"DIOS ES LUZ, SI CAMINAMOS EN LA LUZ, COMO QUE ÉL ESTÁ EN LA LUZ, TENDREMOS COMUNIÓN UNOS CON OTROS. EL QUE AMA A SU HERMANO ESTÁ EN LA LUZ PERO EL QUE ODIA A SU HERMANO ESTÁ EN TINIEBLAS Y NO SABE A DÓNDE VA PORQUE LAS TINIEBLAS LE HAN CEGADO LOS OJOS.
martes, 14 de agosto de 2012
BUSCANDO EL VERDADERO SENDERO (y III)
Cuando el aspirante, al cabo de cierto tiempo, se hace sensitivo hasta determinado grado, su mente se encuentra ante una encrucijada o, mejor dicho, ante tal soledad que no sabe qué hacer porque ni el pasado ni el futuro están para actuar por sí misma. La mente se encuentra ante algo desconocido ayudado (en todo caso) por la buena voluntad y el desarrollo espiritual acumulado de otras vidas que, como voz de la conciencia o intuición, pueden guiar hasta cierto punto sus pasos. Esto significa que el trabajo del aspirante ha alcanzado tal grado que su mente se ha agudizado y se encuentra en un estado de gran intensidad por estar muy despierta y alerta (y no distraída con el pasado y el futuro) Por tanto, el aspirante debe ser responsable y no volver a dejarse dominar por las emociones ni por los deseos personales. Por otro lado, debe quedar claro que el hecho de controlar la mente hasta el punto que estamos mencionando no significa que no se pueda usar con discernimiento y buena voluntad para hacer el bien, tomar decisiones correctas, cumplir con los deberes y responsabilidades, etc., puesto que, precisamente ahora tenemos la ayuda de lo superior de una forma más directa que antes. Pero, de lo que nunca se debe olvidar el aspirante, es de su propia observación y auto-consciencia para estar siempre alerta ante cualquier posible despertar de algo que distraiga o condicione a la mente.
Cuando el aspirante silencia su mente hasta el grado mencionado es cuando puede hacer objetiva la búsqueda del verdadero Sendero de Santidad. Es decir, cuando está listo para ver la realidad de lo externo de la vida y cuando la mente es controlada y silenciada y su objetivo es el Sendero de Santidad, es cuando ya no se teme a nada porque la mente es libre y no se identifica con lo que perciben sus sentidos ni con las sensaciones e impactos que antes la distraían y la condicionaban. Pero el sendero implica llevar a cabo el cumplimiento de las leyes divinas y, por tanto, no solo debe el aspirante estar alerta para no hacer el mal (debilidades y defecto personales) sino que a partir de ahí deberá intentar hacer el bien en cada momento, en cada aquí y ahora, o sea, con su mente, con sus deseos y sentimientos, con palabras y con sus buenas acciones. Esto, evidentemente, conlleva una actividad de humanidad y de sumisión a Dios para no creerse más que nadie y, por el contrario, ser un instrumento al servicio de los demás. El descubrimiento del verdadero sendero trae consigo el contacto con el Alma la que, a partir de ahí, hablará al aspirante con una voz cada vez más fuerte.
En el mundo del esoterismo se suele hablar del camino hacia la iniciación que es como decir del sendero de santidad. Al hecho de cambiar ciertos hábitos o aspectos de la personalidad le suelen llamar “comenzar el sendero” pero, en realidad no es tan simple, sobre todo porque se basan en simples informaciones, libros, etc., que llegan al conocimiento del aspirante. En la mayoría de los casos, el hecho de comenzar el sendero de esa manera y sin haberle descubierto antes, lleva al fracaso por monotonía o cansancio. Cuando se comienza el sendero imitando lo de otros y sin la guía y la creatividad interna no se puede hablar de un recto comienzo que traiga la alegría interna que debe traer. Los senderos a que me estoy refiriendo son senderos de disciplina, mientras que el sendero que lleva a la Verdad es un camino individual que se descubre cuando se hacen los trabajos previos con interés profundo y entusiasmo. Así es que, el sendero de santidad o de iniciación varía de un individuo a otro incluso perteneciendo a una misma escuela iniciática porque el desarrollo interno, las experiencias y el carácter no son lo mismo en todos los aspirantes.
Si para comenzar a hacer el sendero tenemos que descubrirle está claro que debemos ser observadores, y si el sendero es individual y no es un objeto físico, tendremos que practicar la auto-observación y la auto-conciencia en cada momento o aquí y ahora. Por tanto, para comenzar o descubrir el sendero hay que desarrollar una nueva condición mental o conciencia ya que, en realidad, podemos estar descubriendo aspectos internos a cada instante que serían la base para descubrir el sendero. Tampoco hay que confundir ese “descubrir aspectos internos” que muchos aspirantes hacemos con el comienzo del sendero, sólo cuando se está comenzando el sendero se vive la vida (momento a momento) con alegría porque descubrir el sendero es comenzar a percibir y vivir la espiritualidad que hemos acumulado como ser interno. Así es que, cuando se comienza el sendero (vivir la espiritualidad interna) una vez descubierto, ya no cabe la maldad en ningún sentido porque la experiencia es individual y debe estar complementada con la observación y el recuerdo de sí mismo. El sendero se ha de descubrir constantemente por medio de la sumisión ante lo desconocido y ante lo no alcanzado hasta ahora, es decir, en el silencio que sigue a lo que hasta ahora era la actitud de la personalidad; es una nueva fuerza que llena y satisface al corazón del aspirante.
Comenzar a “Hollar el Sendero” es, por tanto, camina r en compañía del Yo superior, de la Verdad o de Dios y esto debe ser así ante cualquier circunstancia de la vida. Esta es la gran diferencia con lo que otros llaman hollar el sendero (hacer cambios en la personalidad) Aquí no cabe la duda porque este “descubrimiento” llena de gozo y de felicidad interna al aspirante y esto es así porque es la Verdad o Yo superior, quien guía al aspirante y le hace un luchador o canal de Él Mismo. Cuando dejamos de hacer oposición a lo que representa la personalidad y en el silencio actuamos como buscadores de la realidad, es difícil que fracasemos y que volvamos a vivir en la confusión y el caos personal. Aunque esto parezca una actitud pasiva no lo es porque donde hay esfuerzo y lucha personal no cabe la intervención del Espíritu. Sólo cuando la mente deja de luchar por conseguir el éxito, la seguridad o la continuidad de la vida es cuando puede manifestarse el Yo superior. Sólo cuando la mente deja de actuar por su cuenta es cuando se acaban las limitaciones que velan la “realidad”; el trabajo se debe realizar con el aspecto superior de la mente (discernimiento, intuición, inspiración) pero la “realidad” está por encima de la mente.
Nosotros, como individuos en el sendero, debemos ser el instrumento afinado para que suene la Verdad y se exprese, el Yo superior. Entonces el vacío o silencio se convertirá en la voz del Maestro que nos ayudará a hacer el Sendero en nuestra vida cotidiana. El Sendero de Santidad (también llamado de perfección) es un sendero de equilibrio entre el hombre común que se rige por la religión y el idealista que, guiado excesivamente por su confianza propia, no se da cuenta que todo esfuerzo consciente tiene un límite; el primero se pasa de pasividad (negatividad) esperando que Dios le perfeccione y el segundo también cierto sentido porque confía demasiado en sus propios poderes y confunde positividad con confianza propia. El camino que el aspirante debe seguir es aquel que deja a un lado las discordias, las preocupaciones, las ambiciones… y la lucha que, contra todo eso, sólo trae amargura y sufrimiento. Solo así se podrá escuchar la melodía que procede de los mundos superiores y solo así, entre las acciones, se podrá vislumbrar el silencio que lleva a la realidad. Cuando una persona, alerta y en su silencio mental percibe la belleza de una flor sin emitir pensamiento o palabra alguna, está observando la realidad y expresando internamente lo que percibe. Así mismo, nosotros podemos observar la calidad de los demás cuando percibimos el silencio que hay en el intervalo entre dos expresiones de sus expresiones; cuando se guarda esto en la memoria en vez del significado de sus expresiones es cuando nuestro Yo superior manifiesta el equilibrio en nosotros.
