defendernos o atacar, que de las que hacen sobre otros y que sí deberíamos intentar disculpar o apaciguar; por tanto es muy aconsejable pensar en la impresión que podamos causar ante los demás en ese sentido. Por otro lado, ni debemos actuar falsamente para que hablen bien de nosotros ni debemos alegrarnos porque lo hagan con sinceridad porque crean tener motivos para ello; la humildad es uno de los estandartes del aspirante.

El aspirante debe saber que algún día –si persiste en sus propósitos– desarrollará ciertos poderes que le permitirán ver y oír por encima de lo normal, por eso debe comenzar desde ya a superar las críticas y opiniones en su contra. Digamos que el aspirante maduro no presta ninguna atención a esos hechos como tampoco lo hace a las adulaciones por sus buenas obras. Pero lo que sí hace éste es analizar las situaciones y darse cuenta de las deudas que se crean los que le critican y opinan del él malintencionadamente. Un aspirante avanzado lo es hasta tal punto que se entristece por el mal que esas personas le hacen, y como tal, toma la decisión de esforzarse más aún para que otros no caigan en la crítica malintencionada porque interpreten mal sus expresiones. Ese es el motivo principal por el cual el aspirante no debe tener dentro de él mismo ninguna semilla que pudiera dar pie a malas interpretaciones ni críticas. Lo primero, más fácil y más importante en los primeros pasos, es evitar toda clase de lenguaje o palabras que puedan ofender, juzgar, menospreciar o simplemente llamar la atención para que otros caigan en la tentación de hacer mal en pensamiento, palabra u obra. Aunque la situación lo requiera y nos obligue a opinar, no debemos ser motivo para que otros hagan el mal; si la opinión es siempre amistosa y con un sentimiento fraternal podremos estar seguros de que no afectará negativamente a nadie.

Una manera de ver todo esto es desde el punto de vista siguiente: Cuando un aspirante se identifica y se pone en el puesto de su interlocutor, por lo general, tiene mucho cuidado para no hacer mal ni dar mal ejemplo de ninguna de las maneras. Por eso, cuando este aspirante actúa como un individuo y sin identificarse con los demás, hiere y ofende a veces aun sin motivos. El hecho de identificarse con los demás e intentar sentir y pensar como ellos ya hace que la expresión sea benevolente en todos los sentidos, es más, se expresaran los más nobles y elevados sentimientos, deseos y sentimientos y no se suele ofender a nadie. El hombre no debe herir ni ofender con sus palabras ni hechos por eso lo más importante es hacer el autoanálisis de cada uno noche tras noche para ver cuándo, dónde y cómo podemos herir aun sin darnos cuenta de ello. Evidentemente, para dejar de hacer mal a los demás hay que comenzar a corregirse uno mismo por la palabra para luego pasar a los deseos, sentimientos y pensamientos, sin embargo, el aspirante maduro y experimentado sabe que la palabra hablada se origina como efecto de un deseo, sentimiento o pensamiento.

Cuando, tras un largo período de prueba, el aspirante serio decide intentar dar el paso definitivo que le podría llevar ante la presencia de un Maestro o Iniciado, comienza a considerar que la mayoría de los placeres de la vida terrenal no ayudan para el progreso y son una pérdida del tiempo. Este es el momento de desechar lo inferior con tal de alcanzar lo superior, y esto se hace más fácil cuando el aspirante percibe lo que es la vida superior, a partir de ahí, lo inferior va dejando de existir. Evidentemente, este abandono de lo inferior debe hacerse con firme propósito y fuerte voluntad porque si hoy se deja un vicio para cogerlo al cabo de unos días nunca se dará ni un solo paso en firme. El abandono de lo inferior debe hacerse con alegría y felicidad interna pero no con orgullo ni complejo de superioridad respecto a otros.

Dicen los que han recorrido parte del sendero de perfección que la evolución se acelera cuando la vida inferior se sacrifica en aras de la superior, es decir, cuando nosotros, como personalidad, nos sacrificamos para eliminar de nuestra vida toda expresión y todo comportamiento egoísta, materialista y animal. Entonces, más que perderse dicha vida se “renace” a otra superior donde nos identificamos cada vez más con el Alma. Cuando decimos “sacrificar la vida“ nos estamos refiriendo a eliminar de nuestra vida todo aquello que nos domine, nos atraiga innecesariamente, nos apegue a lo material o nos impida el propio progreso espiritual; es decir, todo lo que represente a la personalidad. Esta es la única manera de identificarse cada vez más con nuestro Yo superior y, a la vez, la gran prueba para saber si el supuesto aspirante maduro está preparado para entregar su vida –casi todo lo que representa la vida cotidiana– a cambio de “nada”, un “nada” que bien puede convertirse en discipulado de un Iniciado.

Francisco Nieto

lunes 2 de enero de 2012

AL COMENZAR EL SENDERO (I)







En mi opinión, se puede llamar aspirante espiritual a la persona que en un determinado momento de una determinada vida siente el despertar o impulso que le llevará a buscar medios que satisfagan su inquietud y su sed de desarrollo espiritual. Esta etapa que, tarde o temprano, todo ser humano debe experimentar, es la más difícil de superar y, por consiguiente, cuando más aspirantes fracasan. La explicación a esto es fácil puesto que de lo que se trata es de llevar a la práctica dicho impulso espiritual. Precisamente uno de los motivos por los que muchos fracasan es por tener prisa en obtener resultados sin saber que éstos tardan a veces incluso años dependiendo del esfuerzo, sacrificio y desarrollo que cada uno tenga. Las prisas llevan a eliminar de nuestra vida todo aquello que nos dicen que es incompatible –alcohol, tabaco, pasiones animales, críticas…– y todo se hace porque hay unos primeros síntomas de “vivir la vida” de otra forma, sin embargo, en estas primeras decisiones y acciones los resultados son más ilusorios y superficiales que los que se obtienen al cabo de unos años de persistencia. El simple hecho de sentir que despiertan ciertos ideales elevados, anima a acelerar el proceso y a tener más prisa sin saber aún que aguardan muchas y duras pruebas que superar.

