domingo, 23 de septiembre de 2012

INFLUENCIA DE LOS SIGNOS EN LAS RELACIONES PERSONALES (II)



LAS CUADRUPLICIDADES



Se llaman Cuadruplicidades a los tres grupos o divisiones compuesto cada uno de ellos por cuatro signos de similares características, esto son:

Signos Cardinales: Aries, Cáncer, Libra y Capricornio

Signos Fijos: Tauro, Leo, Escorpio y Acuario

Signos Comunes: Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis


SIGNOS CARDINALES


Representan la “actividad”


Aries es el más activo o dinámico de los cuatro porque muestra un gran coraje y intenta imponerse sobre cualquier circunstancia u obstáculo. Cáncer es más pasivo y poco luchador pero destaca por su gran tenacidad. Libra representa la armonía y equilibrio necesario para conseguir sus objetivos en colaboración con otras personas. Capricornio alcanza sus metas gracias a su concentración, método y cálculo. En general, los signos Cardinales alcanzan el éxito gracias a sus deseos de conquista, a su coraje y a su saber hacer.

En este grupo están representadas las personas que se abren paso en la vida con el único motivo de ser pioneros y alcanzar una buena posición. Si algún inconveniente tienen los nativos de estos signos es por su poca persistencia y adaptabilidad pero, repito, su iniciativa y actividad son muy notables. Es conveniente que estas personas, y más los de Aries, se paren a razonar y a meditar sobre la manera de dirigir estas fuerzas en su vida y así no dejarse llevar por los impulsos o cambios incontrolados, de esta forma ahorrarán energía y ganarán en salud.


VIRTUDES: Ambición, energía, actividad, impulsividad, acción rápida, innovación, iniciativa y coraje.

DEFECTOS: Impaciencia, versatilidad, tendencia a hacer cambios de forma impulsiva, rupturas sociales, falta de perseverancia, precipitación e imprudencia.


SIGNOS FIJOS


Representan la “energía concentrada”


Estos signos son los que tienen la cualidad de centrar y estabilizar la energía dinámica de los signos Cardinales, por tanto son obstinados y poco partidarios de hacer cambios o de tomar iniciativas si no encuentran muchas razones para ello. Tauro se guía por su instinto materialista para obtener bienes físicos que le causen seguridad, mostrándose testarudo y agresivo cuando no lo consigue. Leo está muy cualificado para alcanzar el éxito gracias a sus decisiones premeditadas, a su creatividad y a sus dotes de mando y organización, por tanto, el motivo principal de su vida es alcanzar una elevada posición. Escorpio trabaja desde el interior a través de los deseos y sentimientos de relación; su intuición, razonamiento y capacidad de investigación le faciliten el éxito así como el poder descubrir las intenciones de los demás. Acuario es inventivo, original y humanitario, le gusta colaborar con movimientos altruistas y progresistas, y es un gran innovador. Su mente analítica y científica le es muy útil en la vida pero es demasiado independiente.

La clave de estos signos es “estabilidad” pero su acción se centra en estimular los deseos para que la persona entre en acción en sus diferentes naturalezas. Como son conservadores y centrados en sí mismos, se aseguran bien antes de actuar con el fin de conseguir lo que desean. Son tranquilos, prudentes y poco cambiantes, es decir, más bien se apegan a los hábitos y costumbres, hacen amigos fácilmente y son dignos de confianza.


VIRTUDES: Firmeza, integridad, energía, conservadurismo, resistencia, estabilidad, perseverancia, paciencia, voluntad, fuerza, pasión.

DEFECTOS: Indolencia, lentitud, falta de iniciativa, intolerancia, inadaptabilidad, falsedad, orgullo, mezquindad, rutina


SIGNOS COMUNES


Representan el cambio


A los nativos de estos signos les suele faltar la iniciativa o acción de los signos Cardinales y la fijeza y perseverancia de los signos Fijos. Son cambiantes e inestables pero se valen de su inteligencia, de su diplomacia y de su astucia para alcanzar sus objetivos. Su línea de acción es intelectual y espiritual mostrándose humanitarios, caritativos e imparciales en sus juicios. Uno de sus defectos es que son influenciables por las circunstancias y las personas que les rodean ya que les cuesta tomar decisiones definitivas y ponerlas en práctica; sin embargo, tienen un gran incentivo para desarrollar la nobleza. Deberían desarrollar la voluntad y el coraje.

Géminis es inestable por su naturaleza versátil, inquieta e inquisidora, esto hace que no sepa aprovechar algunas de las oportunidades que surgen en su destino, por consiguiente, necesitan más concentración y profundización. Virgo también es mental pero en vez de dispersarse como Géminis se concentra para analizar y sacar conclusiones prácticas que, a su vez, sean útiles para trabajar y servir. Sagitario tiene una mente superior o abstracta que sabe utilizar para su propio beneficio en los estudios superiores, en las religiones, filosofías y en sitios alejados. Piscis es más bien interno y espiritual, de aquí que suela guiarse más por sus sentimientos y deseos fraternales para relacionarse con toda clase de gente.


VIRTUDES: Imparcialidad, agilidad mental, simpatía, adaptabilidad, inteligencia, reflexión, flexibilidad, discernimiento.

DEFECTOS: Falta de iniciativa y determinación, cambiante, imitador, tímido, pesimista, superficial, simulador, astuto, indeciso.

Francisco Nieto

lunes, 3 de septiembre de 2012

INFLUENCIA DE LOS SIGNOS EN LAS RELACIONES PERSONALES (I)




Los 12 Signos del Zodíaco se dividen en diferentes agrupaciones según la naturaleza de cada uno de ellos, esto tiene gran importancia sobre todo cuando se va a interpretar el horóscopo, porque si coincide que hay varios o muchos planetas en alguna de esas divisiones, el nativo mostrará un carácter donde se reflejará esa naturaleza. Aunque este libro no trata de la interpretación del horóscopo y es posible que el lector no sepa cuántos planetas tiene en cada una de las divisiones de los signos, creo conveniente explicar cuál es la naturaleza de esas divisiones porque, independientemente de la agrupación o división, cada signo tiene esas mismas características, virtudes y defectos.

Recordemos que cuando decimos que somos de tal o cual signo, estamos diciendo que el astro más poderoso e influyente, el Sol, se encuentra en él potenciando su naturaleza, de ahí que yo tenga interés en que el lector sepa cuáles son las características de dichas divisiones zodiacales. Pongamos un ejemplo, supongamos que el lector es del signo de Leo, Leo es un signo Fijo y de Fuego, por tanto y como a continuación explico, comprenderemos que:

1º. Como signo Fijo intenta concentrar su energía para que el efecto de su acción se refleje como “estabilidad” pero con la particularidad de que esa concentración en sí mismo le facilite la suficiente fuerza como para vencer los obstáculos.

2º. Como signo de Fuego, Leo representa la vitalidad y energía expresada a través del “Yo”. Este fuego se transforma en creatividad y actividad organizada y controlada y, por consiguiente, aporta un elemento más como medio para alcanzar sus ambiciones.