La realidad está representada por el silencio entre dos sonidos o pensamientos y para vivirla hay que auto-observarse y ser auto-consciente en cada instante, pero eso no evita que la mente y el cuerpo de deseos intenten responde a lo que nos llega por los sentidos (impactos externos) o de la actividad y hábitos de ellos mismos. Esto representa otra lucha difícil de alcanzar al menos en algunos aspectos, sobre todo porque tenemos grabado que lo que está en su lugar correcto representa el bien y lo contrario el mal, y porque nuestro estado mental suele estar cambiando constantemente sin un código de valores fijo y perfecto. Por consiguiente, para estar en lo superior y poder elegir lo correcto deberíamos buscar ese silencio entre expresiones en todo lo que nos rodea y eso sólo es posible con la atención plena y el control emocional. De aquí que hayamos hablado de observación intensa y de interés profundo en todas las expresiones de la vida. No estamos hablando del interés que identifica al hombre con el objeto o el que hace que el individuo juzgue o critique, ni tampoco el que surge de un hábito, sino el que busca el silencio espiritual que es donde se encuentra la realidad y la luz. Esto significa que hay que observar la vida, no desde la mente fría sino desde el discernimiento y el corazón que engloba todo (aun en partes) como la obra de Dios en cada momento presente. Hay que tener en cuenta que la mente (que casi debería considerarse un sentido más) actúa del pasado al futuro y sus trabajos se basan en la identificación, la comparación, los recuerdos, etc. mientras que la inteligencia o intelecto trabajan en el presente o aquí y ahora, que es lo que debemos utilizar para intentar observar directamente en el corazón del prójimo y en el silencio de donde surgen las expresiones de la vida.
También es imprescindible que el aspirante observe con suma atención a su corazón, lo que no significa que nos tengamos que volver sentimentales o emocionales. Esto es así porque el corazón debe ser liberado de la influencia personal de las proyecciones y distracciones de la mente. Todo en la creación es puro, es la mente la que lo hace impuro, pero cuando nos situamos en la pureza del corazón purificamos la mente y la hacemos transparente. Por tanto, meditando en el corazón y buscando la realidad en el silencio es como encontramos el verdadero significado de la vida y disfrutamos de ella intensamente.
Algunos aspirantes piensan que el equilibrio que lleva a descubrir el sendero lo encuentran poniendo su atención en los mundos invisibles y no se dan cuenta que ni los poderes (por ejemplo la clarividencia) invisibles facilitan el equilibrio porque para eso deben encontrarle en lo interno y por medio de la intuición espiritual. Es lo invisible a la mente concreta y a los sentidos lo que hay que buscar internamente y viviendo en el eterno Ahora. El pasado y el futuro es “tiempo” pero el tiempo se para en el ahora presente psicológico. Para estar equilibrado y vivir la realidad hay que vivir en el presente que es una dimensión diferente al pasado y al futuro, y sólo viviendo de instante en instante es como se encuentra el sendero de la Verdad. En este estado la mente no puede agarrarse a nada concreto ni existencia, ningún aspecto psicológico del pasado o del futuro la dominan y se hace una mente libre lista para expresar el verdadero significado de la vida.
Francisco Nieto
lunes, 30 de julio de 2012
BUSCANDO EL VERDADERO SENDERO (II)
De lo que se trata, pues, es de eliminar el centro u origen de las reacciones para que así no pueda haber respuestas automáticas, instintivas ni de ninguna clase sin que haya voluntad y conciencia por parte nuestra. De ahí la necesidad de la auto-observación para ver de “dónde” y “por qué” surgen dichas reacciones, modificaciones y distracciones de la mente. A la vez, también debe haber un auto-análisis como personalidad (nuestro egoísmo, materialismo y todas las actitudes negativas que interfieren en el trabajo de hollar el Sendero de Santidad o de iniciación. Esta actitud es la que nos lleva a descubrir la Verdad, la Realidad, y es descubriendo la Realidad como podemos rechazar lo falso. No se trata de guiarnos por libros o por lo que digan otros, sino de limpiar la personalidad de apegos y deseos y de poner la consciencia y la voluntad a merced del Ego para que la mente no reaccione ni se distraiga con todos esos “obstáculos” que interfieren la acción de lo superior sobre lo inferior ¿Por qué sufrir por el hecho de que la mente esté siempre preocupándose por cosas innecesarias y personales? Sólo cuando seamos capaces de descubrir (por medio de la auto-observación y de la auto-consciencia) la falsedad de nuestros deseos, emociones y formas psíquicas o mentales estaremos listos para ver la realidad y hollar el sendero con seguridad.
Descubrir en determinada vida que hay una vida superior o sendero de espiritualidad implica el comienzo de un desarrollo que nos lleva a trabajar sobre la ética y la moral o, lo que es lo mismo, a cambiar nuestra conducta y nuestros hábitos. Esto se consigue mediante el esfuerzo consciente, sin embargo, el sendero de espiritualidad implica (también como trabajo consciente) una transformación desde lo interno, algo así como la creación de un nuevo centro desde donde se dirigirá y controlará la actitud y expresión de los diferentes vehículos del Ego. Como hemos visto, el profundo interés y el entusiasmo nos lleva a desarrollar el sendero que nos obligará a hacer cambios personales e internos, y como el cuerpo de deseos y la mente son, mayormente, la causa de nuestro sufrimiento por dejarnos dominar por su influencia, es necesario trabajar sobre ambos para hacer de ellos unas más perfectas herramientas. Uno de los primeros cambios que se deben hacer es cambiar los deseos, es decir, cambiar los conocidos por otros superiores que hasta ahora casi ni hemos imaginado.
Pensar, aun conscientemente, en cambiar nuestros deseos personales no va más allá de una modificación más en la mente que traerá un nuevo comportamiento, mientras que de lo que estamos hablando es de hacer los esfuerzos conscientes necesarios para ver las posibilidades de “alcanzar” lo que, normalmente, es inalcanzable. Así es que, en este caso, estamos hablando de desear lo que no puede alcanzarse por medio del esfuerzo común y para ello debemos desarrollar la sensibilidad hacia ese estado superior; a partir de ahí podremos comprender cuáles son las limitaciones que encontraremos. El hombre tiene ambición por ser importante, por tener éxito, etc., pero detrás de cada meta alcanzada viene otra superior con nuevas limitaciones y pruebas, por tanto, el éxito total siempre se le niega al hombre para que se dé cuenta de las limitaciones; cuando se hace consciente de éstas es cuando supera la ambición personal. El hombre también desea una vida experimental continua pero al final siempre encuentra que la muerte es una discontinuidad, aún así, no renuncia a tener seguridad física, emocional y mental pero, como en todo lo demás y como personalidad, se termina en la frustración. Solo la individualidad puede despejar las limitaciones para hacernos ver la “realidad”.