Se leen muchos libros que otros aspirantes aconsejan, se acude a conferencias, se hacen cursos y se busca conocimiento en todos los sitios sin saber que lo que se busca está en el interior de cada uno y no fuera. Es cierto que todo esto trae resultados y que muchas cosas están así puestas en el destino de cada uno, pero no deja de ser una mera introducción a la vida superior. El entusiasmo, los amigos, los libros, etc., suelen, a veces, desviar al buscador terminando éste fuera de lo que verdaderamente debería buscar y trabajar. Así es que, la impaciencia y el hecho de no tener claro lo que es la verdadera vida espiritual son en muchos casos, motivo de fracaso o de desvíos del camino que, muy posiblemente, tenía predestinado antes de renacer. Cuando una persona desea aprender inglés y, guiándose por su entusiasmo y por su impaciencia, decide hacerlo con varios métodos a la vez, no sabe que está atrasando su aprendizaje, pues, está demostrado que se obtiene más ventaja cuando uno se concentra sobre un solo método que sobre varios a la vez. No se debe dejar el camino o pararse a contemplar las flores por muy atractivas que nos parezcan, una vez iniciado el sendero hay que tener persistencia, paciencia y unos ideales elevados que nos recuerden cuál es nuestra meta.

Es cierto que, normalmente, nos queda poco tiempo para dedicarnos a hacer ejercicios espirituales, sobre todo porque hay que dar prioridad a nuestras responsabilidades y deberes sociales y cotidianos, pero eso no significa que nos podamos desviar de nuestros propósitos espirituales diciendo aquello de que “todos los caminos llevan a Roma”. Cada uno de nosotros puede estar en el sendero cumpliendo sus obligaciones laborales y sociales por el sólo hecho de hacer las cosas con amor, como si fueran para Dios o con cualquier otro motivo que mantenga nuestra mente en lo más elevado de nuestro Ser. No es lo mismo no acordarse de los propósitos espirituales nada más que un rato cuando se llega a casa, que tener la consciencia en todo lo que hacemos pensando en Dios, en Cristo o simplemente en que deseamos de corazón hacernos instrumentos de Dios entre la gente que nos rodea. De nada servirá obtener mucho conocimiento si no se aplica y se lleva a la practica cada vez que se nos presente la ocasión; es necesario un recto pensar, un recto sentir y una recta actitud ante los demás para que el conocimiento nos aporte cierto desarrollo espiritual.

El aspirante espiritual debe saber que el verdadero desperar, la madurez que procede del Yo superior, no se adquiere en unos meses o en pocos años, ésta se adquiere tras un proceso lento de gestación y siguiendo un buen o eficaz método. Es importante y necesario que el aspirante obtenga conocimiento de los ejercicios más adecuados para acelerar su crecimiento, un ejemplo de ellos son: la concentración, la meditación, la oración, y la retrospección que aconseja Max Heindel en el “Concepto Rosacruz del Cosmos.” Si a esto añadimos la oración, la adoración y la contemplación y, a la vez, se intenta servir con amor y altruismo al prójimo, no hará duda de que pronto se notará cierta espiritualización del carácter. A los que tienen mucha prisa les parecerá un proceso largo y lento, sin embargo, es el más seguro y rápido, y cuando se asiente en el carácter como base para vivir la vida será muy difícil que el aspirante se desvíe del camino y de sus ideales.

Cuando el aspirante a la vida superior lleva a la práctica sus primeras decisiones le parece que todo sale a pedir de boca, cuando se quita de sus vicios más comunes se alegra, lo ve todo fácil y observa que sus relaciones con los demás mejoran. Esto es similar al hecho de que cuando un negocio es rentable el dueño es feliz y siente el apoyo y el afecto de quienes le rodean; pero cuando cambia su suerte también cambian dichos apoyos y afectos quedándose así sólo ante los obstáculos. Es en estas pruebas que surgen, sobre todo, al principio, cuando el aspirante tiene que demostrar su firmeza de propósito y decidir si de verdad desea alcanzar esa vida superior o, por el contrario, se deja llevar por el desaliento y el fracaso. Son muchos los casos de aspirantes en que se toma la vía de menor resistencia y se dejan derrotar por los problemas aún entiendo algún buen consejero cerca. La firmeza en el propósito y la persistencia son dos virtudes que siempre deben estar presentes en el aspirante, sin embargo, eso de poco sirve si no se tiene un ideal elevado, una luz que ilumine las sinceras intenciones, y ese ideal debe ser “vivir una vida altruista y de servicio amoroso a los demás.”

Cuando un aspirante lleva a la práctica con éxito estos ideales durante largo tiempo, es porque sus aspiraciones espirituales están siempre presentes en su mente y en sus intenciones. Este aspirante puede tener problemas como todo el mundo y puede ser criticado, juzgado y ofendido, pero no permitirá que los problemas ni las desdichas le derroten porque sabe que se está quitando deudas kármicas del destino y que está aprendiendo nuevas lecciones en este renacimiento. Y es que, si de verdad se quiere ser fiel a un ideal elevado, hay que ser constante en mantener una disciplina mental, emocional y física. Cuando se actúa de cuerdo a unos principios espirituales y cuando se hace frente a los problemas aun poniendo en peligro la paz y el equilibrio interno, entonces se hacen grandes progresos y se aprende mucho de los propios errores. Cuando huimos de los problemas e inconvenientes o permitimos que éstos nos desvíen de nuestras intenciones e ideales, lo que estamos haciendo es acomodarnos para vivir una vida fácil y sin esfuerzos que rebajará en gran medida nuestra voluntad. Entonces, dicho aspirante esta retrasando el pago de sus deudas y el progreso “programado” en esa vida; de ahí que el firme propósito de alcanzar ciertos ideales espirituales no deben debilitarse jamás.

También suele ser común al principio, que el aspirante exponga una serie de propósitos que hagan que sea causa de halago por parte de otros, pero esos propósitos o intenciones se quedarán sólo en palabras o pensamientos si no son acompañadas de una persistente práctica en la vida diaria. Nada que valga la pena puede alcanzarse física o espiritualmente si no hay un propósito basado en un elevado ideal, y para alcanzarlo es importante: primero que no se tenga en cuenta la oposición que pueda haber; y segundo que haya el valor necesario y la firme intención que se necesita. Estos dos aspectos traerán convencimiento moral y espiritual de que ese cambio es para bien. Todas las innovaciones en la vida, y más aún en lo personal, cuestan y necesitan un firme propósito y una persistente voluntad para poder imponerse sobre lo que está arraigado como hábito o costumbre. No es fácil nadar contra la corriente pero según avanzamos espiritualmente en la vida nos damos cuenta de que merece la pena esforzarse y sacrificarse por ser mejor.






