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lunes, 15 de julio de 2013

PREPARÁNDONOS PARA EL ESTADO POST-MORTEN (IV)





La vida en el purgatorio, o el infierno para algunos, es casi una continuación de la vida física en el sentido de que la persona sigue sintiendo, pensando y deseando lo mismo, por eso se suele decir que durante la vida llevamos con nosotros el Cielo o el Infierno según sea nuestro desarrollo interno y según sean y controlemos las emociones. Las personas con maldad y egoístas se sorprenderán porque ni se imaginan lo que es el Purgatorio, sin embargo, todos deberíamos tener siempre presente que según sean nuestros pensamientos y sentimientos así serán nuestras vibraciones y la materia que atraigamos del Mundo de Deseos y Mental y, por consiguiente, así estaremos formando nuestro futuro estado post-morten. Aunque se puede considerar al Purgatorio como una clínica donde “recibimos un tratamiento para curarnos de nuestros males”, es conveniente saber qué ocurre allí respecto al mal que hacemos a los demás.

A lo largo de nuestra vida, estamos grabando todas las experiencias (relacionadas con nuestros deseos, sentimientos, palabras, pensamientos y acciones) en un átomo que después de la muerte nos llevamos para poder extraer el beneficio del bien y del mal que hayamos hecho en la Tierra. Una vez en el Purgatorio y durante un tiempo, llevamos una vida similar a la terrestre porque estamos en los mismos sitios y entre las mismas personas con las que, en sus noches y mientras su cuerpo duerme, contactamos (digo sus noches porque en el Purgatorio no hay noches para los que ya no viven) También estamos entre otros seres “muertos” y otros que viven pero que se dedican a ayudar a los muertos. Pero claro, si esto solo fuera así sería un cielo, porque a algunas buenas personas incluso se les permite visitar el Cielo situado en las regiones superiores o visitar a sus seres queridos en la Tierra. Pero, ¿Por qué se llama Purgatorio? pues porque según van pasando las imágenes de la vida pasada, con sus correspondientes descansos entre un hecho que hay que purgar y otro, se va sufriendo el mal que hemos causado a los demás. Algunos piensan que ese “sufrir el mal que hemos causado” es algo así como un simple arrepentimiento, pero no es así, porque el dolor surge cuando la fuerza de repulsión de ese mal “arranca” la imagen o hecho de nuestro cuerpo de deseos. Así es que cada vez que nos llega una imagen que hay que purgar no permanecemos como un espectador ante ella, sino que sentimos el dolor causado al prójimo como si estuviéramos en su cuerpo en el momento de la ofensa y con el mismo grado (de odio, de deseo, etc.) con que lo emitimos.

En la primera región del Purgatorio, es donde más se sufre por las peores maldades, pero también por no poder satisfacer los deseos y las pasiones por el hecho de desearlos y buscarlas y no encontrarlas. Si en esta región sufrimos porque por la falta de sentidos físicos no podemos satisfacer las pasiones, en la segunda ocurre algo parecido pero respecto a los pensamientos, es decir, que pensar como pensábamos en la Tierra ya no sirve de nada porque la mayoría de los pensamientos son inútiles para el Alma. En la tercera región y entre otras cosas, ocurre algo similar a las anteriores pero respecto a los deseos y anhelos libres de maldad aunque terrenales, hasta que en la cuarta, por fin, desaparece el deseo de vivir en la Tierra aun teniendo todavía algún recuerdo o nostalgia de ella. Solo cuando se ha revivido la parte que corresponde al Cielo es cuando ya no queda ni siquiera esa nostalgia de la vida pasada, es más, desaparecen incluso las aspiraciones espirituales personales. Entonces es cuando la quintaesencia de las experiencias que hizo el hombre en su vida pasada penetra en el mundo del Ego o Alma, para así estar más cerca de su Padre y hacerse un poco más a Su imagen y semejanza. Por fin y ya en su hogar, el hombre desaparecido descansa como Alma hasta que al cabo de muchos años de felicidad interna, siente la necesidad de nuevas experiencias.