Actualmente y desde no hace muchos años para acá, se están intensificando los estudios sobre la influencia, simpatía y atracción de un determinado signo astrológico sobre otro. Como resultado de dicho estudio, se ha comprobado que, dependiendo de los diversos aspectos de cada horóscopo, una persona se puede sentir atraída o rechazada de diferentes formas por otra, lo que confirma que cada uno de nosotros lleva impresa en su aura el esquema del cielo que había en el momento de nacer. Este esquema es, al fin y al cabo, lo que refleja nuestro horóscopo, el aspecto interno que actúa a modo de base para nuestra acción y reacción ante el mundo.

Como en este libro no voy a tratar este tema normalmente llamado sinastria de una forma general, no voy a expandirme en explicaciones sobre el mismo. Sin embargo, sí quisiera dar al menos algunas referencias respecto a los signos puesto que son el motivo principal de este estudio. Cuando una persona desea investigar cuáles pueden ser los resultados de una relación entre su signo y el de otra del sexo opuesto, es decir, respecto a las relaciones amorosas o matrimoniales, consulta las diferentes posiciones de los elementos que componen los dos horóscopos, pero principalmente el signo del Ascendente. Sin embargo, cuando se desea tener una simple información en ese sentido pero buscando solamente una relación de amistad, entonces se analizará la naturaleza de los signos solares.

Por tanto, para extraer un conocimiento de los resultados de esa relación amistosa, habrá que estudiar principalmente las Triplicidades o Elementos, o sea, si son de Fuego, Tierra, Aire o Agua. La naturaleza o elemento del signo solar no anula la voluntad y el libre albedrío del nativo el cual, dicho sea de paso, actúa en cierto grado influenciado por el horóscopo completo; sin embargo, el signo, como el Ascendente, sí tiene una notable influencia que se manifiesta de manera más significativa en el aura de cada persona. Así como dos personas de diferente sexo se atraen por naturaleza, también dos personas de signo complementario pueden simpatizar o enamorarse al ponerse en contacto sus auras. Por consiguiente, a continuación expondré una serie de principios astrológicos los cuales podrá aplicar el lector en sus relaciones sociales con la intención de averiguar con quién se comprenderá mejor. He de recalcar que, al hacerlo sólo con el signo solar, no se puede esperar que los resultados sean siempre infalibles, sin embargo, sí aportará cierto grado de utilidad y satisfacción.

Cuando los astrólogos, hace muchos años, decidieron agrupar los doce signos del zodíaco, lo hicieron en siete grupos, estos son: Cardinales, Fijos, Comunes, de Fuego, de Tierra, de Aire y de agua. Para tomar esta decisión tuvieron que llegar a la conclusión después de estudiar las relaciones entre muchas personas según el signo de cada una de ellas de que hay cierta relación, simpatía o similitud entre determinados signos. Es cierto, una persona de signo Cardinal comprobará que ciertas actitudes y forma de pensar serán igual que otra que también sea Cardinal. Esto mismo se puede decir de los signos Fijos y Comunes, sin embargo, en el caso de estas tres divisiones llamadas Cuadruplicidades, yo considero únicamente o más importante cuando dos personas, aún siendo Cardinales, Fijos o Comunes, son del mismo signo.

La segunda agrupación importante es la llamada “Triplicidad”, que está compuesta de cuatro grupos como ya sabemos. En este caso es diferente, una persona puede ser de un signo Cardinal de Aries y otra de otro también Cardinal como por ejemplo Cáncer, sin embargo y aunque complementarios por ser Cardinales, Aries es muy dinámico y Cáncer lo contrario. En el caso de las Triplicidades, Aries es de Fuego pero tiene más rasgos similares a los otros signos de Fuego y por eso se dice que Aries se compenetra mejor con Leo y Sagitario. Lo mismo ocurre entre los signos de los otros tres grupos o elementos. Pero los estudios también han demostrado que hay afinidad o simpatía entre esos mismos elementos, así es que el elector tomará por norma la siguiente frase: “El agua alimenta a la tierra y el aire alimenta al fuego”; es decir, los signos de Agua se entienden bien con los de Tierra y los de Aire con los de Fuego. A continuación describo la naturaleza de esas siete agrupaciones para que el lector sepa a qué grupo pertenece recordando que: 1º. Las Cuadruplicidades benefician principalmente cuando, además de ser de un mismo grupo, la otra persona es del mismo signo; y 2º. Las Triplicidades ayudan en las relaciones cuando las dos personas son del mismo grupo Fuego, Tierra, Aire o Agua o bien una de un grupo y la otra del grupo complementario -Fuego-Aire o Tierra-Agua.

Una vez aclarado este asunto yo aconsejo al lector que, además de leer lo que significa su signo, tome nota de lo que representa el mismo como Triplicidad y Cuadruplicidad y lo resuma todo para analizar cómo es en su naturaleza.

Francisco Nieto

martes, 14 de agosto de 2012

BUSCANDO EL VERDADERO SENDERO (y III)



Cuando el aspirante, al cabo de cierto tiempo, se hace sensitivo hasta determinado grado, su mente se encuentra ante una encrucijada o, mejor dicho, ante tal soledad que no sabe qué hacer porque ni el pasado ni el futuro están para actuar por sí misma. La mente se encuentra ante algo desconocido ayudado (en todo caso) por la buena voluntad y el desarrollo espiritual acumulado de otras vidas que, como voz de la conciencia o intuición, pueden guiar hasta cierto punto sus pasos. Esto significa que el trabajo del aspirante ha alcanzado tal grado que su mente se ha agudizado y se encuentra en un estado de gran intensidad por estar muy despierta y alerta (y no distraída con el pasado y el futuro) Por tanto, el aspirante debe ser responsable y no volver a dejarse dominar por las emociones ni por los deseos personales. Por otro lado, debe quedar claro que el hecho de controlar la mente hasta el punto que estamos mencionando no significa que no se pueda usar con discernimiento y buena voluntad para hacer el bien, tomar decisiones correctas, cumplir con los deberes y responsabilidades, etc., puesto que, precisamente ahora tenemos la ayuda de lo superior de una forma más directa que antes. Pero, de lo que nunca se debe olvidar el aspirante, es de su propia observación y auto-consciencia para estar siempre alerta ante cualquier posible despertar de algo que distraiga o condicione a la mente.



Cuando el aspirante silencia su mente hasta el grado mencionado es cuando puede hacer objetiva la búsqueda del verdadero Sendero de Santidad. Es decir, cuando está listo para ver la realidad de lo externo de la vida y cuando la mente es controlada y silenciada y su objetivo es el Sendero de Santidad, es cuando ya no se teme a nada porque la mente es libre y no se identifica con lo que perciben sus sentidos ni con las sensaciones e impactos que antes la distraían y la condicionaban. Pero el sendero implica llevar a cabo el cumplimiento de las leyes divinas y, por tanto, no solo debe el aspirante estar alerta para no hacer el mal (debilidades y defecto personales) sino que a partir de ahí deberá intentar hacer el bien en cada momento, en cada aquí y ahora, o sea, con su mente, con sus deseos y sentimientos, con palabras y con sus buenas acciones. Esto, evidentemente, conlleva una actividad de humanidad y de sumisión a Dios para no creerse más que nadie y, por el contrario, ser un instrumento al servicio de los demás. El descubrimiento del verdadero sendero trae consigo el contacto con el Alma la que, a partir de ahí, hablará al aspirante con una voz cada vez más fuerte.