Francisco Nieto

sábado 17 de diciembre de 2011

EL ASPIRANTE ESPIRITUAL Y EL SENDERO DE PERCEPCIÓN (y II)



Lo mismo que alguien puede utilizar la posición del Sol o de la Estrella Polar como “medio” para llegar a una meta, así el aspirante espiritual debe llevar a la práctica sus ideales elevados para alcanzar su posible meta espiritual predestinada desde antes de nacer. El aspirante debe comprender que no se puede hacer un Maestro o Iniciado por el esfuerzo de una sola vida y por eso no se debe dejar llevar por la ilusión, la imaginación o los deseos irrazonados, debe poner los pies en el suelo y razonar hasta comprender que las prisas no son buenas y sólo traen inconvenientes. Se trata de tomar las riendas del destino y afrontar cada día como un paso más para llegar a la meta de la perfección; así se avanzará más lentamente pero se darán pasos más seguros. Son las aspiraciones y los ideales elevados los que deben guiar los esfuerzos, a la vez que se actúa con paciencia, responsabilidad y persistencia. El desarrollo espiritual es un proceso interno pero se debe alcanzar en el mundo físico y a través del cuerpo físico y sus limitaciones. Según se va desarrollando el espíritu interno se va adquiriendo poder espiritual pero nunca hay que abandonar las aspiraciones ni la práctica de los ideales elevados.

Como hemos dicho, el aspirante espiritual debe tener su consciencia sobre sí mismo para no hacer daño a nadie ni a nada y para ser un amoroso servidor de Dios y del mundo. Pero eso no es todo, él está –como suele ocurrir por lo general– en esa Escuela porque pertenece al mismo “Rayo” o “Aspecto Divino” que representa la Escuela y, por tanto, él también se debe a la misma. Eso no significa que deba pagar una cuota a esa Escuela por sus estudios, una verdadera escuela no exige dinero a sus miembros, sin embargo, sí hay otras formas de colaborar además de los donativos que “en conciencia” se puedan dar. Las Escuelas Iniciáticas están dirigidas desde los planos internos por Iniciados normalmente llamados Hermanos Mayores. Éstos trabajan y se sacrifican desde los planos internos por facilitar los medios espirituales necesarios a la humanidad a la vez que imitan a Cristo respecto “curar al enfermo” y a “sufrir por los pecados del mundo” para transformar el mal en bien. Ellos facilitan las épocas y oportunidades para que los aspirantes y todo aquel que esté en sintonía las aproveche y utilice para su propio desarrollo; y ellos son los que eligen a aquel que se esfuerza por responder a sus intenciones para facilitarle una expansión de conciencia.

El aspirante debe ser consciente de que esos iniciados ponen gran empeño en evitar que el hombre caiga en la maldad y en el materialismo y por eso facilitan los medios para que la humanidad encuentre una atmósfera de paz y armonía. De aquí que el aspirante también ponga empeño en identificarse con esas vibraciones y en llevar a la práctica los preceptos de la escuela para que su paz y armonía interna sea manifestadas externamente en su hogar, en su trabajo y en el mundo El aspirante debe conocerse a sí mismo, autoobservarse y meditar sobre sus cualidades y sus defectos para luego poner manos a la obra en la purificación de sus vehículos. Su cuerpo físico solo debería ser vehículo de buenas acciones; su cuerpo emocional o de deseos, solo debería desear y expresar sentimientos o emociones de naturaleza espiritual y nunca en contra de nadie; su mente debería estar controlada por la voluntad para que solo piense en la manera de seguir el sendero de perfección y de ser útil al prójimo; y su voluntad siempre debe ser la representación de la voluntad de Dios o imitadora de la obra de Cristo. Todo aspirante puede hacer eso y no debe tener al fracaso porque cuando uno trabaja y se esfuerza por hacer esa labor espiritual, esta acompañado por las fuerzas espirituales que colaboran con nosotros para que cumplamos con nuestro plan evolutivo cuanto antes y de la mejor manera.

El aspirante espiritual que cumple con los preceptos y que se esfuerza por ayudar a la humanidad nunca está sólo, siempre tendrá a algún auxiliar, iniciado o Ángel ayudándole a alcanzar sus propósitos y, por tanto, si las fuerzas espirituales están con él ¿Quién puede estar en su contra? Por otro lado y puesto que él se ha beneficiado de la Escuela por medio de los conocimientos adquiridos, debe saber que lo que se recibe gratis debe darse gratis o devolverse altruista y amorosamente en forma de donativo a la humanidad. El conocimiento se puede dar a otros de igual forma que se recibió pero el beneficio y adelanto espiritual obtenido gracias a ese conocimiento debe ser compartido con el prójimo con la mejor voluntad y entusiasmo. Estamos aquí para progresar espiritualmente y quien no se esfuerza no será considerado como un digno siervo de los Maestros y no se capacitará para identificarse con las vibraciones que le pueden llevar a alcanzar la iniciación.

Pero esto, en un aspirante primerizo es menos grave, lo grave es cuando uno es probacionista o discípulo de un Maestro y no cumple o se desvía del sendero; entonces, éstos son falsos y se engañan ellos mismos ya que el Hermanos Mayor o Maestro lo observa y sabe todo de él. Así es que, el verdadero aspirante debería preguntarse de vez en cuando ¿Qué uso estoy haciendo de lo que he aprendido y de mi desarrollo espiritual? ¿Cumplo mis obligaciones espirituales de la escuela? ¿Qué clase de ejemplo estoy dando a los demás? ¿Actúo más bajo la dirección del Espíritu o de la personalidad egoísta y materialista? ¿Me esfuerzo a diario lo suficiente como para continuar progresando? Deberíamos recordar todos que el ejemplo vale más que mil palabras y que, por tanto, ese debería ser el motivo de más esfuerzo, de hecho, es muy beneficioso para el estudiante que sabe que en las navidades desciende el rayo de Cristo, comprometerse de nuevo para que en el año venidero pueda alcanzar nuevas metas gracias a su sincero y amoroso esfuerzo en el servicio.

Estamos en unos tiempos que aportan cierta elevación de conciencia a quienes están en la frecuencia de esta nueva filosofía de vida que procede de los mundos superiores, algunos ya están tan identificados que están haciendo una gran labor gracias a sus libros y conferencias y, como consecuencia de ello, los que aspiramos a continuar esforzándonos en el camino de perfección, deberíamos seguir su ejemplo y llevar a la práctica las enseñanzas recibidas. Lo mismo que somos libres de actuar bien o mal o de decidir si hacer lo correcto o lo incorrecto, también tenemos el libre albedrío para decidir si compartimos todo lo bueno que hemos recibido para hacer un mundo mejor o no. Si nos decidimos por lo más lógico y correcto podemos tener la seguridad de que contarán con nosotros para ser colaboradores de los iniciados que dirigen los destinos de la humanidad. Ahora cabe preguntarse ¿Estamos dispuestos para hacer los sacrificios necesarios? ¿Nos sentimos capacitados para vivir la vida espiritual y para ayudar al prójimo allá donde podamos y nos encontremos? ¿Estamos viviendo los preceptos y estamos dando el ejemplo que requiere el hecho de ser un colaborador en la obra de Dios.