Como he dicho antes, el resultado de la purgación efectuada sobre la película que nos llevamos en el momento de la muerte, queda grabado en otro átomo especial (llamado permanente o simiente) en sentido moral para que en la próxima vida nos hable como voz de la conciencia cuando vayamos a hacer algo malo e incluso después de haberlo hecho. Una vez arrancada y disuelta la materia de baja vibración del cuerpo de deseos relacionada con el infierno y con el purgatorio, el hombre puede elevarse a las regiones superiores o Cielo donde recibirá la recompensa por sus buenas obras para que en la próxima vida le sirva de aliciente para que siga haciendo el bien. Pero el lector tampoco debe tener ese miedo que algunas religiones inculcaban con el Infierno y el Purgatorio porque, como he dicho, es una especie de clínica para purificar al paciente del mal mientras el paciente está asistido por otros seres humanos Ángeles e incluso Arcángeles. Claro que, al igual que aquí se ingresa en un hospital por enfermedades graves y menos graves, también allí hay un verdadero infierno o cirugía del dolor para los que “están muy enfermos”, es decir, para los que han hecho mucho mal. El cuerpo de deseos se abandona para ir al Cielo como se abandonaron los otros cuerpos en la Tierra, de hecho, tanto unos como otros tardan un tiempo en descomponerse. Pero cuando la persona es verdaderamente malvada, ese cuerpo de deseos se cristaliza y se compenetra hasta tal punto con el cuerpo etérico que puede subsistir hasta que el Ego renazca de nuevo. Entonces y puesto que el átomo-simiente de ese cuerpo tiene que atraer materia para el nuevo cuerpo de deseos, también atrae al cuerpo de la anterior vida (llamado en la filosofía rosacruz: cuerpo del pecado) y el hombre renace con una doble personalidad que bien puede ser  más o menos buena por su nuevo cuerpo de deseos y mala por el antiguo.

Una vez comprendido lo dicho en estos párrafos, está claro que el ser humano debe esforzarse por acortar el tiempo en el Purgatorio, y para ello debe procurar no hacer mal con sus deseos, sentimientos, pensamientos y acciones. Pero además de eso tiene otras formas de ayudarse a sí mismo, por ejemplo:

1º.- Auto-programándose cada mañana para visualizar los momentos en que suele car en el mal durante el día para verse superando el problema y emitiendo sentimientos y pensamientos positivos hacia los demás.
2º.- Haciendo una retrospección visual desde el momento de acostarse hasta que se levantó por la mañana para ver dónde, cómo y por qué ha caído en el mal y así proponerse no caer al siguiente día.
3º.- Una vez al año o, al menos, antes de morir apuntar todo lo que se recuerde del mal que se ha hecho durante ese año o vida para luego hacer un verdadero ejercicio de arrepentimiento, reforma y restitución.

                                   Francisco Nieto

sábado, 15 de junio de 2013

PREPARÁNDONOS PARA EL ESTADO POST-MORTEN (II)




El mundo físico es un mundo de muerte, aunque cada noche restauramos los cuerpos gracias a las fuerzas existentes en los mundos superiores, el hombre nunca se recupera totalmente y va envejeciendo hasta que esas fuerzas destructivas que durante el día nos afectan, ya no pueden más y el cuerpo físico muere facilitándonos así un descanso y una recuperación mayor que la que hacemos por las noches. Así es que, nosotros estamos aquí para vivir el máximo de años posible para poder extraer más beneficio de las experiencias, a la vez que intentamos elevarnos hacia los mundos espirituales por medio de las obras, del intelecto, de la moral, de los sentimientos, etc. Tenemos dos necesidades importantes, una la de restaurar al cuerpo físico por las noches, y otra, la de restaurar los valores morales y espirituales después de la muerte. Digo necesidad porque con cada mal pensamiento, sentimiento, deseo o acción contra otra persona degradamos nuestro yo y para hacer esa restauración existen los medios necesarios después de la muerte. Por consiguiente, mientras estamos aquí en la Tierra tenemos dos opciones: 1ª.- La de destruir equivocadamente al yo y crearnos nuestro propio infierno; y 2ª.- La de buscar la manera de desarrollar el aspecto mental, moral y espiritual para crearnos el Cielo que después de la muerte disfrutaremos. La parte positiva de esto es que, aunque nos degrademos como hombres, siempre tendremos la oportunidad de reparar los daños causados y de arrepentirnos para volver a intentar vivir la vida espiritual.


Nosotros aquí no podemos trabajar directamente sobre nuestros cuerpos de deseos y mental, pero sí podemos (tenemos ejercicios y métodos para ello) hacer que, aun como humanos, podamos ser conscientes en cada ahora para, mediante la auto-observación, rectificar nuestros defectos. Aunque algunos no lo crean, también podemos degradarnos después de la muerte si durante la estancia en el Purgatorio no ponemos de nuestra parte pero, como he dicho respecto a la vida, también aquí podemos acelerar el proceso de purificación y espiritualidad. De lo que sí debe ser consciente el lector es de que los resultados de la vida tendrán su merecido y recompensa después de la muerte, y de que los cuerpos que necesitará para la próxima vida estarán formados (con sus defectos y virtudes) de acuerdo al karma o resultado de esta vida. La fuerza moral, intelectual y la salud física en una vida tienen su causa en los resultados de lo que hizo en la anterior, y el poder interno, la conciencia y la voluntad son el resultado del poder adquirido por el Alma después de extraer la quintaesencia de las experiencias de cada renacimiento. Es necesario destruir el cuerpo físico después de ciertos años de experiencia para que el Ego extraiga poder de expresión sobre el hombre a la vez que éste se eleva sobre lo material y lo personal para acercarse a su verdadero hogar. Si no fuera por lo que ocurre en los mundos superiores, después de la muerte no podríamos renacer y no podríamos evolucionar porque no tendríamos poder espiritual para ello; es el poder del Alma y la ayuda de otros seres existentes en esos mundos los que nos facilitan un nuevo renacimiento y todo lo que necesitamos para seguir el Plan de Dios. Aquí tenemos medios para obtener fuerza y vitalidad para el cuerpo físico, pero sólo en los otros mundos podemos obtener la fuerza que necesitan nuestros cuerpos invisibles, y eso solo se consigue muriendo.