Existen muchas personas que si pudieran se aislarían del mundo para, una vez separados de la corriente humana, poder vivir en paz y hacer lo que quieran, pero este sentimiento de separatividad solo produce estancamiento y fracaso. Hay otros que les gustaría tener siempre sensaciones o impactos a modo de vivir más la vida y no se dan cuenta que esa continuidad de sensaciones es precisamente la causa de las reacciones de la mente y que lo se necesita precisamente es “momentos de silencio” entre reacciones. Las ambiciones, el deseo de éxito e incluso de crecimiento son sólo útiles desde el punto de vista personal pero no desde el de la espiritualidad y la expansión de conciencia puesto que éstas pertenecen a otra dimensión. El cuerpo de deseos y la mente no pueden alcanzar algo que está en una dimensión superior a la suya, sin embargo, ellos sí pueden ser utilizados por algo superior para buscar y hollar el Sendero de Santidad. Por eso, todos los deseos personales de crecimiento no son nada más que deseo de continuidad de sensaciones y experiencias personales que garanticen su supervivencia, y eso no trae la transformación espiritual necesaria para expandir la conciencia hasta una dimensión superior.
El sendero de santidad o iniciación es tan estrecho que sólo se puede hacer de uno en uno, y es que para hollar el sendero hay que convertirse en el sendero mismo. El aspirante espiritual no debe esperar que nada ni nadie pueda hacer el trabajo por él, y si algo ha de pedir sólo debería ser fuerzas y aspiración espiritual porque cualquier otra cosa estaría relacionada con los sentidos, el cuerpo de deseos y la mente. El “pedir” debe surgir desde lo más profundo del corazón donde la soledad impone el silencio de la mente, si la mente está distraída, descontrolada y pensando en mil cosas a la vez, no tendrá cabida la ayuda que el aspirante pide. Para reconocer la presencia de lo divino, el aspirante debe estar sólo y con la mente en silencio, por eso y porque la mente siempre suele estar entretenida con algo o alguien es imposible que el hombre común tenga ni siquiera un vislumbre de lo que es la vida superior. He mencionado las palabras “sólo” y “silencio” como necesidad para poder percibir lo superior, pero “solo” no es estar aislado de los demás ni tampoco estar con nuestros deseos, emociones y pensamientos. Cuando digo “solo” y estar con la mente en “silencio” me refiero incluso a detener toda actividad mental que es la única manera de estar ”sólo”, sin la compañía de sensaciones ni pensamientos. Porque, mientras la mente tenga una idea, concepto o imagen presente no está sola, es decir, cuando la mente no existe como manifestación es cuando estamos solos. Cuando la mente está en silencio cualquier cosa que proceda de lo superior alcanzará al Ser interno, pero si la mente está distraída se quedará en nada porque será distorsionada y obstaculizada.
Estar distorsiones y distracciones de la mente que impiden ver la realidad son las que hacen que nuestra vida sea superficial y que seamos pobres en espiritualidad. Cuando hay soledad y silencio hay enriquecimiento espiritual para que el Ego florezca y se manifieste por encima de lo personal es, en definitiva, una nueva y superior calidad de vida dirigida desde un nuevo centro de conciencia. Mientras la mente esté influenciada por los sentidos y desee dar expresión a lo que percibe no estará en el silencio que se requiere para percibir lo superior, es más, mientras la mente se distraiga y piense según lo guardado en la memoria sin un discernimiento consciente superior tampoco estará en ese silencio del Espíritu. Podríamos llegar más lejos aún y decir que la palabra es un medio de comunicación que no tiene significado o poder tal y como lo practicamos, es lo que se comunica o transmite por medio de la palabra lo que da significado a la palabra, por eso, la palabra puede ayudar o agrandar y crear heridas dependiendo de la fuente (mente) que proceda según el recuerdo de experiencias pasadas. La diferenciación verbal es una cosa y la psicología es otra, estando ambas basadas en los recuerdos y en las asociaciones mentales. Las palabras que nacen de una mente depurada no pueden herir porque no están contaminadas con los recuerdos de las experiencias del pasado ni con posibles programas del futuro. De aquí que para hollar el sendero también sea necesario eliminar el lenguaje hiriente por medio del control de la mente que llevará al silencio consciente y voluntario.
La personalidad es la acumulación de lo conocido, experimentado, pensado, expresado e incluso de los planes de futuro, y mientras tengamos todo esto como real y sintamos apego a ello no podremos dar el paso necesario para encontrarnos con nuestro Yo superior. Solo el presente, el aquí y ahora, forman ese estado de consciencia o silencio que abrirá la puerta a lo divino. Mientras la mente siga distraída con lo que le llegan de los sentidos y de los recuerdos del pasado o proyectos de futuro estará en tinieblas y no podrá ver la luz que le guiará en el sendero, pues ella misma crea su propia oscuridad. Somos nosotros con nuestra voluntad y discernimiento quienes debemos hacerla transparente y que se deshaga de todo lo que contiene y que sea un obstáculo para encontrar el silencio que lleva a contactar con lo superior.
miércoles, 11 de julio de 2012
BUSCANDO EL VERDADERO SENDERO (I)
La vida del común de la humanidad está compuesta de pequeños hechos o incidentes que forman la base de su existencia, son pocos y raros los hechos o circunstancias especiales y, sin embargo, nos cuesta mucho mantener el interés y el entusiasmo y estar atentos a los hechos y a las circunstancias para poder extraer el mayor provecho de todo ello. La rutina y la monotonía hacen que desperdiciemos la mayor parte de nuestras vidas al no prestar la suficiente atención y meditar cada momento u oportunidad de progreso. Así es que, podríamos decir que el mayor mérito del hombre consiste en mantener el interés, el entusiasmo y una integridad espiritual en medio de la rutina y en mantener la armonía y un perfecto equilibrio respecto a los pensamientos y las emociones que tanto nos afectan derivadas de las circunstancias y de los problemas que surgen en nuestro destino. Por tanto, sabiendo que las pruebas para el desarrollo espiritual proceden de las actividades diarias y no de determinados hechos extraordinarios, no nos queda más remedio que admitir que sólo la fortaleza interna del verdadero Yo nos puede ayudar a encontrar dicha armonía y dicho equilibrio. Son muchos los aspirantes espirituales que han fracasado en su búsqueda de la Verdad por falta de interés y de entusiasmo, de hecho, nada extraordinario se consigue sin entusiasmo.
El éxito en cualquier materia se puede deber a la persistencia, a determinados hábitos y a la voluntad, y de todo ello surge la eficacia y el cumplimiento de los deberes, pero esto, al fin y al cabo, es casi automático. Son necesarios el interés y el entusiasmo si se quiere tener una vida creativa desde el punto de vista de la individualidad (Yo superior) y no de la personalidad, porque una mente llena de entusiasmo y de profundo interés no tiene miedo ni duda ante los obstáculos ni ante las pruebas del destino. El error de vivir la vida superficialmente, con prisas y anteponiendo el egoísmo por encima del discernimiento y de la meditación de los hechos hace que vivamos en la excitación, en las sensaciones y en las distracciones físicas y mentales concluyendo, por tanto, con que una mente que sólo actúa superficialmente nunca podrá experimentar en lo profundo. La mente que piensa en las formas físicas y desde un punto de vista personal no podrá alcanzar a comprender la vida interna porque un campo de actividad externo no trae los resultados y las experiencias de un trabajo interno que es la base del desarrollo espiritual.