Cada uno de los aspirantes del mundo es un elemento importante para que fluyan las vibraciones espirituales y el amor de Dios sobre la atmósfera terrestre, y cada uno de ellos debe ser consciente de ello en todo momento para llevar a cabo la labor de auxiliar de los guías de la humanidad. Es dando como se recibe, pero para llenar un vaso debe estar vacío, por tanto, hay que vaciar nuestro amor, nuestra compasión y nuestra fraternidad sobre los demás para poder recibir lo que merezcamos. Sin embargo, no debemos dar con la intención de recibir sino con la intención de ser instrumentos de Dios en la Tierra, es decir, con la intención de darnos a nosotros mismos.

Francisco Nieto

miércoles 30 de noviembre de 2011

EL ASPIRANTE ESPIRITUAL Y EL SENDERO DE PERFECCIÓN (I)




Estamos aproximándonos al solsticio de invierno lo que, para algunos aspirantes espirituales –como por ejemplo los estudiantes y probacionistas de la Fraternidad Rosacruz– significa el místico y simbólico renacimiento del Cristo en el corazón de nuestro planeta. Este hecho ocurre en los tres días siguientes a la noche de navidad y trae consigo un nuevo impulso de vida y espiritualidad al planeta pero, como ocurre con la luz respecto al ciego, quien no tenga los medios para percibirlo —quien no esté en sintonía vibracional— poco consciente será de ello. Podríamos hacer tres distinciones dentro del desarrollo del ser humano actual:

1º.- Los que viven pensando solo en ellos dedicando su vida al materialismo y a la satisfacción de sus placeres.
2º.- Los que, como se suele decir, son buenas personas y se interesan tanto por ellos mismos como por los demás haciendo algún bien allá donde pueden.
3º.- Los que, siendo como la clase anterior, han obtenido un despertar hacia la vida espiritual por medio del conocimiento oculto y ponen empeño en ser cada día mejores y amorosos servidores de la humanidad.

Según lo dicho, se considera aspirante espiritual al de la tercera clase y dentro de ésta me voy a referir más concretamente a los que están conectados a una escuela iniciática como, por ejemplo, la Fraternidad Rosacruz Max Heindel.

El proceso evolutivo que la humanidad está efectuando principalmente a través de las leyes de Renacimiento y Consecuencia, guía al ser humano desde el estado primitivo hasta la etapa actual –donde algunos despiertan en algún grado un nuevo estado de conciencia– y desde ésta hacia una nueva e inmediata etapa –acuariana– donde el común de la humanidad tendrá que esforzarse para adaptarse a los nuevos cambios. Los aspirantes que han despertado a un grado superior de conciencia y están conectados a una Escuela por medio de su Rayo Individual están divididos, a su vez, en diferentes grados que van desde el simple estudiante de filosofía oculta hasta el que, gracias a su esfuerzo y sacrificio, ha desarrollado los poderes del Espíritu y ya no necesita renacer. Los aspirantes normalmente llamados “probacionistas” están obligados a ser disciplinados y a hacer méritos –entre otras cosas– para cumplir seria y responsablemente con su compromiso ante el Maestro. Compromiso que no siempre se cumple porque, con el paso del tiempo cunde el desánimo en el aspirante y deja de esforzarse por cumplir sus deberes y por servir amorosamente a los demás.

Por lo general, estas personas llegan a contactar con estas escuelas por méritos propios de otras vidas, lo que significa que están preparados para comprender nuevos conocimientos y para llevar a cabo nuevas técnicas de desarrollo espiritual que otros no serían capaces de comprender ni de practicar. Nada es dado en este universo que no se merezca y cuando estas escuelas facilitan la manera de progresar espiritualmente en esta vida y conocimientos que ayudan en gran manera en el estado post-morten, es porque la persona se merece esa nueva oportunidad. Cuando el aspirante pierde la ilusión y sus ideales elevados casi se olvidan –caídas que suelen ocurrir a menudo– se desconectan de los Maestros e Iniciados, lo que significa que ya no reciben esa ayuda en los planos invisibles. Los Hermanos Mayores, Iniciados o Maestros sólo ayudan a los que responsablemente cumplen sus obligaciones como aspirantes a la vez que cumplen con el mandado bíblico de “servir amorosamente al prójimo”.

Si no hay esfuerzo y mérito no puede haber privilegios, si no se es fiel cumplidor en las cosas pequeñas, no se puede esperar que sea considerado digno de una enseñanza o ayuda espiritual por parte del Maestro. Por tanto, lo primero que debe tener un aspirante espiritual de esta clase es disciplina para crearse nuevos hábitos en el cumplimiento de sus deberes ante el Maestro y ante la humanidad. Se trata de interiorizar la Ley, los conocimientos profundos de la Escuela iniciática, la Verdad, entonces y si se es disciplinado, surgirá la responsabilidad y una nueva forma de vida basada en la libertad. Mientras no se apliquen los principios espirituales y las enseñanzas de la escuela en cada una de nuestras formas de expresión –acciones, palabras, sentimientos y pensamientos– el aspirante sufrirá los efectos de sus actos en cualquier momento y circunstancia de su vida.

El aspirante espiritual que conecta con una Escuela esotérica e iniciática y desea acelerar su desarrollo espiritual en esta misma vida, debe someterse a un “entrenamiento esotérico y espiritual”. Este entrenamiento tiene como meta:

1º.- Hacer consciente al aspirante de las leyes divinas que gobiernan toda forma de expresión del ser humano y todo el proceso post-morten.
2º.- Darle los necesarios estímulos y ayudas para que sea un colaborador de Cristo en la Tierra por medio de una serie de motivos que le mantendrán atento para ayudar y servir al prójimo allá donde se encuentre.
3º.- Ayudarle a expandir su conciencia gracias al conocimiento y a los servicios y trabajos espirituales.
4º.- Facilitarle los medios necesarios para emanciparse de las ataduras del mundo y de la carne y para no depender de nadie.
5º.- Enseñarle que cada persona es un Espíritu en evolución que se expresa a través de varios y diferentes cuerpos pero que es la voluntad la que debe ser utilizada y puesta al servicio del bien para que dichos cuerpos sólo expresen la voluntad de Dios.