Hay quienes piensan que después de la muerte nos transformamos en buenas personas como por arte de magia y que allí nos facilitan todo lo necesario para vivir felizmente, pero eso no es cierto. Cada mundo tiene una función para cada uno de nuestros cuerpos y por eso mismo, lo que no hayamos conseguido aquí en el mundo físico no nos lo pueden facilitar en esos otros. Si no creemos en otra vida, si no creemos en el Cielo, o si no creemos que allí hay Ángeles y Arcángeles, no encontraremos fácilmente todo eso hasta después de un tiempo de sufrimiento, incertidumbre o soledad que nos lleve a buscar y a creer. Los que se burlan de estos conocimientos (por otro lado muy lógicos) están desperdiciando la oportunidad de adquirir un gran adelanto en el más allá porque lo que están haciendo, ignorantemente, es rechazar el contacto, la ayuda y el conocimiento que esos seres les pueden dar. Pero eso no es lo peor, lo peor es que es muy posible que en la próxima vida se le niegue en parte este conocimiento para que sea él quien se sacrifique y se esfuerce por encontrarlo y comprenderlo.

La gran mayoría de las personas hacen lo que se ven obligados a hacer como deberes familiares, de trabajo o sociales, pero no saben que están retrasando su progreso. Cuando alguien, además de cumplir con sus deberes, se esfuerza por elevar su moral y su intelecto y se preocupa por adquirir nuevos conocimientos o desarrollar más elevados ideales, está adelantando en gran medida porque está sentando las bases para un crecimiento espiritual después de la muerte. Por el contrario, quien no hace nada de esto, se verá cada vez más dominado por lo material hasta que, en alguna vida, él mismo sienta la necesidad urgente de buscar sin saber dónde. La gran ventaja del estudiante de filosofía oculta es que, además de estar preparado para el momento de la muerte y para acelerar y mejorar el proceso post-morten, también lo está para colaborar en las labores que se hacen en ese mundo. Queramos o no, el conocimiento y el resultado de los ejercicios espirituales que hagamos, más el deseo de servir en el Plan Divino, se convierten en “Poder” para mejorar el estado en el más allá.

Todo lo que se cruza en nuestro destino tiene un porqué; los hechos más importantes de nuestra vida están así “programados” para algo, incluso el mal que nos viene como deuda de otras vidas, siempre trae una enseñanza que nos ayudará a progresar. Para aprender de todos esos aspectos es necesario tener voluntad para interesarnos y ser conscientes de lo que queremos hacer y hacemos. Es decir, no se puede extraer apenas nada de un libro si mientras lo leemos nos estamos durmiendo, o no podemos enterarnos de lo que nos dicen si mientras “escuchamos” estamos pensando en otras cosas. El que está “despierto”, o sea, el que pone plena atención y se auto-observa, es el que se hace consciente y guarda todo para extraer un mayor beneficio cada noche y después de la muerte. Quien aprende, quien se adapta y quien se hace consciente, adquiere más poder espiritual para hacer frente a lo que ocurre después de la muerte y para resolver su propio karma. No podemos aprender en el más allá si no nos hemos preparado aquí, y no tendremos tantas posibilidades en la nueva vida si no hemos obtenido buenos resultados en el más allá.

El ejercicio de la concentración, la devoción, la atención a lo que sentimos y a lo que pensamos y casi todo lo que hacemos aquí en la vida física, tiene sus buenos resultados en la vida post-morten. Lo mismo que es importante que seamos conscientes de lo que hacemos, decimos, pensamos, etc. para que la película de nuestra vida quede bien grabada, también lo es el interés que pongamos para desarrollar cualidades morales, intelectuales y espirituales. De acuerdo con esto, así será nuestra estancia en cada una de las regiones que componen el Purgatorio y el cielo y así seremos capaces de asimilar el poder que de cada estancia se adquiere. Hay que comprender que lo mismo que aquí hay leyes naturales que rigen el mundo físico, también lo es que allí hay otras leyes que nos someten y cuyos resultados dependerán de lo que hayamos conseguirlo alcanzar aquí. También es necesario tener presente que la vida futura y la conformación de los cuerpos depende de todo esto y de las causas que se hacen en la vida terrenal. Durante la noche no somos conscientes de cómo esas fuerzas reconstruyen nuestros cuerpos, pero después de la muerte sí somos conscientes de todo y podemos colaborar para hacer un mejor aprendizaje y un mejor trabajo.