La gran mayoría de las personas creen o piensan que las leyes divinas son injustas por adjudicarles un destino poco cómodo o benefactor, se sienten frustradas y luchan contra viento y marea con tal de obtener seguridad y toda una serie de objetivos fáciles, pero sólo las mentes superficiales actúan así y sólo para esas mentes cualquier problema se hace mucho más grande. Cuando no hay actividad interna cualquier dificultad parece imposible de superar y eso es por falta de interés profundo que es el que trae el entusiasmo necesario para la actividad interna. Lo cierto es que el verdadero aspirante espiritual no lucha por forzar su destino y menos por alterar las circunstancias objetivas porque sabe que son el campo experimental y de expresión de cada uno de nosotros. Cuando hay entusiasmo y profundo interés, los cambios objetivos (si los hubiere) se producirían o advertirían de una forma lenta y armónica, lo que facilita el trabajo al aspirante espiritual, el cual, se adaptará a cualquier circunstancia puesto que en su interior hay paz y armonía. Pero, cuidado, no estamos hablando de interés sobre algo personal en particular puesto que eso es superficial y crea apego emocional y mental, es el estado de puro y profundo interés al que nos estamos refiriendo puesto que éste es la base del entusiasmo.
Evidentemente, el aspirante que desarrolla el interés profundo que da pie al entusiasmo, está desarrollando a su vez un espacio o profundidad mental que le servirá para adentrarse en la realidad de la vida y para experimentar profunda y conscientemente , aun en la rutina. Es necesaria una transformación para que no haya ningún grado de resistencia en la mente (consciente o inconscientemente) Si hay resistencia (actividad mental sin control) falta flexibilidad y sensibilidad y, por tanto, en la mente solo hay ruido, bullicio y desgobierno, sin embargo, de lo que se trata es de encontrar la calma y ese silencio profundo mental. Tampoco estamos hablando de una mente plácida, indiferente, abandonada, distraída, etc., porque ese tipo de mente nunca experimentará en la realidad ni en lo profundo de la vida. Sí, hay que flexibilizar y sensibilizar la mente y hay que renovarla para que esté en el presente y elimine todo el pasado, pero también es necesario que haya perturbación o tormentas para que surja el interés y el entusiasmo. Ante las perturbaciones o inquietudes uno debe quedarse quieto porque si nos dejamos llevar por la actividad mental y por la confusión nos perderemos entre ellas mismas pues, después de todo, tras la tormenta viene la calma.
No queremos admitir que el destino nos trae muchas y nuevas oportunidades de desarrollo interno así como desafíos que ni siquiera advertimos porque la mente busca ser la protagonista e intermediaria para así mantener su poder. La mente crea algo así como un velo que nos impide ver la realidad de todo cuanto nos rodea, evita que tengamos un contacto directo con la vida y, por consiguiente, que tengamos ese interés profundo y ese entusiasmo. Si no fuera por las distracciones y el entusiasmo de la mente que desde la memoria realiza tendríamos una mente fresca y viva que nos permitiría observa r y afrontar los desafíos y las oportunidades del destino. Las tormentas son creadas por la personalidad, las que pueden complicar más aún los desafíos y pruebas del destino, pero cuando en medio de la agitación hay control y mantenemos quieta la mente (no reaccionar ni enjuiciar) entonces permanecemos tranquilos y pasará todo sin afectarnos consiguiendo así una limpieza mental. Una tormenta o desafío sin respuesta es permanecer en el silencio y en la soledad que nos fortalecerá internamente ante las siguientes. Es en este silencio donde se encuentran las mayores oportunidades espirituales de desarrollo porque entre otras cosas, traen una renovación subjetiva que hace que lo objetivo desaparezca.
Está claro que el aspirante espiritual debe hollar el sendero de santidad en la rutina diaria, en sus problemas y en cualquier circunstancia, pero para encontrar este sendero debe identificarse y escuchar a su Alma por encima de todo el bullicio que le rodea. El sendero se hace y se desarrolla a cada momento y nadie puede hacerlo por nosotros, solo es necesario escuchar al corazón y a la voz que se hace sonora cuando controlamos el cuerpo de deseos y la mente. El aspirante se debe hacer un luchador incansable y un buen capitán de su barco para vigilar constantemente que el rumbo que lleva sea el correcto, si no se auto-observa para ver que va por el camino correcto es fácil que se pierda entre tanto egoísmo, placer y materialismo. Es muy posible que alguien se pregunte que “qué” es y “cómo” se anda el sendero, y la verdad es que no es fácil de responder porque el “cómo” se anda es algo que cada individuo irá descubriendo paso a paso pero el “qué” es un despertar o toma de conciencia de que tenemos la posibilidad de acelerar nuestra evolución y nuestro desarrollo espiritual. El sendero no es físico ni objetivo, ni tampoco está fuera de nosotros, es más, no hay normas ni planos para recorrerle, aunque está claro que todo lo que nos ayude a ser mejores y todo el bien que podamos hacer es de gran ayuda para hollarle.
Naturalmente que, si queremos avanzar por el sendero de espiritualidad, debemos comenzar por poner nuestros sentidos y nuestra mente en lo subjetivo y espiritual y no en lo objetivo y material pero, además, debemos procurar ser auto-conscientes constantemente para no permitir que la mente, los deseos y las emociones participen en los asuntos terrenales por su propia cuenta y en más de lo que sean sus deberes y responsabilidades. Esto se consigue observando nuestras reacciones ante los impactos externos e internos que modifican y distraen a la mente, una vez observadas no es necesario crear una guerra para cambiar dichas reacciones porque esa guerra solo las alteraría. Solo es necesario observarlas sin enjuiciarlas y sin intervenir de ninguna forma, entonces ellas se marcharán y nosotros conseguiremos la paz y el silencio de la mente que nos irá acercando progresivamente al Ego o Yo superior.
viernes, 22 de junio de 2012
CONSTRUYENDO UN NUEVO MUNDO
El progreso espiritual se adquiere cuando el conocimiento se lleva a la práctica. Podemos acudir a muchos maestros de esos que dan conferencias, o a esos otros que dicen ser videntes y contactados de Ángeles y Jerarquías superiores, o incluso tomar como maestros a diferentes autores porque en sus libros dan las pautas para que creemos un mundo mejor según nuestros ideales más elevados; pero nada de eso se consigue si no llevamos a la práctica el conocimiento aprendido. Podemos leer un párrafo de un libro detenidamente, asimilar conscientemente lo que dice (eso ya es conocimiento) y guardárnoslo como algo muy interesante para llevar a la práctica, pero si no lo practicamos no comprobaremos sus resultados que servirían de aliciente para continuar cada día. Además se nos olvidaría, quedando, por tanto, como un conocimiento olvidado, es decir, una oportunidad de superarnos que se nos ha dado y que hemos desaprovechado. Estos maestros no pueden hacer nada por nosotros porque están fuera de nosotros, para hacerles nuestros maestros debemos experimentar internamente lo que dicen y entonces, sus resultados, serán parte nuestra que nos servirán de guía.
Seguro que muchos aspirantes espirituales les gustaría haber asistido o asistir a una conferencia de alguien que ellos consideren un maestro pero, si lo consiguieran, ¿qué harían después de dicha asistencia? por lo general y en estos casos, ponerlo en práctica durante unos días y luego guardarlo como una experiencia o recuerdo bonito. El desarrollo, para cualquier aspirante, se adquiere con la práctica y es la práctica la que eleva al aspirante y le hace sabio. No nos engañemos, todos los días tenemos la oportunidad de elevarnos un poquito hacia el grado de maestro y de desarrollar el Alma, sólo depende de nosotros y de nadie más. La auto-programación de nuestra vida día tras día basada en los más elevados ideales y la observación consciente que debemos llevar a cabo con paciencia y persistencia, son los dos aspectos que nos pueden facilitar ese nuevo mundo interno y real que nada tiene que ver con el que vivimos como personalidad. Es la construcción de ese mundo imaginado y visualizado la que nos puede abrir la puerta a él, si no le construimos con la práctica en nuestra vida diaria nunca podremos estar dentro de él como maestro constructor.