Esto, como es natural, libera al aspirante de muchas ataduras; hace que se vea más capacitado para actuar por sí mismo sin apoyo o directrices de nadie; facilita mayor autocontrol; ayuda a resolver muchas de las dudas y problemas que surgen en la vida; se desarrolla un alto grado de confianza propia, lo que da más liberad para actuar con voluntad. Sin embargo, el aspirante debe tener claro que los dones espirituales no se dan a los indignos y que los negligentes e irresponsables tampoco obtendrán los mismos resultados porque, aún siendo probacionistas, no pueden esperar nada si no se lo ha ganado.

El aspirante espiritual o probacionista, no solo tiene la obligación de esforzarse y sacrificarse por su propio desarrollo espiritual cumpliendo sus obligaciones como tal, sino que también debe colaborar con el progreso espiritual de la humanidad allá donde pueda. La paz en el mundo, la pobreza, el cuidado del cuerpo físico, el medio ambiente y la elevación de la sociedad en general deben estar presentes en la consciencia del aspirante. Un sincero aspirante no puede poner excusas y decir que no tiene tiempo ni ningún medio para ayudar o colaborar de alguna manera en todos estos aspectos; no debe pensar que sólo las cosas más notables o grandes son importantes, hay que comenzar por hacer las cosas pequeñas que es donde se suele fallar más a menudo. Son las palabras bondadosas, los apoyos personales y ayudas desinteresadas, las sonrisas y simpatías a quienes nos rodean, los actos amorosos hacia el prójimo, etc., lo que nos hace progresar espiritualmente en la vida cotidiana.

A veces los aspirantes ceden a las tentaciones de antiguos malos hábitos y se afligen hasta el punto de plantearse el abandono de ese compromiso con la Escuela y con el Maestro. Su fuerza espiritual se debilita entonces y dejan de hacer sus obligaciones viéndose así incapaces de vivir sus elevados ideales tal como lo hacían antes. Es muy necesario en estos casos volver a retomar la perspectiva y fortalecer los ideales a través de una correcta meditación sobre los diferentes aspectos de la vida que les ha llevado hasta ese punto y sobre las circunstancias en las que se encuentran. Por esta razón es tan importante la repetición que algunas escuelas como la rosacruz aconsejan. La repetición diaria de una autoprogramación sobre cómo afrontar el día llevando a la práctica sus ideales, hace que cuando llegue el momento de actuar como se ha programado, se responda condicha actitud. La repetición de una pequeña oración a Dios o a Cristo expresada de vez en cuando a lo largo del día, hace que la conciencia esté en los planos espirituales y que se sienta paz y amor. La repetición de dar gracias a Dios por todo lo que se tiene y al prójimo siempre que se necesario, hace a la persona humilde y servicial. La repetición de lecturas o de meditaciones espirituales predispone para ser verdaderos hermanos y fraternales servidores de los demás. La repetición de la retrospección nocturna –ver detalladamente y en sentido inverso todo lo que se ha hecho a lo largo del día– hace que reconozcamos nuestros errores, debilidades y defectos y da la oportunidad de proponerse y fortalecerse para superarlos. La repetición de “recordarse a sí mismo” como observador de sus expresiones personales –palabras, sentimientos, hechos…– facilita el medio para “darse cuenta” antes y rectificar. La repetición o persistencia para imponer la voluntad sobre la mente para que no piense nada más que cuándo y cómo uno quiera, hace más libre al aspirante.

A veces es conveniente incluso replantearse si no convendría hacer lo mismo que se hizo cuando el aspirante descubrió la escuela o las enseñanzas que le hicieron cambiar tan drásticamente. Suele ocurrir que cuando una persona busca un aliciente o estímulo espiritual porque siente que su vida es monótona a la vez que necesita “algo superior”, es decir, cuando algo interno despierta, la persona se esfuerza y sacrifica tiempo, dinero y otras cosas porque se deja llevar por la emoción. Entonces se hace impaciente, hace cambios en su vida que ni siquiera se le piden, dejan de relacionarse con amigos, gastan dinero sin razonar tanto si es necesario como si no, algunos llegan hasta abandonar su trabajo, transforman su vida y pierden el sentido de sus deberes y obligaciones, y por todo por la causa del Espíritu. Pero tarde o temprano pasan esos estados emocionales y se comienza a razonar comprendiendo que esos hechos no son necesarios y que incluso se ha podido causar dolor a determinadas personas. De ahí que el discernimiento sea tan necesario en la vida del aspirante espiritual, no son los fines lo más importantes sino los medios, la pureza el servicio amoroso y desinteresado al prójimo, la fraternidad, etc. representan el sendero que ha de seguir.




Francisco Nieto




domingo 13 de noviembre de 2011

LA PERCEPCIÓN DEL MUNDO FÍSICO A TRAVÉS DEL CEREBRO




Pocas personas se preguntan ¿Cuál es el mecanismo que hace que yo me identifique como tal y que, a la vez, me vea en el mundo sin pertenecer a él? Lo que llamamos “percepción del mundo físico” no es otra cosa que la información que recibe el cerebro por medio de los sentidos, pero cuando nos identificamos como un Yo ante ello y lo razonamos, lo hacemos por medio de la mente. Por lo general, solo percibimos siete frecuencias de luz que se relacionan con los colores del arcoíris, esto es, los terminales nerviosos de la retina reciben la frecuencia de luz relacionada con el color del objeto percibido. De lo que vemos surge el sentimiento, deseo o emoción y de éstos surge el pensamiento basado en otras experiencias del pasado.

Así es que, nuestros conceptos, pensamientos conocimientos y análisis están basados en lo que llega al cerebro y que es captado por la mente. Razonando esto profundamente con la propia mente nos podemos dar cuenta de que tales objetos o mundo físico no existen puesto que lo que percibimos con la mente (que tampoco es física) son vibraciones de diferentes frecuencias. Por tanto, lo que llega a nosotros como si existiera real y verdaderamente fuera de nosotros, (en el mundo físico) llega según las condiciones necesarias como son la luz y el color, puesto que si no hay luz, no existe para nosotros el mundo físico; de ahí que en esoterismo se diga que no hay que tenerle apego.