En el mundo del esoterismo se suele hablar del camino hacia la iniciación que es como decir del sendero de santidad. Al hecho de cambiar ciertos hábitos o aspectos de la personalidad le suelen llamar “comenzar el sendero” pero, en realidad no es tan simple, sobre todo porque se basan en simples informaciones, libros, etc., que llegan al conocimiento del aspirante. En la mayoría de los casos, el hecho de comenzar el sendero de esa manera y sin haberle descubierto antes, lleva al fracaso por monotonía o cansancio. Cuando se comienza el sendero imitando lo de otros y sin la guía y la creatividad interna no se puede hablar de un recto comienzo que traiga la alegría interna que debe traer. Los senderos a que me estoy refiriendo son senderos de disciplina, mientras que el sendero que lleva a la Verdad es un camino individual que se descubre cuando se hacen los trabajos previos con interés profundo y entusiasmo. Así es que, el sendero de santidad o de iniciación varía de un individuo a otro incluso perteneciendo a una misma escuela iniciática porque el desarrollo interno, las experiencias y el carácter no son lo mismo en todos los aspirantes.


Si para comenzar a hacer el sendero tenemos que descubrirle está claro que debemos ser observadores, y si el sendero es individual y no es un objeto físico, tendremos que practicar la auto-observación y la auto-conciencia en cada momento o aquí y ahora. Por tanto, para comenzar o descubrir el sendero hay que desarrollar una nueva condición mental o conciencia ya que, en realidad, podemos estar descubriendo aspectos internos a cada instante que serían la base para descubrir el sendero. Tampoco hay que confundir ese “descubrir aspectos internos” que muchos aspirantes hacemos con el comienzo del sendero, sólo cuando se está comenzando el sendero se vive la vida (momento a momento) con alegría porque descubrir el sendero es comenzar a percibir y vivir la espiritualidad que hemos acumulado como ser interno. Así es que, cuando se comienza el sendero (vivir la espiritualidad interna) una vez descubierto, ya no cabe la maldad en ningún sentido porque la experiencia es individual y debe estar complementada con la observación y el recuerdo de sí mismo. El sendero se ha de descubrir constantemente por medio de la sumisión ante lo desconocido y ante lo no alcanzado hasta ahora, es decir, en el silencio que sigue a lo que hasta ahora era la actitud de la personalidad; es una nueva fuerza que llena y satisface al corazón del aspirante.


Comenzar a “Hollar el Sendero” es, por tanto, camina r en compañía del Yo superior, de la Verdad o de Dios y esto debe ser así ante cualquier circunstancia de la vida. Esta es la gran diferencia con lo que otros llaman hollar el sendero (hacer cambios en la personalidad) Aquí no cabe la duda porque este “descubrimiento” llena de gozo y de felicidad interna al aspirante y esto es así porque es la Verdad o Yo superior, quien guía al aspirante y le hace un luchador o canal de Él Mismo. Cuando dejamos de hacer oposición a lo que representa la personalidad y en el silencio actuamos como buscadores de la realidad, es difícil que fracasemos y que volvamos a vivir en la confusión y el caos personal. Aunque esto parezca una actitud pasiva no lo es porque donde hay esfuerzo y lucha personal no cabe la intervención del Espíritu. Sólo cuando la mente deja de luchar por conseguir el éxito, la seguridad o la continuidad de la vida es cuando puede manifestarse el Yo superior. Sólo cuando la mente deja de actuar por su cuenta es cuando se acaban las limitaciones que velan la “realidad”; el trabajo se debe realizar con el aspecto superior de la mente (discernimiento, intuición, inspiración) pero la “realidad” está por encima de la mente.


Nosotros, como individuos en el sendero, debemos ser el instrumento afinado para que suene la Verdad y se exprese, el Yo superior. Entonces el vacío o silencio se convertirá en la voz del Maestro que nos ayudará a hacer el Sendero en nuestra vida cotidiana. El Sendero de Santidad (también llamado de perfección) es un sendero de equilibrio entre el hombre común que se rige por la religión y el idealista que, guiado excesivamente por su confianza propia, no se da cuenta que todo esfuerzo consciente tiene un límite; el primero se pasa de pasividad (negatividad) esperando que Dios le perfeccione y el segundo también cierto sentido porque confía demasiado en sus propios poderes y confunde positividad con confianza propia. El camino que el aspirante debe seguir es aquel que deja a un lado las discordias, las preocupaciones, las ambiciones… y la lucha que, contra todo eso, sólo trae amargura y sufrimiento. Solo así se podrá escuchar la melodía que procede de los mundos superiores y solo así, entre las acciones, se podrá vislumbrar el silencio que lleva a la realidad. Cuando una persona, alerta y en su silencio mental percibe la belleza de una flor sin emitir pensamiento o palabra alguna, está observando la realidad y expresando internamente lo que percibe. Así mismo, nosotros podemos observar la calidad de los demás cuando percibimos el silencio que hay en el intervalo entre dos expresiones de sus expresiones; cuando se guarda esto en la memoria en vez del significado de sus expresiones es cuando nuestro Yo superior manifiesta el equilibrio en nosotros.


La realidad está representada por el silencio entre dos sonidos o pensamientos y para vivirla hay que auto-observarse y ser auto-consciente en cada instante, pero eso no evita que la mente y el cuerpo de deseos intenten responde a lo que nos llega por los sentidos (impactos externos) o de la actividad y hábitos de ellos mismos. Esto representa otra lucha difícil de alcanzar al menos en algunos aspectos, sobre todo porque tenemos grabado que lo que está en su lugar correcto representa el bien y lo contrario el mal, y porque nuestro estado mental suele estar cambiando constantemente sin un código de valores fijo y perfecto. Por consiguiente, para estar en lo superior y poder elegir lo correcto deberíamos buscar ese silencio entre expresiones en todo lo que nos rodea y eso sólo es posible con la atención plena y el control emocional. De aquí que hayamos hablado de observación intensa y de interés profundo en todas las expresiones de la vida. No estamos hablando del interés que identifica al hombre con el objeto o el que hace que el individuo juzgue o critique, ni tampoco el que surge de un hábito, sino el que busca el silencio espiritual que es donde se encuentra la realidad y la luz. Esto significa que hay que observar la vida, no desde la mente fría sino desde el discernimiento y el corazón que engloba todo (aun en partes) como la obra de Dios en cada momento presente. Hay que tener en cuenta que la mente (que casi debería considerarse un sentido más) actúa del pasado al futuro y sus trabajos se basan en la identificación, la comparación, los recuerdos, etc. mientras que la inteligencia o intelecto trabajan en el presente o aquí y ahora, que es lo que debemos utilizar para intentar observar directamente en el corazón del prójimo y en el silencio de donde surgen las expresiones de la vida.


