jueves, 1 de agosto de 2013

CONSCIENCIAS Y YOES





           No hay que ser muy observador para darse cuenta de que un bebé no tiene apenas consciencia del mundo físico, por ejemplo, quiere coger algo que está fuera de su alcance y aún no comprende que no puede, no reconoce porque aún no tiene memoria, no sabe dónde puede haber un peligro por falta de experiencias, etc. Cuando un niño nace aún tiene la conciencia en el mundo de donde viene, que no es otro que donde vamos cada noche cuando nuestro cuerpo físico se duerme y donde vamos después de la muerte de éste. Según va tomando conciencia del mundo físico va perdiendo la conciencia de ese otro mundo de Ángeles, por eso los niños son clarividentes durante unos pocos años por mucho que sus padres se empeñen en decirles que no se inventen cosas o que no tengan tanta imaginación. Los niños nacen con “conciencia” de Alma fruto de todos sus renacimientos a través de millones de años, pero sin consciencia del mundo físico porque aún o ha tenido experiencias en él. El niño comienza por tomar consciencia del nuevo mundo gracias al placer de alimentarse de la leche materna, lo que le hace “desear” tener esa experiencia otra vez, pero más adelante tendrá que hacer frente a otras experiencias que serán motivo de rechazo porque le causen dolor, y otras donde se mostrará indiferente.


            Así es que, la base de las experiencias se encuentra en la información que llega de los sentidos hasta el cerebro y que la mente luego almacena como placer (deseo) o dolor, (rechazo) de lo que se deriva toda una serie de emociones que pueden llegar al amor o al odio entre otras. Con cada experiencia que tiene el niño, la mente la almacena en la memoria, representada también en agrupaciones neurales del cerebro. Cada vez que se repite una experiencia con algo nuevo ésta toma el lugar de la anterior y cuando se repite mucho una misma experiencia se forma el hábito, y según sea la educación, enseñanza, relaciones sociales, etc. así será el carácter y la propia identidad. Pero, como todos nos podemos dar cuenta, nuestra consciencia del mundo físico y nuestro carácter van cambiando con el paso de los años según las experiencias de cada día.

            La humanidad, como tal, también ha pasado por diferentes estados de consciencia comenzando por la inconsciencia del mundo físico como en el caso del recién nacido. Mucho antes de obtener el germen de lo que, a través de la evolución, se ha convertido en mente, éramos inconscientes del mundo físico como lo son los animales o como lo somos mientras dormimos. Hubo una época en que éramos tan inconscientes como los minerales, pero llegó un momento en que los impactos del exterior “despertaron” otra conciencia superior que nos hizo mostrar algo parecido a lo que hoy llamamos sentimientos. De ahí surgieron, como hemos dicho en el anterior párrafo, los deseos por lo que causaba placer y rechazo por lo que causaba dolor, pero también aliciente para seguir experimentando aunque nuestra consciencia todavía era interna, es decir, todavía no “conocía” el mundo físico. Fue la evolución en esa conciencia interna la que, de forma similar a los animales, nos llevó a necesitar otra consciencia superior que estuviera relacionada con el mundo físico, y por eso nos facilitaron el germen de lo que hoy hemos desarrollado como mente. Según fuimos desarrollando la mente y conociendo el mundo físico nos hicimos autoconscientes de nosotros mismos y nos dimos cuenta que éramos individuos. Así es que, hemos pasado de la consciencia del mundo interno o mundos superiores, a la consciencia externa del mundo físico (perdiendo la anterior) gracias a la cual estamos evolucionando por medio de las experiencias en este mundo que hemos creado.

            En el caso del niño tiene una primera etapa de casi inconsciencia hasta los 7 años, una segunda donde se reconoce como un ser pero dependiente de sus padres hasta los 14, y una tercera donde se independiza gracias a que se siente responsable de sus actos a los 21. A nivel de humanidad, pasamos por una etapa de inconsciencia del mundo físico; una segunda donde nos dejábamos dominar y actuábamos de acuerdo al cuerpo de deseos o emocional; y una tercera, en la que estamos ahora, donde gracias a la mente somos autoconscientes y estamos desarrollando la voluntad y los poderes del Alma. Todo eso ha hecho que nos identifiquemos tanto con este mundo de materia que aún muchos creen que son el cuerpo físico. Es cierto que otros saben que eso no es así, pero la realidad es que, por no ser, no somos ni siquiera la mente. Tanto el niño como la humanidad se dejaron dominar por el placer y eso les llevó a desear más experiencias placenteras, y así se ha llegado a intentar vivir para satisfacer nuestros deseos personales. Como he dicho, a partir de obtener la mente, también comenzamos a desarrollar la voluntad, pero tanto la mente como la voluntad están muy apegados a lo material, a la personalidad y a todo lo que nos satisfaga egoístamente. Cuando teníamos la conciencia interna desconocíamos el mundo físico, ahora tenemos conciencia del mundo físico pero desconocemos el mundo del Alma, que es el verdadero mundo del Yo o Ego.