Cuando nos reconocemos como observadores del mundo físico por medio del enfoque de la mente sobre el mismo, llegamos a comprender que todo lo que está por debajo de nuestra mente (incluida ella misma y el cuerpo físico) es no-yo; es energía condensada o manifestada gracias a la combinación y vibración de las partículas atómicas y subatómicas. Así es que, cuando decimos “Yo” pensando en el cuerpo físico estamos hablando de una imagen en el cerebro percibida por la mente, que es desde donde en realidad “vemos”. Pero unidas a esa imagen están las sensaciones producidas por lo que ocurre en el mundo físico sobre ese no-yo y que nosotros analizamos, observamos y guardamos como experiencias. Ni las sensaciones ni el cuerpo físico con su cerebro pueden pensar puesto que el cerebro es como un ordenador y no la mente; como ésta tampoco es el verdadero observador y experimentador del mundo físico. El cuerpo físico es el medio por el cual nosotros podemos percibir, experimentar y evolucionar en el mundo físico, pero cuando el cuerpo físico muere, los deseos, sentimientos y la mente siguen existiendo junto al Yo, con la diferencia de que éste enfoca su mente en el mundo de los muertos comúnmente llamado Purgatorio y Cielo o Mundo de Deseos o Emocional.

Lo cierto es que si no tuviéramos sentidos no tendríamos conocimiento de que existe un mundo físico, es más, si desde hace ya millones de años no hubiéramos adquirido la autoconciencia que nos distingue de los reinos que nos siguen en la evolución, no seríamos ni siquiera conscientes de que somos un Yo que percibe el mundo gracias a los sentidos del cuerpo físico. El cerebro, como receptor de los impulsos eléctricos que recibe de los sentidos, nos permite identificar los objetos que nos rodean porque desde que nacemos, comenzamos a conocerlos con determinado nombre, sin embargo, para los sentidos no son nada más que vibraciones que representan una imagen. De esta forma, llegamos a la conclusión de que lo que percibimos en el cerebro es nuestra propia interpretación de acuerdo a lo que tenemos guardado en la memoria desde que nacemos.

El hecho, pues, de ser un Yo observador y de ser conscientes del mundo físico es lo que ha hecho que centremos la consciencia en todo lo que nos rodea sin darnos cuenta que el mundo de nuestro verdadero Yo no es éste. Este mundo es la manifestación necesaria de fuerzas y energías invisibles para que nosotros podamos evolucionar desde la no-consciencia a la consciencia actual, pero en un futuro, cuando no necesitemos cuerpo físico y por tanto no tengamos sentidos, nuestra consciencia estará en lo que hoy llamamos el mundo de los sueños, que es similar a donde tienen la conciencia los animales pero esto será como un Yo y con la experiencia y conciencia adquirida en la presente etapa.

La mente está recibiendo constantemente la información procedente del cerebro y de los sentidos, parece como si el cerebro tuviera empeño en que estemos en contacto permanente con el mundo físico, intenta que creamos que todo es real y que está bajo control y para ello nos envía incluso imágenes ficticias, tanto inconscientemente como por medio de la imaginación; sin embargo, todo lo hace por la supervivencia del ser humano. Lo cierto es que el mundo que nos hace ver la mente no es real, como cualquier físico moderno sabe y puede afirmar. Vivimos en un mundo construido por y en el cerebro gracias a la información que le llega de los sentidos y que la mente capta gracias a éste, es más, la materia que “vemos” son átomos en actividad de movimiento y vibración según su naturaleza y combinación entre ellos. Todo lo que llega al cerebro se cataloga como patrones de impulsos nervioso que cambian la estructura cerebral día tras día según la información recibida; esto es la memoria temporal que después se convierte en la memoria de la vida. El cerebro no distingue entre lo que tiene guardado de otras impresiones anteriores y la información que le llega y que actúa sobre él como una tormenta eléctrica porque él no es la mente y, por tanto, no piensa.

Los deseos, sentimientos, pensamientos, etc., están conectados en la red neuronal en forma de modelos o patrones y éstos van cambiando según se agregan las nuevas experiencias, pero esto ocurre en el cerebro y no en la memoria consciente o inconsciente puesto que de las experiencias guardadas ahí tiene que extraer el Ego el beneficio que le hará progresar renacimiento tras renacimiento. Los sentidos nos cuentan cómo es el mundo externo y cómo son las personas, esto a su vez, afecta y cambia las áreas del cerebro al relacionarse con la información guardada, y es la repetición de deseos, sentimientos y pensamientos los que se fortalecen, reintegran y conectan cada vez más hasta formar un determinado carácter. El cerero compara lo que recibe con lo que tiene guardado, elucubra, ordena, guarda y hace muchas cosas para que tengamos una vida ordenada y lógica pero, en realidad ¿quién hace esto si es el pensamiento el que transforma el cerebro? Sí, el pensamiento modela el cerebro pero no solo se queda ahí, porque como todos sabemos, también modela la expresión y la fisonomía de cada persona llegando a la conclusión de que expresamos y somos lo que pensamos. ¿Quién utiliza el pensamiento y cómo afecta y altera las áreas del cerebro? ¿Quién selecciona los pensamientos que con su repetición terminará formando el carácter? Aquí es donde hay que diferenciar las reacciones inconscientes y las respuestas automáticas de la mente sin control ─el no-yo─ de las respuestas razonadas por la voluntad del verdadero Yo que no es el cerebro ni tampoco la mente. Cuando somos conscientes de estas verdades podemos gobernar nuestros vehículos y llevarlos a la perfección en mucho menor tiempo que la mayoría de las personas que no se esfuerzan ni se preocupan por su desarrollo espiritual.

Francisco Nieto

viernes 28 de octubre de 2011

AFRONTANDO UNA NUEVA ETAPA







A quienes, en esta vida, les ha llegado el gran momento de adquirir un nuevo conocimiento que les ayude a cambiar sus vidas y, por tanto, sus destinos, es posible que ese hecho les parezca algo maravilloso, fascinante o increíble. El conocimiento al que me estoy refiriendo es al esotérico aunque, como es obvio, un cambio interno o de conciencia también nos puede venir por otras fuentes. Suele ocurrir que las personas que ya han estado en contacto con esas enseñanzas en otras vidas anteriores, vuelvan a contactar con ellas con el fin de adquirir o prepararse para la iniciación, si es que se lo merece y en su anterior vida no se desvió hacia el lado negativo o de la magia negra. Puede ocurrir que se dediquen durante años a ir de conferencia en conferencia, de “maestro” a “maestro”, de escuela en escuela, y entre tanto leer un montón de libros de muy variados autores. Evidentemente algo aprenderán, tanto en conocimientos ocultos como en otros de auto-ayuda y espiritualidad, pero si no lo aplican a sus vidas poco adelantarán respecto a lo previsto en sus destinos. Son pocos los que se centran en un solo lugar o escuela, pero los que lo hacen extraerán mucho más beneficio que los que andan de un lado para otros, y de éstos “pocos” son menos aún los que se inscriben y pertenecen a una escuela iniciática donde poder continuar en esta vida.