También es imprescindible que el aspirante observe con suma atención a su corazón, lo que no significa que nos tengamos que volver sentimentales o emocionales. Esto es así porque el corazón debe ser liberado de la influencia personal de las proyecciones y distracciones de la mente. Todo en la creación es puro, es la mente la que lo hace impuro, pero cuando nos situamos en la pureza del corazón purificamos la mente y la hacemos transparente. Por tanto, meditando en el corazón y buscando la realidad en el silencio es como encontramos el verdadero significado de la vida y disfrutamos de ella intensamente.


Algunos aspirantes piensan que el equilibrio que lleva a descubrir el sendero lo encuentran poniendo su atención en los mundos invisibles y no se dan cuenta que ni los poderes (por ejemplo la clarividencia) invisibles facilitan el equilibrio porque para eso deben encontrarle en lo interno y por medio de la intuición espiritual. Es lo invisible a la mente concreta y a los sentidos lo que hay que buscar internamente y viviendo en el eterno Ahora. El pasado y el futuro es “tiempo” pero el tiempo se para en el ahora presente psicológico. Para estar equilibrado y vivir la realidad hay que vivir en el presente que es una dimensión diferente al pasado y al futuro, y sólo viviendo de instante en instante es como se encuentra el sendero de la Verdad. En este estado la mente no puede agarrarse a nada concreto ni existencia, ningún aspecto psicológico del pasado o del futuro la dominan y se hace una mente libre lista para expresar el verdadero significado de la vida.

Francisco Nieto

lunes, 30 de julio de 2012

BUSCANDO EL VERDADERO SENDERO (II)



De lo que se trata, pues, es de eliminar el centro u origen de las reacciones para que así no pueda haber respuestas automáticas, instintivas ni de ninguna clase sin que haya voluntad y conciencia por parte nuestra. De ahí la necesidad de la auto-observación para ver de “dónde” y “por qué” surgen dichas reacciones, modificaciones y distracciones de la mente. A la vez, también debe haber un auto-análisis como personalidad (nuestro egoísmo, materialismo y todas las actitudes negativas que interfieren en el trabajo de hollar el Sendero de Santidad o de iniciación. Esta actitud es la que nos lleva a descubrir la Verdad, la Realidad, y es descubriendo la Realidad como podemos rechazar lo falso. No se trata de guiarnos por libros o por lo que digan otros, sino de limpiar la personalidad de apegos y deseos y de poner la consciencia y la voluntad a merced del Ego para que la mente no reaccione ni se distraiga con todos esos “obstáculos” que interfieren la acción de lo superior sobre lo inferior ¿Por qué sufrir por el hecho de que la mente esté siempre preocupándose por cosas innecesarias y personales? Sólo cuando seamos capaces de descubrir (por medio de la auto-observación y de la auto-consciencia) la falsedad de nuestros deseos, emociones y formas psíquicas o mentales estaremos listos para ver la realidad y hollar el sendero con seguridad.



Descubrir en determinada vida que hay una vida superior o sendero de espiritualidad implica el comienzo de un desarrollo que nos lleva a trabajar sobre la ética y la moral o, lo que es lo mismo, a cambiar nuestra conducta y nuestros hábitos. Esto se consigue mediante el esfuerzo consciente, sin embargo, el sendero de espiritualidad implica (también como trabajo consciente) una transformación desde lo interno, algo así como la creación de un nuevo centro desde donde se dirigirá y controlará la actitud y expresión de los diferentes vehículos del Ego. Como hemos visto, el profundo interés y el entusiasmo nos lleva a desarrollar el sendero que nos obligará a hacer cambios personales e internos, y como el cuerpo de deseos y la mente son, mayormente, la causa de nuestro sufrimiento por dejarnos dominar por su influencia, es necesario trabajar sobre ambos para hacer de ellos unas más perfectas herramientas. Uno de los primeros cambios que se deben hacer es cambiar los deseos, es decir, cambiar los conocidos por otros superiores que hasta ahora casi ni hemos imaginado.


Pensar, aun conscientemente, en cambiar nuestros deseos personales no va más allá de una modificación más en la mente que traerá un nuevo comportamiento, mientras que de lo que estamos hablando es de hacer los esfuerzos conscientes necesarios para ver las posibilidades de “alcanzar” lo que, normalmente, es inalcanzable. Así es que, en este caso, estamos hablando de desear lo que no puede alcanzarse por medio del esfuerzo común y para ello debemos desarrollar la sensibilidad hacia ese estado superior; a partir de ahí podremos comprender cuáles son las limitaciones que encontraremos. El hombre tiene ambición por ser importante, por tener éxito, etc., pero detrás de cada meta alcanzada viene otra superior con nuevas limitaciones y pruebas, por tanto, el éxito total siempre se le niega al hombre para que se dé cuenta de las limitaciones; cuando se hace consciente de éstas es cuando supera la ambición personal. El hombre también desea una vida experimental continua pero al final siempre encuentra que la muerte es una discontinuidad, aún así, no renuncia a tener seguridad física, emocional y mental pero, como en todo lo demás y como personalidad, se termina en la frustración. Solo la individualidad puede despejar las limitaciones para hacernos ver la “realidad”.


Existen muchas personas que si pudieran se aislarían del mundo para, una vez separados de la corriente humana, poder vivir en paz y hacer lo que quieran, pero este sentimiento de separatividad solo produce estancamiento y fracaso. Hay otros que les gustaría tener siempre sensaciones o impactos a modo de vivir más la vida y no se dan cuenta que esa continuidad de sensaciones es precisamente la causa de las reacciones de la mente y que lo se necesita precisamente es “momentos de silencio” entre reacciones. Las ambiciones, el deseo de éxito e incluso de crecimiento son sólo útiles desde el punto de vista personal pero no desde el de la espiritualidad y la expansión de conciencia puesto que éstas pertenecen a otra dimensión. El cuerpo de deseos y la mente no pueden alcanzar algo que está en una dimensión superior a la suya, sin embargo, ellos sí pueden ser utilizados por algo superior para buscar y hollar el Sendero de Santidad. Por eso, todos los deseos personales de crecimiento no son nada más que deseo de continuidad de sensaciones y experiencias personales que garanticen su supervivencia, y eso no trae la transformación espiritual necesaria para expandir la conciencia hasta una dimensión superior.


El sendero de santidad o iniciación es tan estrecho que sólo se puede hacer de uno en uno, y es que para hollar el sendero hay que convertirse en el sendero mismo. El aspirante espiritual no debe esperar que nada ni nadie pueda hacer el trabajo por él, y si algo ha de pedir sólo debería ser fuerzas y aspiración espiritual porque cualquier otra cosa estaría relacionada con los sentidos, el cuerpo de deseos y la mente. El “pedir” debe surgir desde lo más profundo del corazón donde la soledad impone el silencio de la mente, si la mente está distraída, descontrolada y pensando en mil cosas a la vez, no tendrá cabida la ayuda que el aspirante pide. Para reconocer la presencia de lo divino, el aspirante debe estar sólo y con la mente en silencio, por eso y porque la mente siempre suele estar entretenida con algo o alguien es imposible que el hombre común tenga ni siquiera un vislumbre de lo que es la vida superior. He mencionado las palabras “sólo” y “silencio” como necesidad para poder percibir lo superior, pero “solo” no es estar aislado de los demás ni tampoco estar con nuestros deseos, emociones y pensamientos. Cuando digo “solo” y estar con la mente en “silencio” me refiero incluso a detener toda actividad mental que es la única manera de estar ”sólo”, sin la compañía de sensaciones ni pensamientos. Porque, mientras la mente tenga una idea, concepto o imagen presente no está sola, es decir, cuando la mente no existe como manifestación es cuando estamos solos. Cuando la mente está en silencio cualquier cosa que proceda de lo superior alcanzará al Ser interno, pero si la mente está distraída se quedará en nada porque será distorsionada y obstaculizada.