Lo que nos gustaría ser o alcanzar pero que está fuera de nosotros no lo podemos hacer nuestro excepto que nos esforcemos y luchemos por conseguirlo, pero lo que alcancemos como desarrollo del Alma gracias a la práctica de nuevos ideales y patrones de conducta sí es nuestro y es parte de ese nuevo mundo que queremos construir. Cuando dominamos nuestra mente, nuestros deseos y nuestras emociones podemos controlar y dirigir la palabra y la acción, sólo así, como observadores conscientes de nuestras manifestaciones, actuamos en verdad y sobre la realidad. Todo lo demás se queda en hechos pasajeros que tarde o temprano se olvidan y que solo sirven como entretenimiento para el hombre común que, egoístamente, solo piensa en el disfrute de los placeres y en lo material. Si no nos auto-descubrimos gracias al conocimiento puesto en práctica no percibiremos ni siquiera la diferencia que hay entre la vida común (como la de cualquier persona) y la vida del Espíritu, es decir, el comienzo de una iluminación o iniciación; y es que esa luz y esa iniciación la debemos construir en nuestro interior para poder experimentarla.
Nada de lo que perciben nuestros sentidos nos puede ser útil si no tiene un efecto real y verdadero sobre nuestra Alma o Ego, sólo lo que se relaciona con el Ego nos ayuda a construir el nuevo mundo en el que deseamos vivir. Es cierto que el conocimiento ayuda, pero lo hace más que nada para que descubramos la verdad del Alma y que puesto en práctica nos hará ver la realidad que está por encima de la mente. Tenemos dos campos sobre los que actuar: uno sobre lo que comúnmente somos, (como autómata que actúa por instinto y según patrones mentales y de conducta) y que debemos comenzar a aislar desde la posición de observadores de nosotros mismo situados por encima de la propia mente automática y personal; y dos, sobre el que se vive en la realidad (auto-observado y auto-controlado consciente y voluntariamente) que debe trabajar sobre lo que no es hasta minimizarlo en sus quehaceres diarios.
La Realidad, la Verdad, debe ser conquistada para hacer que nazca en nosotros y mientras nos dejemos llevar por las emociones, por los deseos y por la mente concreta y personal no lo conseguiremos porque la realidad está por encima de todo eso y sólo puede ser reconocida desde el plano del Alma. Con la mente ordinaria con la que trabajamos a diario no podemos descubrir ni vivir en ese mundo del Alma, sólo cuando estamos atentos a lo que decimos, sentimos y pensamos como aspirantes espirituales podemos situarnos por momentos en el plano del Ego. Esto es como cuando, aunque tarde, nos damos cuenta de que hemos actuado mal, es decir, es estar tan atentos a nosotros mismos (auto-recordándonos constantemente) que no quepa la mínima oportunidad de actuar mal porque todos los vehículos de manifestación del Alma están controlados.
La filosofía oculta, la metafísica, la cábala, las religiones, la nueva consciencia actual, etc. son conocimientos que tarde o temprano nos hacen comprender que todo está en Dios o que todo es Dios, y es esta comprensión la que nos llevará a buscar a Dios en cualquier sitio como personalidad. Pero hasta que el conocimiento no haga elevar la conciencia un poco más allá del común de la humanidad, no estaremos preparados para comprender que Dios está dentro de nosotros y que sólo tenemos que saber llevar a la práctica dicho conocimiento para poder tener un pequeño vislumbre de la Realidad o Verdad. Cuando comenzamos a vivir en ese nuevo mundo real comenzamos a comprender que Dios también está dentro de los demás por muy diferentes (evolutivamente hablando) que sean de nosotros. Cuanto más vivimos en la realidad que está por encima de la personalidad más cerca estamos de Dios y de Su Verdad, lo que nos falta para vivir en el plano de la realidad es “conocimiento” que después deberá ser llevado a la práctica en nuestra auto-programación diaria.
Estamos en el mundo en el lugar que nos corresponde y con las personas que debemos estar porque tenemos o debemos tener alguna relación con ellas, por tanto, ocurra lo que nos ocurra sólo tenemos dos formas de actuar y de responder: primera como personalidad o segunda como Egos. Como personalidad nos enfadaremos cuando no nos salgan las cosas como deseamos, cuando alguien nos haga cualquier cosa que nos moleste o no esté de acuerdo con nosotros, y en otros muchos hechos que nos hacen sufrir física y psicológicamente. Como Almas entenderemos que ciertas cosas deben ser así, que debemos tener siempre una sonrisa ante los problemas y personas que nos perjudiquen, que las personas que nos rodean están ahí porque algo tenemos que aprender, que todo lo que hagamos afecta a este mundo creado por Dios y a nuestra propia Alma, etc.
Lo que es el mundo y la sociedad es también gracias a nuestras acciones y forma de pensar, como podemos ver, nuestro mundo no es precisamente un mundo ideal sino el fruto de la ignorancia aun con buenas intenciones por parte de algunos, si queremos transformar este mundo primero debemos transformar el nuestro para así poder servir de ejemplo. No es nada fácil que un aspirante espiritual pueda cambiar el mundo pero todos unidos sí lo conseguiremos si hacemos oír nuestras voces, aun así, el aspirante a la vida superior que observa y controla la personalidad vive en este mundo pero cada día está un poco más tiempo en el del Alma
Dentro de nosotros tenemos el poder de estar por encima de la mente y, por consiguiente, pensar y hacer el bien o el mal. Actuando como el verdadero Ego no sólo nos liberamos de este mundo personal sino que, a la vez, creamos un futuro lleno de dicha y felicidad. Es desde ese nivel de desarrollo espiritual desde donde podemos pensar que aunque nuestro cuerpo físico muera nosotros no morimos porque estamos por encima de lo que muere. Es tiempo de despertar a un nuevo mundo, a una nueva conciencia que esté por encima de los odios, rencores, egoísmos, materialismos, críticas, envidias, venganzas, etc., y eso solo se puede hacer transformando la personalidad gracias a ponernos como observadores de nosotros mismos y pensadores voluntarios y conscientes. Entonces y si hacemos una correcta y cada día superior auto-programación matinal experimentaremos esa ampliación de conciencia que algunos no se pueden ni imaginar.
Francisco Nieto
sábado, 9 de junio de 2012
LA AUTO-PROGRAMACIÓN
Es muy posible que la mayoría de nosotros demos muy poca importancia al hecho de despertar cada día y comprender que ese hecho es un regalo de Dios y una nueva oportunidad de desarrollar el Espíritu y de colaborar con la Obra de Divina.
Entre los ejercicios recomendados en mi primer libro “Métodos esotérico-prácticos para el desarrollo interno”, hay uno cuyo nombre es “La auto-programación” y trata de hacer ese ejercicio por las mañanas nada más despertarnos para que a lo largo del día cumplamos dicha programación. Está claro que “crear” sólo lo puede hacer el Espíritu pero nosotros aquí podemos acercarnos a ese aspecto creador por medio de la imaginación voluntaria y consciente que nos permita hacer cosas nuevas y más elevadas cada día de nuestra vida. La vida nos proporciona el campo de experiencias donde surgen las oportunidades de progreso pero, normalmente, hacemos poco por elevar nuestra conciencia y por ser mejores cada día. Tampoco damos mucha importancia a lo que decimos y hacemos porque actuamos más de forma automática y por instinto, y sin embargo es muy importante porque afecta a los demás, no obstante hay que distinguir entre la personalidad y el Ego o Yo superior.