En los muchos años que llevo en el mundo del ocultismo he conocido —a través de su literatura— tres escuelas que me han enseñando mucho y que, por tanto, me han sido muy útiles tanto para adquirir conocimientos como para mi propio desarrollo espiritual. Hay otras escuelas, como es natural, pero para mí son de menor importancia en todos los sentidos, por tanto, escuelas de ocultismo muy reconocidas desde hace un siglo hay tres y son las siguientes: La Fraternidad Rosacruz de Max Heindel —escuela iniciática—; la Escuela Arcana de Alice Bailey; y la Sociedad Teosófica de Mme. Blavatsky. La escuela Arcana y la Teosófica son escuelas cuyas enseñanzas proceden de oriente y fueron dadas por unos Maestros iniciados muy conocidos por su relación con ese lugar misterioso llamado Shamballa. La Fraternidad Rosacruz es una Escuela para occidente cuya enseñanza procede de los más grandes iniciados de la Tierra, por tanto, su filosofía es más fácil de entender y asimilar que las otras de tipo oriental. Las primeras ayudan a cualquier persona que “busque” y se esfuerce por progresar espiritualmente en esta vida y sean del continente que sean; sin embargo la Rosacruz es una escuela para los aspirantes espirituales de occidente. La iniciación se puede alcanzar por diferentes caminos, y las enseñanzas ocultas de estas escuelas es uno de ellos, sin embargo, lo mismo que es mejor pertenecer y centrarse en una escuela que andar buscando de un sitio para otro, también es mejor pertenecer a una escuela iniciática occidental que a otras cuyos lenguajes son a veces imposibles de comprender y de traducir. Esto no significa que esas escuelas sean peores que la Rosacruz, lo que digo es que la Rosacruz es diferente porque tiene una formación que va desde los primeros pasos como un simple estudiante hasta la preparación adecuada y necesaria para alcanzar las correspondientes iniciaciones según el esfuerzo y sacrificio que el aspirante espiritual haga.

La iniciación es un despertar y una elevación de la conciencia como efecto del poder espiritual adquirido en una o varias vidas, por tanto, nadie la puede conceder a cambio de favores, dinero, ni nada parecido. Ésta debe ser merecida gracias al amoroso y desinteresado servicio a la humanidad y por otros ideales elevados llevados a la práctica, normalmente, en varias vidas. Así es que, generalizando, quien contacta con una de estas escuelas, no sólo trae ya un gran bagaje de otras vidas sino que, además, debe continuar ese trabajo de una manera persistente y precisa a la vez que despacio pero sin pausa. Estudiante de ellas puede ser cualquiera porque tienen centros donde imparten sus enseñanzas y hacen sus servicios ocultos y devocionales o bien lo pueden hacer por correspondencia. Pero el primer paso serio e importante es el llamado “probacionismo” que es cuando la persona interesada se compromete seriamente a trabajar por su Espíritu; este paso es previo al de discipulado cuando, como la palabra indica, se es discípulo de un Maestro. Por consiguiente, el que desea hacerse voluntariamente probacionista debe tener claro que debe respetar y cumplir las normas y hacer los ejercicios y servicios que la escuela tiene para acelerar su desarrollo espiritual. Naturalmente que, cuanto más preparado moral, intelectual y espiritualmente esté menos le costará al aspirante y si, a la vez, ha vencido o no ha caído en ciertos vicios que suelen dominar —alcohol, tabaco, drogas, crítica, espiritismo, …— más poder tendrá para superar otras pruebas más sutiles.

La vida cotidiana de un aspirante a la iniciación, que conecta en esta vida con una escuela seria de ocultismo, es algo fácil en sus primeros grados —interesado o estudiante— pero bastante más difícil para algunos en el grado de “Probacionista”. En el primer grado no hay obligaciones pero, además de la adquisición del conocimiento oculto, el estudiante debe acostumbrarse a hacer toda una serie de ejercicios —concentración, meditación y observación— o llevar a la práctica durante el día la oración, el discernimiento, la devoción a Dios, el servicio a los demás y el dominio de la mente para que no piense por sí misma y para utilizarla con el fin de no pensar mal y evitar malos deseos y sentimientos. Pero para el probacionista, además de todo eso: Las lecturas y enseñanzas deben ser meditadas; los ejercicios espirituales deben ser hecho con el corazón; —devoción y adoración a Dios— la observación del mundo y la propia observación deben ser hechas con responsabilidad, profundidad y franqueza para poder corregir las actuaciones o expresiones; la palabra debe ser controlada para que no critique u ofenda; la mente no debe pensar por sí misma sino que debe estar atenta a lo que ocurre para que sus respuestas sean responsables y bienintencionadas; en las mañanas debe haber una auto-programación para tener una actitud positiva en todo lo que se haga durante el día; por las noches se revisará esa auto-programación para ver dónde se ha fallado; y durante el día se procurará hacer todo como si fuera para Dios.

Si bien es cierto que el aspirante cae muchas veces en tentaciones y pruebas, también lo es que gran culpa es de que no sabe escuchar a la vez que habla demasiado o pretende saber mucho. Hay un proverbio que dice que la sabiduría viene de saber escuchar y que el arrepentimiento tiene su mayor causa en el hablar; por consiguiente, el principiante en el mundo del ocultismo así como los propios ocultistas, deberíamos tener esto muy presente puesto que todos —unos más y otros menos— metemos la pata de alguna manera, bien por pensar mal o no entender lo que escuchamos o bien porque hablamos sin razonar y sin analizarnos cuando nos expresamos. No es lo mismo oír que escuchar, oír es permitir que los sonidos o palabras entren en nuestros oídos, pero —en la mayoría de los casos— sin prestar atención y, como efecto, sin apenar ser conscientes de lo que oímos. Escuchar, es permitir lo mismo pero con la atención puesta en quién, cómo o qué nos hablan, es decir, estando presente como un yo consciente. Cuando somos conscientes en cada momento “presente” de que somos un Yo que percibe gracias a los sentidos y a la mente, podemos controlar perfectamente nuestros sentidos y, por tanto, escuchar y hablar lo correcto y preciso.