Después de la muerte y una vez que alcanzamos las primeras regiones del Purgatorio, nos vemos obligados a ver retrospectivamente nuestra vida pasada antes de poder elevarnos al Cielo. Las tres divisiones inferiores del mundo de deseos, y más aún la primera, es casi una continuación de la vida física, pero también desde donde comenzamos a olvidarla según ascendemos hacia el Cielo. Allí el hombre sigue deseando y pensando como aquí, pero como no puede satisfacer sus deseos por no tener cuerpo físico, sufre hasta que se olvida de ello; es esa “liberación” la que arranca del cuerpo de deseos lo que domina al hombre y que no le es útil al Alma. Pongamos un ejemplo: Las personas que tienen poca personalidad y poco carácter y hablan y piensan según la opinión de los demás, o los que viven y opinan basándose en las opiniones de los políticos, entre otros; esto es una pérdida de tiempo y un sufrir absurdo en el Purgatorio. Lo que pensamos aquí se convierte en hechos allí, y por eso es necesario que seamos más conscientes de nuestras actitudes y expresiones porque, si no es así, las fuerzas allí existentes nos harán sufrir sin necesidad. Aquí creamos un pensamiento contra alguien y no nos ocurre nada, digo más, si nos dieran la oportunidad de rectificarle no podríamos porque ya está creado. Pero allí no ocurre lo mismo porque el pensamiento se manifiesta vivo ante nosotros causándonos el dolor que podría haber causado a la otra persona si hubiera sido consciente de él. Es entonces cuando el dolor en nosotros hace que cambiemos al respecto para luego olvidarlo, no sin antes haber dejado un recuerdo en forma de conciencia. Pero también hay hechos que necesitan rectificarse, no en la vida post-morten, sino en la próxima vida física como, por ejemplo, el ludópata o drogadicto que se gasta el dinero que necesitan para comer y maltrata a su esposa e hijos. En este caso, él sufrirá en el Purgatorio el dolor moral causado a su familia, pero tendrá que renacer junto a esas Almas, con alguna relación cercana, para poder rectificar y devolverles lo que les quitó físicamente para gastárselo.

Está claro que además de purgar el mal, la moral y todos los demás valores son los que nos sitúan en nuestro lugar y los que nos facilitan más ayuda. Un ser inmoral y antisocial tiene poco sitio en estas regiones, y cuando lo tiene es para estar entre algún similar. Los que nos esforzamos por ser un poco mejores también metemos la pata muchas veces y, aunque después queramos compensar la mala obra con otra buena, si no pedimos, perdón a la persona o si no hacemos un verdadero y profundo arrepentimiento, tendremos que revivirlo en el Purgatorio. En estos casos, primero sufriremos el dolor de la ofensa en el Purgatorio y después recibiremos la compensación de las buenas obras que le hayamos hecho. Sin embargo, tanto en la vida física como después de la muerte, es la fuerza de pedir perdón y del arrepentimiento lo que nos hace ver el mal que hicimos para después repararlo; a veces la propia impotencia al ver el mal que hemos hecho nos da también fuerza para compensar el mal del prójimo. Quien crea que solo tendrá que hacer frente en el Purgatorio al dolor causado por los deseos y sentimientos que él conoce, está confundido, porque allí se limpia la personalidad del más mínimo detalle, emoción o pensamiento que pueda causar desarmonía en las regiones celestiales.