Estar distorsiones y distracciones de la mente que impiden ver la realidad son las que hacen que nuestra vida sea superficial y que seamos pobres en espiritualidad. Cuando hay soledad y silencio hay enriquecimiento espiritual para que el Ego florezca y se manifieste por encima de lo personal es, en definitiva, una nueva y superior calidad de vida dirigida desde un nuevo centro de conciencia. Mientras la mente esté influenciada por los sentidos y desee dar expresión a lo que percibe no estará en el silencio que se requiere para percibir lo superior, es más, mientras la mente se distraiga y piense según lo guardado en la memoria sin un discernimiento consciente superior tampoco estará en ese silencio del Espíritu. Podríamos llegar más lejos aún y decir que la palabra es un medio de comunicación que no tiene significado o poder tal y como lo practicamos, es lo que se comunica o transmite por medio de la palabra lo que da significado a la palabra, por eso, la palabra puede ayudar o agrandar y crear heridas dependiendo de la fuente (mente) que proceda según el recuerdo de experiencias pasadas. La diferenciación verbal es una cosa y la psicología es otra, estando ambas basadas en los recuerdos y en las asociaciones mentales. Las palabras que nacen de una mente depurada no pueden herir porque no están contaminadas con los recuerdos de las experiencias del pasado ni con posibles programas del futuro. De aquí que para hollar el sendero también sea necesario eliminar el lenguaje hiriente por medio del control de la mente que llevará al silencio consciente y voluntario.


La personalidad es la acumulación de lo conocido, experimentado, pensado, expresado e incluso de los planes de futuro, y mientras tengamos todo esto como real y sintamos apego a ello no podremos dar el paso necesario para encontrarnos con nuestro Yo superior. Solo el presente, el aquí y ahora, forman ese estado de consciencia o silencio que abrirá la puerta a lo divino. Mientras la mente siga distraída con lo que le llegan de los sentidos y de los recuerdos del pasado o proyectos de futuro estará en tinieblas y no podrá ver la luz que le guiará en el sendero, pues ella misma crea su propia oscuridad. Somos nosotros con nuestra voluntad y discernimiento quienes debemos hacerla transparente y que se deshaga de todo lo que contiene y que sea un obstáculo para encontrar el silencio que lleva a contactar con lo superior.

Francisco Nieto

miércoles, 11 de julio de 2012

BUSCANDO EL VERDADERO SENDERO (I)



La vida del común de la humanidad está compuesta de pequeños hechos o incidentes que forman la base de su existencia, son pocos y raros los hechos o circunstancias especiales y, sin embargo, nos cuesta mucho mantener el interés y el entusiasmo y estar atentos a los hechos y a las circunstancias para poder extraer el mayor provecho de todo ello. La rutina y la monotonía hacen que desperdiciemos la mayor parte de nuestras vidas al no prestar la suficiente atención y meditar cada momento u oportunidad de progreso. Así es que, podríamos decir que el mayor mérito del hombre consiste en mantener el interés, el entusiasmo y una integridad espiritual en medio de la rutina y en mantener la armonía y un perfecto equilibrio respecto a los pensamientos y las emociones que tanto nos afectan derivadas de las circunstancias y de los problemas que surgen en nuestro destino. Por tanto, sabiendo que las pruebas para el desarrollo espiritual proceden de las actividades diarias y no de determinados hechos extraordinarios, no nos queda más remedio que admitir que sólo la fortaleza interna del verdadero Yo nos puede ayudar a encontrar dicha armonía y dicho equilibrio. Son muchos los aspirantes espirituales que han fracasado en su búsqueda de la Verdad por falta de interés y de entusiasmo, de hecho, nada extraordinario se consigue sin entusiasmo.



El éxito en cualquier materia se puede deber a la persistencia, a determinados hábitos y a la voluntad, y de todo ello surge la eficacia y el cumplimiento de los deberes, pero esto, al fin y al cabo, es casi automático. Son necesarios el interés y el entusiasmo si se quiere tener una vida creativa desde el punto de vista de la individualidad (Yo superior) y no de la personalidad, porque una mente llena de entusiasmo y de profundo interés no tiene miedo ni duda ante los obstáculos ni ante las pruebas del destino. El error de vivir la vida superficialmente, con prisas y anteponiendo el egoísmo por encima del discernimiento y de la meditación de los hechos hace que vivamos en la excitación, en las sensaciones y en las distracciones físicas y mentales concluyendo, por tanto, con que una mente que sólo actúa superficialmente nunca podrá experimentar en lo profundo. La mente que piensa en las formas físicas y desde un punto de vista personal no podrá alcanzar a comprender la vida interna porque un campo de actividad externo no trae los resultados y las experiencias de un trabajo interno que es la base del desarrollo espiritual.


La gran mayoría de las personas creen o piensan que las leyes divinas son injustas por adjudicarles un destino poco cómodo o benefactor, se sienten frustradas y luchan contra viento y marea con tal de obtener seguridad y toda una serie de objetivos fáciles, pero sólo las mentes superficiales actúan así y sólo para esas mentes cualquier problema se hace mucho más grande. Cuando no hay actividad interna cualquier dificultad parece imposible de superar y eso es por falta de interés profundo que es el que trae el entusiasmo necesario para la actividad interna. Lo cierto es que el verdadero aspirante espiritual no lucha por forzar su destino y menos por alterar las circunstancias objetivas porque sabe que son el campo experimental y de expresión de cada uno de nosotros. Cuando hay entusiasmo y profundo interés, los cambios objetivos (si los hubiere) se producirían o advertirían de una forma lenta y armónica, lo que facilita el trabajo al aspirante espiritual, el cual, se adaptará a cualquier circunstancia puesto que en su interior hay paz y armonía. Pero, cuidado, no estamos hablando de interés sobre algo personal en particular puesto que eso es superficial y crea apego emocional y mental, es el estado de puro y profundo interés al que nos estamos refiriendo puesto que éste es la base del entusiasmo.