Si al despertarnos un día por la mañana nos auto-programáramos para hacer las cosas que haría el propio Ego en nuestro lugar y en ese día, fallaríamos muchas veces, pero si repitiéramos ese ejercicio como hábito esa auto-programación llegaría a cumplirse porque la repetición voluntaria y consciente de un hecho queda fresca en la memoria. Si, a la vez, hiciéramos la retrospección nocturna (revisar los hechos del día para ver dónde hemos hecho bien y mal y así poder corregirnos en el mal y animarnos para hacer el bien) comprobaríamos que a lo largo del día nos hacemos “conscientes” de que estamos cumpliendo lo programado y, como consecuencia, por las noches recordaríamos todos los hechos perfectamente y analizaríamos nuestro comportamiento y actitud plenamente.
Pero, claro, lo que hacemos y decimos está basado en lo que pensamos o en pensamientos del pasado, por tanto, nuestro concepto de lo que nos rodea está basado en pensamientos guardados en las neuronas del cerebro, las cuales a su vez, cambian con la repetición de nuevos pensamientos. Si queremos programar nuestro día a día lo podemos hacer como personalidad (sin intentar crear algo nuevo o superior) o bien como Egos aportando nuevos ideales o ideas sobre las que deberíamos estar “atentos” para hacer que se cumplan. Esto significa que tenemos que asumir el papel de “observadores” de lo que hacemos, decimos y pensamos para ver si coincide con la programación, ya que cuando hacemos de observadores de nosotros mismos es cuando somos auto-conscientes y experimentamos la realidad más cercana al Ego.
Esta es la diferencia, la mayoría de las personas pasan desapercibidas día tras día en su vida, pocas veces son conscientes de los hechos, por tanto, es el propio día y sus circunstancias las que dan vida a la personalidad casi automática (hablar, actuar, sentir y pensar involuntaria e inconscientemente) mientras que si programamos cada día y nos auto-observamos a lo largo del mismo, somos nosotros, como Egos, los que creamos los hechos y circunstancias de cada día. No es lo mismo dejarse llevar por los pensamientos (hábitos y modificaciones automáticas de la mente) y pensar superficialmente lo que desearíamos o nos gustaría hacer, que pensar voluntaria y conscientemente toda una serie de actividades y luego estar atento a las circunstancias para cumplir lo programado como observadores y dueños de la mente.
La personalidad, a partir del cerebro y de los sentidos, es manipulada de tal forma que actuamos siempre según los patrones de conducta que hemos grabado desde que nacemos hasta el momento presente, mientras que de lo que se trata es de que seamos nosotros quienes manipulemos a la personalidad desde el punto de vista de “observadores” y respecto al pensamiento, a los sentimientos, los deseos, las palabras y las acciones. Así es que, deberíamos programar nuestros días nada más despertar imaginando, de forma creativa y consciente, todo lo que vamos a hacer y todas las respuestas que podamos dar según las circunstancias que tengamos que hacer frente. Naturalmente que debemos programar cada día, dentro de lo posible, pero añadiendo algo nuevo o algo positivo que nos obligue a esforzarnos con tal de ampliar la visión del Espíritu y de la “realidad”.
La persona que cree que es un desgraciado y que su vida está llena de fracasos está aumentando eso mismo con cada pensamiento de ese tipo que crea y que le hace estar cada día más convencido. Los pensamientos, los deseos y las acciones son causas que, no tardando mucho, se pueden manifestar en forma de efectos, lo que hace que una persona de esa naturaleza tenga una vida de sufrimiento y que pueda terminar muy mal si no cambia de forma de pensar. Las deudas del destino y lo que llamamos “mal” existen, sobre todo como efecto de causas que cometimos en el pasado, pero eso no significa que deba ser para toda la vida sino que más bien es un hecho aislado que surge para que lo observemos, lo analicemos y cambiemos la dirección de nuestra actitud como personalidad. Así es que, nosotros mismos podríamos considerarnos como “buenas suerte” o “positividad” que puede ver el mundo desde esa perspectiva y que crea su vida de acuerdo a esa convicción interna; a la vez, los hechos aislados negativos del destino se deben interpretar como pausas para “tomar nota” de una determinada enseñanza.
Cuando vivimos consciente y voluntariamente lo que creemos y lo que creamos mentalmente es cuando comprobamos que podemos cambiar la personalidad, las circunstancias, los deseos, los sentimientos, los pensamientos y todo nuestro mundo que tenemos guardado en el cerebro por otro más elevado y positivo desde cualquier punto de vista. La auto-programación debe contener siempre y ante cualquier hecho o circunstancia una posición de observador que domina a su mente y a sus deseos y emociones para que sus acciones físicas sean controladas y dirigidas positivamente; debe contener aspectos que alienten a pensar y a crear un mundo mejor; debe contener la visión de que es el mismo “programador”, o pensador consciente, quien va a actuar y a responder en todo momento y a lo largo del día; y debe contener el aliciente suficiente como para sentir la necesidad de auto-programarse cada día dado que se es más feliz en ese nuevo mundo que estamos creando.
En la auto-programación debemos visualizar a las personas con sus mejores cualidades, las circunstancias llenas de aspectos positivos y de oportunidades para que nosotros podamos crear algo nuevo o positivo: al contrario, no deben tener cabida las personas de mal carácter, y si las conocemos y debemos tratarlas, es igual porque la misma programación nos recordará en ese encuentro que debemos verlas como positivas y de buen carácter. Debemos visualizarnos a nosotros mismos en cada situación con un carácter optimista, simpático, comprensivo y tolerante con los demás y responder como tal ante cualquier problema. La visualización de cada día en la auto-programación debe ser lo más real posible, como si se estuviera viviendo en cada momento, y una vez que hemos imaginado creativamente un día concreto sólo es necesario estar atento a todo lo que ocurre y a lo que surge de nosotros mismos para actuar en consecuencia según nuestros deseos como Egos. Esta es la manera de cambiar nuestro mundo y nuestra vida diaria, para verla llena de alegrías, oportunidades y hechos altruistas y amorosos donde no cabe la tristeza, la desarmonía ni el efecto negativo de hechos que antes nos hacían sufrir.
Francisco Nieto
domingo, 27 de mayo de 2012
MEDITANDO
Todo interesado en la meditación sabe que si la quiere practicar en la soledad y de una manera concentrada, lo primero que debe hacer es relajar todo lo que pueda el cuerpo físico y también la mente. La simple concentración en la respiración relaja ambos cuerpos, refiriéndome exactamente con esto a “vivir la respiración” a la vez que se relaja el cuerpo y la mente por medio de su inactividad. Esta clase de relajación es muy importante porque, como todos sabemos, rápidamente surgen tensiones en el cuerpo y una hiperactividad mental que terminan creando ansiedad. Por lo general, la meditación suele ser más bien mental, dando poca importancia a las sensaciones, sin embargo, también se pueden hacer meditaciones sobre dichas sensaciones y sentimientos positivos ya que éstos desarrollan la propia meditación y la espiritualidad. De cualquier forma, se puede observar que la mente es rígida y enjuiciadora.