Francisco Nieto

martes, 13 de octubre de 2009

EL RENACIMIENTO


El renacimiento es el principio universal por medio del cual la vida evolucionante utiliza la forma física como vehículo de manifestación a medida que se desarrolla, a la vez que asimila y guarda en sí misma el fruto de las experiencias en dichas formas; esto es, “evolución” de la vida a través de la forma. El fin de cada minúscula vida manifestada, aún siendo parte de la vida de su creador, es la individualización y la obtención de la propia auto-conciencia, y para ello, en cada manifestación física, obtiene cierto poder y grado de conciencia que va sumando a todo lo anteriormente desarrollado. Cuando se obtiene la autoconciencia se dice que nace el “Ego” que es una representación del verdadero espíritu creado por Dios y que es el que se manifiesta a través de los mundos y los cuerpos mental, de deseos, etérico y físico. El Espíritu contiene todas las posibilidades de desarrollo para ser un dios, todos los poderes de Su Creador, y todas las vibraciones relacionadas con Dios mismo, de ahí que el hombre evolucionante debe terminar venciendo al renacimiento y descartando los cuerpos para continuar su desenvolvimiento hasta ser uno mismo con su Espíritu. Es, por tanto, la experiencia con los diferentes cuerpos y en los diferentes mundos los que, a través de los choques externos que afectan a los cuerpos, despertarán las vibraciones del Espíritu (Del Dios en formación) y los que, a su vez, crean la autoconciencia y los poderes de Dios en el hombre; así despertamos y hacemos activos los poderes del Espíritu y de Dios en nosotros.
De esta forma podemos comprender cómo la vida que anima una forma física se hace activa gracias a los estímulos externos y experiencias pero que, además, cuando la forma perece, la vida conserva un resumen de sus experiencias, lo que la hace un “alma” de la siguiente forma. Una vez ya en otra forma o cuerpo, manifiesta sus peculiaridades como resultado de todo su anterior desarrollo individual para modelar la forma según sus necesidades de manifestación y de desarrollo tal y como intenta cumplir la Ley de Renacimiento para consumar el Plan de Dios, es decir, evolucionar hasta ser Dios. Una forma vierte también ciertas peculiaridades en cualquier otra que se derive de ella (una semilla que se hace planta o el propio hijo) Sin embargo, nunca se puede decir eso mismo respecto a los aspectos morales, intelectuales y espirituales puesto que un genio puede tener un hijo disminuido física y mentalmente o el hijo de un analfabeto o imbécil puede ser un genio. Son las Leyes de Renacimiento y Consecuencia las que intervienen en este proceso. Lo que hizo un individuo de bien o de mal en otra vida y respecto a otros, las deudas que tenga así como las necesidades de desarrollo, serán las que determinen la elección de los padres para que le faciliten la materia para su cuerpo físico y para que éstos le faciliten el medio social donde debe crecer hasta que, a su mayoría de edad, haga frente a su destino con los poderes de su Alma. Los poderes del Alma (el desarrollo del Ego) que haya alcanzado serán las herramientas con las que debe afrontar su destino.

PRUEBAS SOBRE EL RENACIMIENTO. Dos hermanos gemelos pueden ser idénticos durante algunos años pero, por lo general, a partir de los 21 que el Ego puede manifestarse más plenamente a través de sus vehículos, cambian algunos aspectos de la forma y más aún respecto al carácter puesto que son diferentes espíritus. En estos casos como en los de los niños prodigio, se entiende que una cosa es la herencia física de los padres y otra el carácter moral, intelectual y espiritual de cada Ego que se manifiesta en cada cuerpo físico. Los niños prodigio, vengan de padres cultos o incultos, demuestran que ya traen más sabiduría y cualidades respecto al campo donde se hacen genios, y eso no lo han podido adquirir nada más que en anteriores renacimientos. Si no existiera el renacimiento todos partiríamos de cero respecto a la moral, lo intelectual, lo espiritual y las habilidades para hacer determinados trabajos, luego entonces, ¿de dónde proceden tan distintas gradaciones en carácter y habilidades en las personas? Por la herencia de los padres no puesto que sabemos que de una familia inculta puede nacer un genio y lo contrario o que de unos padres normales puede hacer un monstruo deforme y otros hechos similares. Por tanto no queda más remedio que aceptar el renacimiento puesto que explica que lo que somos es el resultado de lo que hemos sido en otras vidas.
Alguien puede pensar que todo es fruto de los resultados de la sociedad y del progreso humano, pero a esto hay que oponerse diciendo que ¿dónde están los que deberían superar a los grandes genios del pasado, los grandes hombres santos, intelectuales, y científicos? Es cierto que la humanidad progresa precisamente porque los estudios y conocimientos del pasado de un Ego los aplica a la siguiente vida, pero eso es respecto a la vida o Ego que anima el cuerpo y no como efecto del progreso de la materia y de los cuerpos físicos. Lo único que se puede admitir respecto al progreso físico es que, por ejemplo, un Ego que fue un buen músico en otra vida y desea continuar en otra vida esa misma línea de aprendizaje, debe buscar unos padres relacionados con la música porque necesita crear un cuerpo con cierta organización nerviosa y otros aspectos relacionados con el oído y a veces con los dedos, etc. Eso, como es obvio, sí depende de la herencia genética, sin embargo, ¿y cuando los descendientes de un genio ya no muestran esa genialidad? Esto demuestra que es el Ego quien manifiesta su sabiduría a través de los cuerpos y no del desarrollo físico ni la herencia genética. Todo lo que hemos aprendido en otras vidas lo tiene el Ego al alcance de la mano y no puede manifestarlo como recuerdo o memoria porque el cerebro actual no es el de anteriores vidas y porque, mientras no purifiquemos nuestros cuerpos (eliminemos barreras) para ponernos más a su alcance, no podremos recordar nuestros pasado individual. El hombre no es un mero juguete de un Dios personal, ni de una justicia caótica y cruel que juega con el destino de la humanidad.
El renacimiento hace que el hombre sea digno e inmortal y que tenga un destino espiritual y una meta gloriosa, si no fuera así estaríamos a merced de las circunstancias y de la casualidad. El renacimiento es progreso material, desarrollo moral, espiritual e intelectual, y gracias a eso podemos tener la esperanza de alcanzar una meta muy elevada. ¿Qué porvenir tiene el hombre si no se admiten sus anteriores vidas? y, por el contrario ¿Qué hace que el hombre se esfuerce por progresar en todo lo que nos rodea pero siempre buscando algo mejor si no tuviera un pasado? El pasado de cada uno es el que impele a desarrollar mejoras para la humanidad, es lo que nos da fuerza, nos hace dignos y nos inspira confianza en unas leyes que, aunque no las conozcamos, son inmutables y justas.