Evidentemente, el aspirante que desarrolla el interés profundo que da pie al entusiasmo, está desarrollando a su vez un espacio o profundidad mental que le servirá para adentrarse en la realidad de la vida y para experimentar profunda y conscientemente , aun en la rutina. Es necesaria una transformación para que no haya ningún grado de resistencia en la mente (consciente o inconscientemente) Si hay resistencia (actividad mental sin control) falta flexibilidad y sensibilidad y, por tanto, en la mente solo hay ruido, bullicio y desgobierno, sin embargo, de lo que se trata es de encontrar la calma y ese silencio profundo mental. Tampoco estamos hablando de una mente plácida, indiferente, abandonada, distraída, etc., porque ese tipo de mente nunca experimentará en la realidad ni en lo profundo de la vida. Sí, hay que flexibilizar y sensibilizar la mente y hay que renovarla para que esté en el presente y elimine todo el pasado, pero también es necesario que haya perturbación o tormentas para que surja el interés y el entusiasmo. Ante las perturbaciones o inquietudes uno debe quedarse quieto porque si nos dejamos llevar por la actividad mental y por la confusión nos perderemos entre ellas mismas pues, después de todo, tras la tormenta viene la calma.


No queremos admitir que el destino nos trae muchas y nuevas oportunidades de desarrollo interno así como desafíos que ni siquiera advertimos porque la mente busca ser la protagonista e intermediaria para así mantener su poder. La mente crea algo así como un velo que nos impide ver la realidad de todo cuanto nos rodea, evita que tengamos un contacto directo con la vida y, por consiguiente, que tengamos ese interés profundo y ese entusiasmo. Si no fuera por las distracciones y el entusiasmo de la mente que desde la memoria realiza tendríamos una mente fresca y viva que nos permitiría observa r y afrontar los desafíos y las oportunidades del destino. Las tormentas son creadas por la personalidad, las que pueden complicar más aún los desafíos y pruebas del destino, pero cuando en medio de la agitación hay control y mantenemos quieta la mente (no reaccionar ni enjuiciar) entonces permanecemos tranquilos y pasará todo sin afectarnos consiguiendo así una limpieza mental. Una tormenta o desafío sin respuesta es permanecer en el silencio y en la soledad que nos fortalecerá internamente ante las siguientes. Es en este silencio donde se encuentran las mayores oportunidades espirituales de desarrollo porque entre otras cosas, traen una renovación subjetiva que hace que lo objetivo desaparezca.


Está claro que el aspirante espiritual debe hollar el sendero de santidad en la rutina diaria, en sus problemas y en cualquier circunstancia, pero para encontrar este sendero debe identificarse y escuchar a su Alma por encima de todo el bullicio que le rodea. El sendero se hace y se desarrolla a cada momento y nadie puede hacerlo por nosotros, solo es necesario escuchar al corazón y a la voz que se hace sonora cuando controlamos el cuerpo de deseos y la mente. El aspirante se debe hacer un luchador incansable y un buen capitán de su barco para vigilar constantemente que el rumbo que lleva sea el correcto, si no se auto-observa para ver que va por el camino correcto es fácil que se pierda entre tanto egoísmo, placer y materialismo. Es muy posible que alguien se pregunte que “qué” es y “cómo” se anda el sendero, y la verdad es que no es fácil de responder porque el “cómo” se anda es algo que cada individuo irá descubriendo paso a paso pero el “qué” es un despertar o toma de conciencia de que tenemos la posibilidad de acelerar nuestra evolución y nuestro desarrollo espiritual. El sendero no es físico ni objetivo, ni tampoco está fuera de nosotros, es más, no hay normas ni planos para recorrerle, aunque está claro que todo lo que nos ayude a ser mejores y todo el bien que podamos hacer es de gran ayuda para hollarle.


Naturalmente que, si queremos avanzar por el sendero de espiritualidad, debemos comenzar por poner nuestros sentidos y nuestra mente en lo subjetivo y espiritual y no en lo objetivo y material pero, además, debemos procurar ser auto-conscientes constantemente para no permitir que la mente, los deseos y las emociones participen en los asuntos terrenales por su propia cuenta y en más de lo que sean sus deberes y responsabilidades. Esto se consigue observando nuestras reacciones ante los impactos externos e internos que modifican y distraen a la mente, una vez observadas no es necesario crear una guerra para cambiar dichas reacciones porque esa guerra solo las alteraría. Solo es necesario observarlas sin enjuiciarlas y sin intervenir de ninguna forma, entonces ellas se marcharán y nosotros conseguiremos la paz y el silencio de la mente que nos irá acercando progresivamente al Ego o Yo superior.

Francisco Nieto

viernes, 22 de junio de 2012

CONSTRUYENDO UN NUEVO MUNDO




El progreso espiritual se adquiere cuando el conocimiento se lleva a la práctica. Podemos acudir a muchos maestros de esos que dan conferencias, o a esos otros que dicen ser videntes y contactados de Ángeles y Jerarquías superiores, o incluso tomar como maestros a diferentes autores porque en sus libros dan las pautas para que creemos un mundo mejor según nuestros ideales más elevados; pero nada de eso se consigue si no llevamos a la práctica el conocimiento aprendido. Podemos leer un párrafo de un libro detenidamente, asimilar conscientemente lo que dice (eso ya es conocimiento) y guardárnoslo como algo muy interesante para llevar a la práctica, pero si no lo practicamos no comprobaremos sus resultados que servirían de aliciente para continuar cada día. Además se nos olvidaría, quedando, por tanto, como un conocimiento olvidado, es decir, una oportunidad de superarnos que se nos ha dado y que hemos desaprovechado. Estos maestros no pueden hacer nada por nosotros porque están fuera de nosotros, para hacerles nuestros maestros debemos experimentar internamente lo que dicen y entonces, sus resultados, serán parte nuestra que nos servirán de guía.


Seguro que muchos aspirantes espirituales les gustaría haber asistido o asistir a una conferencia de alguien que ellos consideren un maestro pero, si lo consiguieran, ¿qué harían después de dicha asistencia? por lo general y en estos casos, ponerlo en práctica durante unos días y luego guardarlo como una experiencia o recuerdo bonito. El desarrollo, para cualquier aspirante, se adquiere con la práctica y es la práctica la que eleva al aspirante y le hace sabio. No nos engañemos, todos los días tenemos la oportunidad de elevarnos un poquito hacia el grado de maestro y de desarrollar el Alma, sólo depende de nosotros y de nadie más. La auto-programación de nuestra vida día tras día basada en los más elevados ideales y la observación consciente que debemos llevar a cabo con paciencia y persistencia, son los dos aspectos que nos pueden facilitar ese nuevo mundo interno y real que nada tiene que ver con el que vivimos como personalidad. Es la construcción de ese mundo imaginado y visualizado la que nos puede abrir la puerta a él, si no le construimos con la práctica en nuestra vida diaria nunca podremos estar dentro de él como maestro constructor.