La mente crea tensión y ansiedad por el hecho de andar pensando en una cosa u otra constantemente, dependiendo de lo que piense en cada momento ―sensaciones, frustraciones, problemas, preocupaciones, planes futuros o hechos pasados entre otros muchos― Por eso es necesario controlar y relajar la mente a la vez que relajamos el cuerpo con cada exhalación además de “vivir” ―sentir o experimentar― el amor y la compasión como sentimiento interno sobre uno mismo para después hacerlo sobe los demás. Cuando lo hacemos sobre nosotros mismos recordando algún momento del pasado en el que lo experimentamos, notamos esa sensación en nuestro interior, y es en ese momento en el que debemos reforzar esa sensación interna deseando y buscando la paz mental que lleva a estar alerta y atento siempre para que nada perturbe ni ensombrezca la manifestación del Ser.
Es importante sentirse rodeado de paz y de amor para identificarse y experimentarlos, y es más importante aún tenerlos siempre presentes en el corazón para poder irradiarlos en el momento en que sintamos tensión o alteración o como efecto de las impresiones, de las sensaciones y de la actividad de la mente. El ejercicio trata de observar e identificar la tensión o problema ―estrés, enfado, violencia, preocupaciones, alteraciones, críticas, etc.― y ver qué sensaciones o pensamientos surgen para luego dejarlos pasar sin intervenir o ejercer ninguna acción sobre ellos; esto lleva a su desaparición automática instaurándose el sentimiento positivo en su lugar. El hecho de observar estas alteraciones de la mente con un sentimiento de amor y compasión nos hace más precavidos en nuestras actuaciones. Todos estos aspectos negativos que surgen en la mente alejan al aspirante espiritual de lo que es la meditación y la observación de uno mismo, olvidándose entonces de sí mismo para actuar y pensar como personalidad.
En realidad, esos obstáculos y sensaciones negativas que surgen y manipulan la mente son nuestros maestros porque hacen que nos fortalezcamos en el amor y en la compasión para así eliminar dichos obstáculos de nuestras vidas. Nosotros, normalmente, nos identificamos con todos esos aspectos de la personalidad actuando como si fuéramos ellos mismos ―un deseo egoísta, un pensamiento malévolo, una emoción negativa, etc.― Así es que, si nos ponemos a observar cómo y qué clase de sentimientos y emociones surgen en nosotros y cómo y en qué piensa la mente, veremos lo que verdaderamente somos como personalidad. Y si, a la vez, este observador observa todo sin involucrarse en ello pero instalado en una sensación de amor y compasión por sí mismo, verá que todo eso desaparece y va dejando cada vez más huella quedando así un sentimiento de paz y felicidad. Es en ese momento, como observador, cuando uno se debe auto-afirmar y auto-programar para actuar siempre así ―auto-observación desde el verdadero Ser sobre la personalidad― poniéndose como dueño de la mente para no dejarla que actúe por sí misma sino cuando se desee.
En esa situación y según se vaya practicando la meditación, se conseguirá alcanzar una paz y una felicidad interna que hará que mostremos amor, compresión, tolerancia y fraternidad con el prójimo y que llevemos una sonrisa siempre en los labios. Estas meditaciones aisladas pueden llevarse a la práctica durante las actividades del día auto-recordándonos a nosotros ―haciéndonos auto-observadores― para ver cómo sentimos y pensamos, para expresar a través de nuestra aura las más elevadas cualidades del Alma, y para expresar nuestra felicidad interna por medio de una constante sonrisa. Si esto, a su vez, lo aplicamos sobre el prójimo en nuestras relaciones sociales diarias veremos que nuestros sentimientos, deseos y forma de pensar se elevan hacia los planos espirituales. Experimentar estas sensaciones positivas no evita que estemos alerta sobre la personalidad porque precisamente, los sentimientos elevados nos impulsan a seguir trabajando para eliminar esas sensaciones y esos obstáculos que distraen y controlan a la mente.
Este ejercicio desarrolla la auto-observación y nos hace vivir la vida desde la posición del verdadero Ser ―el Yo superior o Ego― notando rápidamente cuándo un sentimiento, deseo o emoción intenta dominar o distraer a la mente para que nos olvidemos del Ser y nos convirtamos en personalidad. Es curioso pero el simple hecho de observar cómo la mente se deja dominar por cualquier cosa o cómo se distrae, reinterpreta o transforma ―se entretiene― lo que le llega por los sentidos, nos debería causar risa; por tanto, este ejercicio es un medio para fortalecer nuestra voluntad a la vez que la aplicamos sobre la mente para gobernarla y dirigirla. Se notará rápidamente que a partir de cierto tiempo de práctica ya no nos identificamos tanto con las sensaciones negativas de antes ―crítica, odio, venganza, egoísmo…― sino que lo hacemos con el amor, la compasión, la fraternidad, la simpatía, etc.
Pongamos un ejemplo: Si tenemos un problema con alguien y actuamos como normalmente lo hacemos ―como personalidad― seguramente que después de los hechos le critiquemos, juzguemos o incluso le odiemos como resultado de:
1º.- Que la mente se ha entretenido en ampliar e reinterpretar los hechos.
2º.- Que la mente se ha dejado dominar por las sensaciones e impresiones de los sentidos.
3º.- Que no estábamos en la posición de auto-observadores para actuar con consciencia de Ser en ese “aquí” y “ahora.”
Si lo analizamos detenidamente comprenderemos que “eso” que ha actuado, respondido y pensado respecto al problema con la otra persona no somos nosotros puesto que en este “ahora” lo estamos examinando desde una posición incluso más elevada de la mente, o sea, desde la posición de “pensador”. Por consiguiente y como personalidad, en parte, es lógico que nos dijéramos a nosotros mismos: “¡Que absurdo! ¿Cómo he podido dejarme dominar por este hecho y por la mente hasta el punto de no ejercer mi voluntad para evitarlo?” Lo que demuestra que la personalidad es la que normalmente actúa como un yo mientras que el verdadero Yo superior está impedido en su expresión por todas esas sensaciones, obstáculos y propia mente.
Así es que recordemos que de lo que se trata es de auto-recordarnos a nosotros mismos como Ser para observar a la personalidad ―cómo siente, desea, piensa y actúa― y ejercer tal control que nos riamos de ella cuando intente ceder a las tentaciones, deseos, distracciones e impresiones de la vida y de los demás. Es necesario observar a la mente cómo se mueve de una cosa a otra y dónde y cómo presta atención para luego dejarse dominar, entretenerse o responder según los patrones que llevamos con nosotros mismos desde que nacemos. Como es lógico, con la práctica de este ejercicio notaremos que esas sensaciones, impresiones, distracciones y problemas ya no causan en nosotros ningún sufrimiento ―como efecto del odio, de la envida, del rencor, etc.― No hay nada en el mundo exterior que nos pueda causar sufrimiento si nosotros no queremos. El sufrimiento nace de nosotros mismos cada vez que la mente se deja dominar por esas sensaciones negativas y problemas que creamos cuando dejamos de auto-observarnos como verdaderos yoes o Almas. No podemos culpar a nadie de nuestro sufrimiento porque somos nosotros mismos ―como personalidad― quienes los causamos por no dejarlos pasar de largo a la vez que emitimos sentimientos y pensamientos elevados. Lo que ocurre es porque nosotros queremos que ocurra y porque nos deleitamos con esas respuestas instintivas y automáticas en vez de ejercer nuestra autoridad para que la mente no se involucre en ello.
Esta es la verdadera causa de la felicidad, la manera de tener paz en la mente y relajación física, es la manera de elevar la consciencia del Ser y de ser consciente de que la mente no es el Yo sino una herramienta que nos facilita el control de la personalidad. Esta práctica lleva a comprender que nosotros estamos en el silencio de la mente, en su espacio infinito donde no caben los problemas terrenales, sociales ni personales, por tanto, nos hacemos conscientes de que es necesario vivir en lo interno como observadores y pensadores voluntarios y conscientes.