SOBRE LA MUERTE: La muerte no existe, es solo una ilusión terrestre. Hay un cambio de conciencia y de las condiciones de la vida, pero aún con estos cambios, la vida continúa sin interrupción como continúa el siguiente día después de una noche donde se ha tenido un profundo y placentero sueño. Cuando dormimos estamos vivos puesto que nuestros cuerpos están vivificados por el hilo de vida que desciende de los mundos superiores. Por otro lado, también podemos considerarlo prácticamente muerto puesto que la conciencia está funcionando en otras dimensiones, unas dimensiones de las que el cuerpo no tiene conocimiento. Sin embargo, el cuerpo vive precisamente gracias a la vida que desciende desde el mundo donde se encuentra el Yo superior para manifestarse en él. Así es que casi podríamos decir que uno de los motivos por los que no hay que tener miedo a la muerte es porque morimos cada noche, es decir, la conciencia se desconecta del cuerpo físico para utilizar otros cuerpos, los cuales se expresan a través de lo que llamamos sueños. Las causas que originan los sueños son muy diversas según el plano donde se encuentre la conciencia y según sean los hechos y los seres que se estén viendo pero, como por lo general el hombre no es consciente de los mundos superiores no sabe traducir esas experiencias ni darles una forma exacta salvo que lo haga por medio del subconsciente. De ahí que yo manifieste mi opinión en contra de la interpretación de los sueños porque para, poder creerlos, el que lo interpreta debería saber dónde ha estado, qué ha hecho y con qué seres ha estado la persona.

POR QUÉ SALIMOS CADA NOCHE: Cuando salimos del cuerpo físico por las noches y nos llevamos la mente y el cuerpo de deseos lo hacemos, entre otras cosas, para restaurar la armonía, elevar la vibración y revitalizar el cuerpo etérico y el físico. De aquí que cuando tenemos un sueño profundo, es decir, cuando salimos totalmente del cuerpo físico, nos despertamos al siguiente día sin sueño y totalmente descansados. Como durante el día gastamos esas energías en todas nuestras actividades físicas y psíquicas y, aunque el cuerpo etérico absorbe y hace suya la energía solar, llega un momento en que ésta se agota y el cuerpo comienza a sentir cansancio y sueño. Como ocurre en la fotosíntesis de las plantas, el cuerpo distribuye la energía solar por todo el sistema nervioso para que, junto a las calorías de los alimentos, el cuerpo pueda funcionar. Pero cuando el acumulador y distribuidor de energía solar (el bazo etérico) se ralentiza cuando llega la noche y las toxinas afectan también al funcionamiento del organismo, el Ego se ve obligado a salir del cuerpo y, por tanto, a perder la conciencia del mundo físico.