Lo que nos gustaría ser o alcanzar pero que está fuera de nosotros no lo podemos hacer nuestro excepto que nos esforcemos y luchemos por conseguirlo, pero lo que alcancemos como desarrollo del Alma gracias a la práctica de nuevos ideales y patrones de conducta sí es nuestro y es parte de ese nuevo mundo que queremos construir. Cuando dominamos nuestra mente, nuestros deseos y nuestras emociones podemos controlar y dirigir la palabra y la acción, sólo así, como observadores conscientes de nuestras manifestaciones, actuamos en verdad y sobre la realidad. Todo lo demás se queda en hechos pasajeros que tarde o temprano se olvidan y que solo sirven como entretenimiento para el hombre común que, egoístamente, solo piensa en el disfrute de los placeres y en lo material. Si no nos auto-descubrimos gracias al conocimiento puesto en práctica no percibiremos ni siquiera la diferencia que hay entre la vida común (como la de cualquier persona) y la vida del Espíritu, es decir, el comienzo de una iluminación o iniciación; y es que esa luz y esa iniciación la debemos construir en nuestro interior para poder experimentarla.


Nada de lo que perciben nuestros sentidos nos puede ser útil si no tiene un efecto real y verdadero sobre nuestra Alma o Ego, sólo lo que se relaciona con el Ego nos ayuda a construir el nuevo mundo en el que deseamos vivir. Es cierto que el conocimiento ayuda, pero lo hace más que nada para que descubramos la verdad del Alma y que puesto en práctica nos hará ver la realidad que está por encima de la mente. Tenemos dos campos sobre los que actuar: uno sobre lo que comúnmente somos, (como autómata que actúa por instinto y según patrones mentales y de conducta) y que debemos comenzar a aislar desde la posición de observadores de nosotros mismo situados por encima de la propia mente automática y personal; y dos, sobre el que se vive en la realidad (auto-observado y auto-controlado consciente y voluntariamente) que debe trabajar sobre lo que no es hasta minimizarlo en sus quehaceres diarios.


La Realidad, la Verdad, debe ser conquistada para hacer que nazca en nosotros y mientras nos dejemos llevar por las emociones, por los deseos y por la mente concreta y personal no lo conseguiremos porque la realidad está por encima de todo eso y sólo puede ser reconocida desde el plano del Alma. Con la mente ordinaria con la que trabajamos a diario no podemos descubrir ni vivir en ese mundo del Alma, sólo cuando estamos atentos a lo que decimos, sentimos y pensamos como aspirantes espirituales podemos situarnos por momentos en el plano del Ego. Esto es como cuando, aunque tarde, nos damos cuenta de que hemos actuado mal, es decir, es estar tan atentos a nosotros mismos (auto-recordándonos constantemente) que no quepa la mínima oportunidad de actuar mal porque todos los vehículos de manifestación del Alma están controlados.


La filosofía oculta, la metafísica, la cábala, las religiones, la nueva consciencia actual, etc. son conocimientos que tarde o temprano nos hacen comprender que todo está en Dios o que todo es Dios, y es esta comprensión la que nos llevará a buscar a Dios en cualquier sitio como personalidad. Pero hasta que el conocimiento no haga elevar la conciencia un poco más allá del común de la humanidad, no estaremos preparados para comprender que Dios está dentro de nosotros y que sólo tenemos que saber llevar a la práctica dicho conocimiento para poder tener un pequeño vislumbre de la Realidad o Verdad. Cuando comenzamos a vivir en ese nuevo mundo real comenzamos a comprender que Dios también está dentro de los demás por muy diferentes (evolutivamente hablando) que sean de nosotros. Cuanto más vivimos en la realidad que está por encima de la personalidad más cerca estamos de Dios y de Su Verdad, lo que nos falta para vivir en el plano de la realidad es “conocimiento” que después deberá ser llevado a la práctica en nuestra auto-programación diaria.


Estamos en el mundo en el lugar que nos corresponde y con las personas que debemos estar porque tenemos o debemos tener alguna relación con ellas, por tanto, ocurra lo que nos ocurra sólo tenemos dos formas de actuar y de responder: primera como personalidad o segunda como Egos. Como personalidad nos enfadaremos cuando no nos salgan las cosas como deseamos, cuando alguien nos haga cualquier cosa que nos moleste o no esté de acuerdo con nosotros, y en otros muchos hechos que nos hacen sufrir física y psicológicamente. Como Almas entenderemos que ciertas cosas deben ser así, que debemos tener siempre una sonrisa ante los problemas y personas que nos perjudiquen, que las personas que nos rodean están ahí porque algo tenemos que aprender, que todo lo que hagamos afecta a este mundo creado por Dios y a nuestra propia Alma, etc.


Lo que es el mundo y la sociedad es también gracias a nuestras acciones y forma de pensar, como podemos ver, nuestro mundo no es precisamente un mundo ideal sino el fruto de la ignorancia aun con buenas intenciones por parte de algunos, si queremos transformar este mundo primero debemos transformar el nuestro para así poder servir de ejemplo. No es nada fácil que un aspirante espiritual pueda cambiar el mundo pero todos unidos sí lo conseguiremos si hacemos oír nuestras voces, aun así, el aspirante a la vida superior que observa y controla la personalidad vive en este mundo pero cada día está un poco más tiempo en el del Alma


Dentro de nosotros tenemos el poder de estar por encima de la mente y, por consiguiente, pensar y hacer el bien o el mal. Actuando como el verdadero Ego no sólo nos liberamos de este mundo personal sino que, a la vez, creamos un futuro lleno de dicha y felicidad. Es desde ese nivel de desarrollo espiritual desde donde podemos pensar que aunque nuestro cuerpo físico muera nosotros no morimos porque estamos por encima de lo que muere. Es tiempo de despertar a un nuevo mundo, a una nueva conciencia que esté por encima de los odios, rencores, egoísmos, materialismos, críticas, envidias, venganzas, etc., y eso solo se puede hacer transformando la personalidad gracias a ponernos como observadores de nosotros mismos y pensadores voluntarios y conscientes. Entonces y si hacemos una correcta y cada día superior auto-programación matinal experimentaremos esa ampliación de conciencia que algunos no se pueden ni imaginar.


Francisco Nieto

sábado, 9 de junio de 2012

LA AUTO-PROGRAMACIÓN




Es muy posible que la mayoría de nosotros demos muy poca importancia al hecho de despertar cada día y comprender que ese hecho es un regalo de Dios y una nueva oportunidad de desarrollar el Espíritu y de colaborar con la Obra de Divina.


Entre los ejercicios recomendados en mi primer libro “Métodos esotérico-prácticos para el desarrollo interno”, hay uno cuyo nombre es “La auto-programación” y trata de hacer ese ejercicio por las mañanas nada más despertarnos para que a lo largo del día cumplamos dicha programación. Está claro que “crear” sólo lo puede hacer el Espíritu pero nosotros aquí podemos acercarnos a ese aspecto creador por medio de la imaginación voluntaria y consciente que nos permita hacer cosas nuevas y más elevadas cada día de nuestra vida. La vida nos proporciona el campo de experiencias donde surgen las oportunidades de progreso pero, normalmente, hacemos poco por elevar nuestra conciencia y por ser mejores cada día. Tampoco damos mucha importancia a lo que decimos y hacemos porque actuamos más de forma automática y por instinto, y sin embargo es muy importante porque afecta a los demás, no obstante hay que distinguir entre la personalidad y el Ego o Yo superior.