Estamos de acuerdo en que esto no es fácil pero eso no significa que sea imposible. Hablar menos y escuchar más, no es pensar en lo que se va a decir a la vez que se escucha y menos aún si la intención es de decir o responder con prepotencia, superioridad, orgullo, etc. Es todo lo contrario, escuchar con humildad —con intención de aprender, con compasión, con tolerancia, con comprensión, con amor..— con una actitud meditativa, receptiva, interesada y serena. Hay una gran diferencia entre escuchar desinteresadamente y escuchar con humildad y compasión; como también la hay en oír y en escuchar buena música —clásica y sacra principalmente— Cuando se escucha de esta manera se estimulan buenos sentimientos, hay paz interior, se eleva la vibración de los cuerpos y nos hacemos más sensibles a la influencia de nuestro Yo superior. Cuando varios aspirantes espirituales se juntan y hablan sin control y sin razonamiento previo, aún con la intención de estar en armonía, es más fácil que haya contradicciones y malos pensamientos sobre lo que dicen otros que si todos hablaran solamente cuando tengan algo importante que decir y previo discernimiento. Es más, además de ser buenos oyentes, deberíamos ser unos interlocutores simpáticos, conciliadores, tolerantes y comprensivos. Resumiendo este tema diremos que escuchar con atención y consciencia desarrolla el Alma Consciente y trae equilibrio y progreso.

Podríamos interpretar estos últimos párrafos como una importante y correcta preparación para hacerse probacionista puesto que el probacionista promete esforzarse por subyugar su naturaleza inferior o personalidad al Yo superior. Alguna vez se ha dicho que esta promesa es similar a la que se hacen dos personas cuando se casan, y es que, en verdad, que algo de parecido tienen. En el matrimonio prometen ante Dios amarse, respetarse y ayudarse; mientras que en el compromiso que hace un probacionista también promete ante Dios —y ante un elevado iniciado— dedicar su vida a servir amorosa y desinteresadamente a Dios y al prójimo y a purificar su personalidad y carácter. Este es el significado del compromiso del aspirante para hacerse probacionista, aunque el ritual no lo diga literalmente así. Hay que tener en cuenta que el aspirante —una vez recluido en la soledad y el silencio— mantiene una mano en el corazón y otra sobre la Biblia en el momento de hacer la promesa. Además, y por dar algún dato más puesto que los probacionista y discípulos tienen prohibido comentar ciertas hechos, el momento elegido para esa promesa se calcula según la fecha y lugar de nacimiento y según la latitud y longitud donde se viva entre otras cosas. Así es como el probacionista da ese paso tan importante —si de verdad lo lleva a cabo durante toda su vida— que hace que desde ese momento —puesto que incluso se siente la presencia etérica del iniciado— este conectado a ese gran iniciado representante de la escuela u orden oculta.

El compromiso del probacionista hace que —entre otras cosas— no pueda comer carne ni utilizar pieles de animales, pero también tiene otras muchas ventajas para la salud psíquica y física. A partir de ahí el probacionista que cumpla con sus deberes y responsabilidades estará protegido de ataques psíquicos tanto en estado de vigilia como en los mundos superiores mientras duerme; cuanto más purifique sus cuerpos más brillará su aura y más fácil tendrá dicho iniciado o sus discípulos ayudar al probacionista. Otra de las “ventajas” del probacionista es que es puesto a prueba por dichos iniciados para ver su fortaleza ante las tentaciones que le pueden hacer caer en sus puntos más débiles. Son muchos los probacionistas e incluso discípulos que se han rendido, se han aburrido por no saber buscar los alicientes espirituales debidos, se han derrumbado a causa de su vuelta a los vicios que ya habían superado, se pierden buscando lo fenoménico o dejándose llevar por falsos maestros, o lo dejan decepcionados por determinados hechos que, después de un tiempo, comprenden que no son tales. A partir de entonces ya quedan desligados del Maestro o Iniciado, pierden su guía y protección incluso en los trabajos que hacían por las noches en los mundos superiores. Si queremos definir en pocas palabras el probacionismo lo haríamos en dos frases: Primera: que al igual que el cuerpo físico necesita alimento para mantenerse vivo y en buen estado de salud, así mismo debe el probacionista alimentar el Alma; y Segunda: que debe olvidarse de su pasado personal y mirar al futuro con sus más elevadas aspiraciones espirituales.

Cuando nos comportamos como verdaderos probacionistas elevamos las vibraciones de nuestros cuerpos y nos armonizamos con los mundos espirituales; cundo volvemos a los vicios y costumbres del pasado creamos mala salud psíquica y física y nos creamos un karma bastante más duro que el que hubiéramos creado si no nos hubiéramos conectado a una escuela seria y no nos hubiéramos hecho probacionistas. Y es que, si todo el mundo tuviera la posibilidad de ver de antemano el sufrimiento que nos espera después de la muerte tras una vida perdida de vicio y maldad, escucharíamos y razonaríamos más y nos dedicaríamos a hacer el bien en pensamiento, palabra y obra.

De los que en esta vida no les ha llegado la hora de contactar con una escuela seria de ocultismo, —con todo lo que eso conlleva respecto al desarrollo espiritual— la mayoría no se paran a pensar en que existen y tienen lo que tienen gracias a Dios y a toda la humanidad del pasado —puesto que todo lo creado y existente hoy es gracias a las obras y descubrimiento del pasado— y a la del presente que crean trabajo, cultivan alimentos y hacen que podamos vivir mejor. Pero el estudiante de ocultismo, y más aún el probacionista, saben esto así como que también debemos dar gracias a las otras creaciones y jerarquías que Dios ha creado y que colaboran con nuestro desarrollo. Si nos paramos a pensar y a meditar lo maravilloso que es vivir con amor hacia todo lo que nos rodea; vivir para ayudar al prójimo allá donde nos encontremos y por los medios que tengamos; admirar la belleza de la naturaleza; el valor de la buena música, el arte, la poesía; y los millones de personas de buena voluntad que hay en el mundo sean de la escuelas, secta o religión que sean. Entonces valoraríamos mucho más nuestra vida individual y nos dedicaríamos a hacer algo por los demás y a colaborar en la obra de Dios. No hay malas personas en el mundo son personas ignorantes de la verdad, son personas que vienen a ponernos a prueba o a hacernos comprender nuestros errores, son personas que no han llegado a nuestro nivel como nosotros no hemos llegado a otros y por eso no lo comprendemos; son personas que vienen a devolvernos el karma que en un pasado les hicimos a ellos; son personas, en definitiva, que nos ayudan o al menos así debe verlo el aspirante espiritual.

Francisco Nieto