MOMENTO DE LA MUERTE Y DESPUÉS DE LA MUERTE: Además de entregar a la naturaleza la materia que nos prestó para que pudiéramos adquirir experiencias y para elevar la conciencia, en el momento de la muerte ocurre lo siguiente: Primero, que el dolor va desapareciendo progresivamente de las células, las que, a su vez y de acuerdo a una acción del Ego, coagulan la sangre; y Segundo, que según aumenta la coagulación el corazón trabaja más lentamente hasta que la propia coagulación le paraliza. Pero todavía hay vitalidad en las células y aun se tiene que hacer un registro y recopilación de la vida antes de que ocurra la verdadera muerte del cuerpo físico, es decir, la liberación del Alma. Después de la recopilación el Alma se ve envuelta por un silencio mientras que, por lo general, está en compañía de Ángeles y o seres queridos; a partir de ahí podríamos decir que ya no se identifica con el cuerpo sino con la mente. La muerte o retirada de la atención del Ego de su cuerpo físico se produce cuando el cuerpo no es capaz de resistir las energías que producen la vida, energías que proceden de los mundos más elevados. Esto produce un proceso de cristalización en el cuerpo físico que tiene como consecuencia la rotura del cordón plateado por parte de los Ángeles encargados de esa labor que no es otra que emitir una determinada nota vibratoria dentro de la estructura física.
El momento de la muerte es similar a cuando nos quedamos dormidos, no se siente dolor físico porque la atención está concentrada en los mundos invisibles aunque aun sea consciente de que está en el mundo físico. Durante unas horas se encuentra como en una especie de ensueño pero feliz de no sentir la carga de su cuerpo físico y de sus malestares; una vez cruce el umbral y se encuentre en el Purgatorio todo dependerá de la vida que haya llevado aquí en la tierra. El que ha sido dominado por su cuerpo de deseos (pasiones, vicios, etc.) tendrá que sufrir intensamente por no poder satisfacer esos mismos deseos intensos. La misma ansia por disfrutar de los placeres terrenales será su purgatorio puesto que no están a su alcance y esto será así hasta que esos deseos y ansias se agoten por falta de complacencia; lo que no es un castigo sino una consecuencia que no se puede eludir. Sin embargo, los que creen en el castigo del infierno eterno sufren porque ellos mismos se torturan esperando a que suceda; gracias a que hay seres que les auxilian su sufrimiento dura poco.
Lo mejor es morir lentamente en la cama porque los que mueren repentinamente se ven en otro mundo totalmente desconcertados. Si, además, la muerte es por accidente, suicidio o asesinato es peor porque se ven atados a la tierra hasta que llegue la fecha en que debía ser su muerte natural. En el caso del suicida así como los que pierden la vida por sobredosis de droga u otros hechos voluntarios, no solo sufren las mismas necesidades que cuando estaban vivos sino que, además, no pueden eludir el motivo por el que lo hicieron. No es necesario repetir que cuando condenan a muerte a alguien, además de no poder controlarle por estar libre del cuerpo físico, lo que hacen es liberar a una persona que odia a la sociedad, que busca venganza, y que se comporta como un tentador ante otros vivos de su misma ideología. Los que en vida solo se han preocupado por ir a la moda, por divertirse y por sus negocios, en vez de interesarse por la vida superior, lo artístico y lo espiritual, llevan una vida monótona y desdichada hasta que se dan cuenta de que necesitan buscar y desarrollar algo superior. No es lo mismo dedicar el tiempo libre a consumir y a crearse malas costumbres y vicios que dedicarse a la música, el arte, la poesía, a disfrutar de la naturaleza o a cualquier otro aspecto devocional. Lo que perdura después de la muerte como ideales elevados se convierte en ayuda para el desarrollo, pero lo que atrae al hombre hacia la tierra le hace sufrir y le atrasa en su ascenso a través de los mundos espirituales.
En el momento de la muerte el silencio es imprescindible para que la persona se vaya recuperando, para que recopile su verdadero ser y para que vaya abandonado todo lo material lentamente y pueda elevar su conciencia con la ayuda de los Ángeles. Los que se introducen en el mundo de lo esotérico y comprenden esta filosofía saben que deberíamos morir cada día, es decir, deberíamos tener menos apego a lo material y no dejarnos llevar tanto por los sentimientos y deseos animales. Hay que dejar ya en vida lo que no nos será necesario allí, cuanto más vivamos en todas esas cosas más tardaremos en pasar al otro mundo y más difícil se nos hará la adaptación allí.
Existen unos Ángeles encargados de ayudar a los humanos en el momento de la transición de este mundo a los superiores. Al igual que en el nacimiento, la madre y las circunstancias pueden ayudar o entorpecer. En la muerte natural, tanto en los domicilios como en hospitales, hay Ángeles que administran esa paz o “anestesia” necesaria para que esa persona no sufra cuando se desconecta de su cuerpo. Pero cuando hay mucho miedo a la muerte o ésta se produce por un accidente o por violencia, la labor de estos Ángeles no tiene el mismo resultado. El conocimiento oculto ayuda en este proceso para que el difunto esté predispuesto y se abandone a estos Ángeles y a otros seres humanos que también colaboran; el fin de esa labor es que tenga confianza y seguridad en esos seres. Después vendrá el sueño pacífico y placentero para algunos, aunque no para los más desarrollados que no necesitan tal experiencia.