Si al despertarnos un día por la mañana nos auto-programáramos para hacer las cosas que haría el propio Ego en nuestro lugar y en ese día, fallaríamos muchas veces, pero si repitiéramos ese ejercicio como hábito esa auto-programación llegaría a cumplirse porque la repetición voluntaria y consciente de un hecho queda fresca en la memoria. Si, a la vez, hiciéramos la retrospección nocturna (revisar los hechos del día para ver dónde hemos hecho bien y mal y así poder corregirnos en el mal y animarnos para hacer el bien) comprobaríamos que a lo largo del día nos hacemos “conscientes” de que estamos cumpliendo lo programado y, como consecuencia, por las noches recordaríamos todos los hechos perfectamente y analizaríamos nuestro comportamiento y actitud plenamente.


Pero, claro, lo que hacemos y decimos está basado en lo que pensamos o en pensamientos del pasado, por tanto, nuestro concepto de lo que nos rodea está basado en pensamientos guardados en las neuronas del cerebro, las cuales a su vez, cambian con la repetición de nuevos pensamientos. Si queremos programar nuestro día a día lo podemos hacer como personalidad (sin intentar crear algo nuevo o superior) o bien como Egos aportando nuevos ideales o ideas sobre las que deberíamos estar “atentos” para hacer que se cumplan. Esto significa que tenemos que asumir el papel de “observadores” de lo que hacemos, decimos y pensamos para ver si coincide con la programación, ya que cuando hacemos de observadores de nosotros mismos es cuando somos auto-conscientes y experimentamos la realidad más cercana al Ego.


Esta es la diferencia, la mayoría de las personas pasan desapercibidas día tras día en su vida, pocas veces son conscientes de los hechos, por tanto, es el propio día y sus circunstancias las que dan vida a la personalidad casi automática (hablar, actuar, sentir y pensar involuntaria e inconscientemente) mientras que si programamos cada día y nos auto-observamos a lo largo del mismo, somos nosotros, como Egos, los que creamos los hechos y circunstancias de cada día. No es lo mismo dejarse llevar por los pensamientos (hábitos y modificaciones automáticas de la mente) y pensar superficialmente lo que desearíamos o nos gustaría hacer, que pensar voluntaria y conscientemente toda una serie de actividades y luego estar atento a las circunstancias para cumplir lo programado como observadores y dueños de la mente.


La personalidad, a partir del cerebro y de los sentidos, es manipulada de tal forma que actuamos siempre según los patrones de conducta que hemos grabado desde que nacemos hasta el momento presente, mientras que de lo que se trata es de que seamos nosotros quienes manipulemos a la personalidad desde el punto de vista de “observadores” y respecto al pensamiento, a los sentimientos, los deseos, las palabras y las acciones. Así es que, deberíamos programar nuestros días nada más despertar imaginando, de forma creativa y consciente, todo lo que vamos a hacer y todas las respuestas que podamos dar según las circunstancias que tengamos que hacer frente. Naturalmente que debemos programar cada día, dentro de lo posible, pero añadiendo algo nuevo o algo positivo que nos obligue a esforzarnos con tal de ampliar la visión del Espíritu y de la “realidad”.


Las cosas que creemos que podemos hacer desde el punto de vista espiritual se suelen alcanzar siempre que las imaginemos o visualicemos consciente y voluntariamente, pues, la mente es creadora siempre que el pensador actúe de acuerdo a las leyes divinas. Si una persona está convencida de que está capacitada para aprobar un examen es muy posible que lo apruebe, pero quien piense lo contrario porque sabe que no se ha preparado lo suficiente lo tendrá bastante más difícil. Cada persona cree y crea una forma mental de lo que ha imaginado, es decir, quien haya imaginado a Jesucristo de tal forma habrá creado una imagen o arquetipo mental de esa forma y, por tanto, cree en ese modelo de Jesucristo. Quien crea en Jehová (el Dios del Antiguo Testamento que tanto castigaba a los que no le obedecían) temerá a Dios porque así lo ha creado para él mismo y sufrirá cada vez que haga algo en contra de sus leyes; por el contrario, quien crea y tenga en la memoria la imagen de un Dios de amor y de perdón, se sentirá feliz cada vez que haga cosas buenas en pensamiento, palabra y obra.


La persona que cree que es un desgraciado y que su vida está llena de fracasos está aumentando eso mismo con cada pensamiento de ese tipo que crea y que le hace estar cada día más convencido. Los pensamientos, los deseos y las acciones son causas que, no tardando mucho, se pueden manifestar en forma de efectos, lo que hace que una persona de esa naturaleza tenga una vida de sufrimiento y que pueda terminar muy mal si no cambia de forma de pensar. Las deudas del destino y lo que llamamos “mal” existen, sobre todo como efecto de causas que cometimos en el pasado, pero eso no significa que deba ser para toda la vida sino que más bien es un hecho aislado que surge para que lo observemos, lo analicemos y cambiemos la dirección de nuestra actitud como personalidad. Así es que, nosotros mismos podríamos considerarnos como “buenas suerte” o “positividad” que puede ver el mundo desde esa perspectiva y que crea su vida de acuerdo a esa convicción interna; a la vez, los hechos aislados negativos del destino se deben interpretar como pausas para “tomar nota” de una determinada enseñanza.


Cuando vivimos consciente y voluntariamente lo que creemos y lo que creamos mentalmente es cuando comprobamos que podemos cambiar la personalidad, las circunstancias, los deseos, los sentimientos, los pensamientos y todo nuestro mundo que tenemos guardado en el cerebro por otro más elevado y positivo desde cualquier punto de vista. La auto-programación debe contener siempre y ante cualquier hecho o circunstancia una posición de observador que domina a su mente y a sus deseos y emociones para que sus acciones físicas sean controladas y dirigidas positivamente; debe contener aspectos que alienten a pensar y a crear un mundo mejor; debe contener la visión de que es el mismo “programador”, o pensador consciente, quien va a actuar y a responder en todo momento y a lo largo del día; y debe contener el aliciente suficiente como para sentir la necesidad de auto-programarse cada día dado que se es más feliz en ese nuevo mundo que estamos creando.


En la auto-programación debemos visualizar a las personas con sus mejores cualidades, las circunstancias llenas de aspectos positivos y de oportunidades para que nosotros podamos crear algo nuevo o positivo: al contrario, no deben tener cabida las personas de mal carácter, y si las conocemos y debemos tratarlas, es igual porque la misma programación nos recordará en ese encuentro que debemos verlas como positivas y de buen carácter. Debemos visualizarnos a nosotros mismos en cada situación con un carácter optimista, simpático, comprensivo y tolerante con los demás y responder como tal ante cualquier problema. La visualización de cada día en la auto-programación debe ser lo más real posible, como si se estuviera viviendo en cada momento, y una vez que hemos imaginado creativamente un día concreto sólo es necesario estar atento a todo lo que ocurre y a lo que surge de nosotros mismos para actuar en consecuencia según nuestros deseos como Egos. Esta es la manera de cambiar nuestro mundo y nuestra vida diaria, para verla llena de alegrías, oportunidades y hechos altruistas y amorosos donde no cabe la tristeza, la desarmonía ni el efecto negativo de hechos que antes nos hacían sufrir.


Francisco Nieto