Francisco Nieto
domingo, 13 de mayo de 2012
EL HOMBRE, CENTRO ACTIVO DE FUERZAS Y ENERGIAS (y VII)
Se podría decir que para despertar los centros son necesarias dos formas y métodos de trabajo, uno voluntario por parte del aspirante espiritual y otra similar pero bajo la dirección de algún Maestro o Iniciado. La parte que por voluntad y persistencia debe realizar el aspirante es la que desarrolla la autodisciplina, la purificación de sus cuerpos y la espiritualización del carácter para que los centros mayores se pongan en sintonía y tengan un buen ritmo y vitalidad vibratoria. En esta etapa cabe la posibilidad de que el aspirante se vea tentado –por los consejos de algunos entre otras cosas– a concentrar su mente en los centros con tal de vitalizarlos más o de despertarlos, sin embargo, eso no entra en el desarrollo normal y conlleva mucho peligro. De lo que debería acordarse el estudiante es de espiritualizar sus cuerpos, es decir, vida sana y alimentos sanos para el cuerpo físico; deseos y sentimientos espirituales, devocionales, etc.; y pensamientos elevados que lleven a la persona a ser amoroso, fraternal, compasivo y servicial con el prójimo. Esto pone en correcta actividad el cuerpo y las siete glándulas principales; hasta aquí, y por mucho tiempo, llega el trabajo individual del aspirante para que los centros despierten sin ningún peligro.
Hay Maestros de determinadas escuelas, y otros iniciados, que se dedican a “entrenar” al aspirante cuando éste ha atraído su atención desde los planos invisibles, estos iniciados basan su entrenamiento en las necesidades de desarrollo que el aspirante tenga pero también teniendo en cuenta el Rayo de la personalidad y el del Ego o Alma. Sin embargo, eso no evita que alguien pueda trabajar sobre los centros por su propia cuenta y riesgo. No se debería intentar desarrollar los centros mientras haya la más mínima maldad en el hombre pero, además, el trabajo debería ser constante durante todo el día, estando libre de preocupaciones, prejuicios, enfermedad, interrupciones en los momentos exclusivos de dedicación, etc. Los centros se desarrollan solos cuando uno se disciplina, ama y sirve a los demás y es fraternal y compasivo con todo ser viviente. Cuando la energía de la conciencia se fusiona con la energía de las células del cuerpo físico se produce sensibilidad y percepción de forma natural, pero cuando el individuo actúa erróneamente y hace una excesiva estimulación de las células del cerebro, se produce una fusión con ciertas energías de las que circulan por el cuerpo, lo que puede provocar locura y otras afecciones cerebrales entre otras enfermedades.
El Sutratma es un hilo de energía plateado donde se engarzan los átomos permanentes que unen la personalidad con el Espíritu durante un período de manifestación haciendo esto por medio del Ego. Es el Ego el que vitaliza sus vehículos o cuerpos de manifestación por medio de este hilo para así poder manifestarse y extraer el beneficio o quintaesencia de las experiencias de cada vida. Este hilo, que es en sí mismo una corriente de vida, se divide en otras dos corrientes que se conectan uno en la región de la glándula pineal en el cerebro –aspecto conciencia– y otro, que anima cada átomo, se conecta al corazón –aspecto vida– dando así las riendas al Ego para que, desde el cerebro, pueda actuar sobre la circulación sanguínea y el sistema endocrino como un ser autoconsciente e inteligente.
El sutratma es el hilo de la vida que desciende, es la base de la inmortalidad que une y vivifica todas las formas y contiene la voluntad y el propósito de la conciencia que se manifiesta; el antakarana es el hilo de la conciencia que se manifiesta o que responde dentro de las formas físicas y, aunque por lo general se piensa que es también una especie de hilo de energía, sería más acertado decir que es un estado de conciencia. El desarrollo de este puente no se inicia hasta que el ser humano está en un nivel evolutivo en que comienza a enfocarse en los planos del Mundo del Pensamiento de una manera consciente y voluntaria y comprende lo que es el pensador a diferencia de la mente creadora de pensamientos; esto es, conectar con el mundo de las ideas para ser creador, mental y voluntariamente. Naturalmente que para comenzar este proceso hay que auto-observarse y tener la consciencia en el aquí y ahora de cada instante para identificarse lo menos posible con el mundo fenoménico y material ni con las obstrucciones y distracciones de la mente. Esto hace que nuestra energía y mente se dirijan al mundo del Espíritu a la vez que éste se proyecta como corriente de energía hacia los tres mundos inferiores; esto trae como resultado una actividad recíproca o sendero que lleva al Espíritu a conectar con el cerebro gracias al Alma o Ego.
El fin último del antakarana es conectar las formas y sus fuerzas con sus fuentes originales, es decir, la vida que se manifiesta como ser humano con el Triple Espíritu a través del Ego. El hombre actual ha llegado a crear y unir sus cuerpos y a manifestarse como un centro de energía mental en el Mundo del Pensamiento a la vez que el antakarana se une al sutratma que surge del corazón, lo que traerá como resultado la identificación y fusión de la personalidad con el Ego. En realidad se trata de construir un puente entre la personalidad y el Alma y entre ésta y el Espíritu, y para ello debemos intentar vibrar en sintonía con los planos superiores del Mundo del Pensamiento; las regiones o planos de las ideas y de la intuición que deben ser captados con la mente. El antakarana se construye gracias a los constantes esfuerzos y sacrificios cuyos resultados elevan y expanden la conciencia, y no solamente por el hecho de ser bueno; hay que demostrar buenas cualidades, virtudes espirituales y una elevada aspiración. El antakarana lo van construyendo poco a poco las personas que se esfuerzan en identificarse y en actuar como los propios Egos hasta que los aspectos de la personalidad se fusionan con el Alma en los tres mundos inferiores. Este puente elimina el vacío que existe entre la conciencia del hombre actual y los mundos espirituales y ayuda a vencer las limitaciones físicas y psicológicas que limitan la libre expresión del Espíritu. Las energías que animan al cuerpo físico, la sensibilidad emocional y la inteligencia de la mente, deben unirse y transmutarse en energías que dinamicen al Ego en su propio plano, esto es, en una mente que imparta iluminación, en una naturaleza intuitiva que facilite la percepción espiritual y en las experiencias divinas.
Como hemos podido comprender a lo largo de estas páginas, el cuerpo físico no sólo es la manifestación de unas energías formativas sino que, además, es el centro donde confluyen una serie de fuerzas y energías procedentes del planeta, del sistema solar y de fuera del mismo con la única intención de ayudar. El verdadero ser humano es un Espíritu diferenciado “por” y “en” Dios, el cual se manifiesta en los tres mundos inferiores por medio de los diferentes cuerpos mencionados hasta que, a través de su evolución se forman el Alma o intermediario entre los mundos y cuerpos inferiores y los superiores. El hombre debe volver a reincorporarse y fusionarse con su Espíritu y su mundo y para ello necesita elevar progresivamente su conciencia, primero al nivel del Alma y después al del Espíritu. Entonces y gracias a todas estas fuerzas divinas que nos ayudan en perfecto orden y sintonía, dejarán de colaborar con nosotros y, a partir de ahí, seremos nosotros quienes, a imagen y semejanza a Dios, colaboremos con las vida que nos siguen en forma de reinos.
Francisco Nieto
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