La labor de estos seres es hacer que vayamos perdiendo la conciencia del mundo físico y que tomemos conciencia de los mundos superiores y de nuestros nuevos vehículos. Aunque cada noche visitamos estos planos, no estamos familiarizados ni capacitados para funcionar allí como lo hacemos aquí, pero eso no debe de preocupar a nadie porque allí siempre encontramos a otros seres queridos o a personas preparadas y dispuestas para darnos la bienvenida y explicarnos muchas cosas. En esos momentos toda ayuda desde la tierra será beneficiosa para el difunto y mucho más las misas y oraciones que se puedan hacer. Al cabo de un tiempo se comienza a experimentar el purgatorio de una forma similar a una cuarentena pero a intervalos para que a cada sufrimiento le siga un descanso o momento de reflexión. Los que aún estamos aquí debemos tener un concepto claro de todo esto y pensar que nuestros muertos están tan bien como cualquier otro familiar que viva en un país lejano; nosotros debemos enviarles todo lo mejor y tener confianza en que lo recibirán y nos lo agradecerán.
La muerte es la pérdida de los sentidos pero no de la conciencia de sí mismo, y la prueba es que cuesta convencer a algunos de que han muerto, es más, los que no saben que han muerto reciben un fuerte shock cuando descubren que pueden atravesar las formas que ellos creen que son sólidas o cuando hablan a alguien y no les contesta. Por lo general y nada más morir, la persona se encuentra en un profundo océano de luz donde su energía está fuera de control, sobre todo porque no sabe lo que sucede. En esos momentos se siente llevado de un lado para otro por las corrientes de fuerza de los diferentes mundos porque afectan a sus cuerpos, incluso se dejan llevar por las corrientes emocionales de las personas que manifiestan su dolor cerca de ellos. Pero cierta clase de Ángeles y auxiliares también suelen encontrarse en ese lugar para indicarle el camino que debe seguir, un camino de luz por el que puede moverse a gran velocidad por muy impedido que haya estado antes de morir. Al contrario de lo que se piensa que la muerte es la aniquilación de la conciencia, después de la muerte, la conciencia surge de sí misma y recobra los valores formados gracias a la experiencia espiritual que haya tenido.
Cuando nos encontramos en el cielo parece como si nos sintiéramos impedidos por no tener ya el cuerpo físico pero no tardamos en darnos cuenta de que tenemos el resultado de todas las experiencias terrenales más la posibilidad de desarrollar muchas facultades que quisimos y no pudimos desarrollar en la tierra. Esto se consigue no solo por la facultad de manejar la materia de esos planos sino también gracias a la ayuda de los seres que allí habitan y evolucionan. Démonos cuenta que nuestra vida (terrenal y celestial) procede de Dios y que ésta se manifiesta a través de nuestro verdadero Espíritu, el cual intenta inculcarnos lo mejor para que nuestras “intenciones” y deseos sean fruto de Su propia naturaleza. Desde ese punto de vista, nosotros, con nuestra voluntad y libre albedrío, nos convertimos en leyes y juzgamos nuestros propios hechos de acuerdo a la Ley de Dios, pero cuando nos desviamos y no escuchamos la voz de Dios y de la conciencia estamos fuera de la Ley y las consecuencias son muy diferentes. Todo lo bueno que trabajemos y desarrollemos aquí en la tierra se convertirá en poderes en el Cielo. Es más, cuanto hayamos deseado y pedido con la intención de ayudar y obtener desarrollo espiritual pero, a su vez, nos ha sido negado por nuestro propio karma, nos será concedido en el Cielo puesto que dicho karma terrenal no existe en el Cielo.
SENTIMIENTOS HACIA LOS MUERTOS: Los malos sentimientos y pensamientos hacia una persona recién fallecida son un obstáculo para que ese ser tenga paz porque éste los percibe, sin embargo, los buenos sentimientos y deseos ayudan en ese estado de transición y eliminan los obstáculos. Por otro lado, los muertos acuden a los domicilios de los vivos mientras duermen (más a los de familiares) durante un tiempo para “alimentarse” de las vibraciones positivas de los diferentes cuerpos buscando siempre los que están en sintonía con su carácter. Por eso es una buena costumbre dormirse después de orar, meditar o, al menos, tener buenos pensamientos y deseos de ayudar a los demás.
Pero también se puede ayudar a los seres queridos que han pasado al más allá puesto que sabemos que a los pensamientos se unen los sentimientos y éstos, a su vez, a la persona a quien van dirigidos. Cuando hablamos o pensamos en alguien que ha pasado al más allá no hace mucho tiempo, le pueden llegar las vibraciones y, como sabemos, ayudar o entorpecer. Por tal motivo podemos deducir que una misa, unos comentarios cariñosos o una simple lectura de temas espirituales como si esa persona estuviera presente, le puede ayudar en forma de armonía, paz y felicidad interna. Que decir tiene que si leemos (no es necesario en voz alta) algo que sabemos que le gustaba será mucho mejor, de cualquier forma, hay casos en que, si el lector está atento y es un poco sensible, puede intuir o sentir la presencia del ser querido. Algo similar se puede hacer nada más morir una persona aunque no crea en estos conocimientos, bien sea enviándole pensamientos y sentimientos cariñosos y espirituales o bien explicándole lo que le va a ocurrir a partir de ese momento.

Francisco Nieto