            Es necesario que el hombre se conozca a sí mismo y para conocerse a sí mismo debe auto-observarse para así poder ser consciente de lo que pertenece al mundo y lo que pertenece al Alma. Cuando despertó el hombre a este mundo pensaba que era el cuerpo y se identificó como un Yo a la vez que consideraba “no-yo” a todo lo demás. Ahora se identifica con la mente y considera no-yo a su cuerpo físico pero todavía tiene poca idea de que esa conciencia tampoco es la que le corresponde. El hombre actual, como le ocurre al niño, actúa según lo que se va grabando en su cerebro desde que nace, la repetición automática de hechos crea hábitos, éstos crean el carácter y éste último crea unos rasgos que le hacen actuar casi como un autómata. Y es de ese estado de consciencia en el que estamos ahora y donde, (aunque creamos que este mundo es real) en realidad estamos dormidos, del que debemos salir para elevarnos a la conciencia del Alma. Actuamos según lo que tenemos guardado en el cerebro y que, a su vez, despierta ciertas emociones que impulsan a pensar y a actuar de la misma forma. No es el mismo yo el que ante un problema se pone a razonar conscientemente que el que actúa todos los días haciendo las mismas cosas; no es el mismo yo el que intenta crear algo nuevo gracias a su discernimiento y a su voluntad que el que está viendo la televisión con su mente entretenida en lo que está viendo; no es el mismo yo el que vive en las experiencias del pasado o en las imaginaciones del futuro que el que se auto-observa en cada momento presente o ahora siendo consciente de que sus emociones y sus pensamientos no son él; y no es el mismo yo el que escribe en el teclado del ordenador de forma automática que el que observa atentamente cómo se van formando las palabras en la pantalla.

            Desde pequeñitos y según las experiencias que tengamos, estamos activando células nerviosas con la particularidad de que, cuando cierta cantidad de ellas se activan juntas también se conectan juntas, llegando a crear esa repetición una relación y conexión duradera. De esta forma se crean las redes neurales estáticas que, al cabo de un tiempo, se convierten en hábitos. Viendo esta actividad repetitiva a lo largo de toda la vida comprenderemos que el cerebro configura una estructura limitada o “realidad” basada en los mismos sentimientos, emociones, pensamientos, etc. Así es que, mientras sigamos sintiendo las mismas emociones y deseos, y  mientras sigamos pensando igual que en el pasado, seguiremos creando la misma realidad que en la que vivimos y seguiremos creando las mismas circunstancias que volverán a crear las mismas emociones y forma de pensar.

            La neurociencia actual ya ha confirmado la relación existente (causa y efecto) entre la mente, las emociones y el cuerpo físico que tantas veces ha explicado la filosofía oculta esotérica. Tal y como dicen, tenemos unas sustancias químicas (neurotransmisores, neuropéptidos y hormonas) que con cada pensamiento hacen que el cerebro envíe unas señales químicas al cuerpo para que, a modo de mensajes sobre lo pensado, hagan que el cuerpo reaccione de acuerdo al pensamiento confirmando así que el cuerpo y el pensamiento están en sintonía. De esta forma podemos comprender fácilmente que si creamos pensamientos positivos (amor, compasión, fraternidad, etc.) el cuerpo produce sustancias químicas que nos harán sentir bien pero, de igual forma, si creamos pensamientos negativos (miedos, preocupaciones, etc.) también nos sentiremos mal. Está claro, pues que, según sentimos el resultado de nuestros pensamientos volvemos a pensar de acuerdo a eso que sentimos como resultado de la acción de las sustancias químicas. Si esto lo aplicamos a los hábitos que nos hemos creado, nos daremos cuenta de que ha sido la repetición de una forma de pensar y de sentir lo que nos lleva a actuar casi de forma automática obteniendo siempre los mismos resultados. Es aquí donde cabe preguntarse ¿Hasta qué punto dominamos nuestros cuerpos y hasta qué punto es lo contrario? Lo cierto es que el 95 % del comportamiento y de las expresiones que tenemos a lo largo del día son resultado de esa personalidad fruto de todo lo que acabamos de explicar a lo largo de nuestra vida. De acuerdo con estas explicaciones, es fácil comprender que el verdadero Yo, como conciencia superior, apenas tiene oportunidad de expresarse y por eso se suele decir que está “dormido”.

            Mientras el ser humano siga actuando según las experiencias del pasado, según los dictados de sus deseos y de sus emociones incontroladas, según las respuestas mentales automáticas, y según el carácter y los hábitos de siempre, no “despertará” a una nueva conciencia. Por eso es tan necesario que cree un nuevo mundo ideal con sus deseos y con su imaginación; es necesario que deje de etiquetar a todo cuanto conoce, y que vea a los demás como Almas y no según las experiencias que se ha tenido con ellos. Es necesario que el hombre actual sea autoconsciente en sí mismo para poder observar atentamente sus deseos, sus emociones y sus pensamientos, solo así podrá “auto-conocerse” y construir una nueva conciencia y un nuevo mundo.

                                     Francisco Nieto



lunes, 15 de julio de 2013

PREPARÁNDONOS PARA EL ESTADO POST-MORTEN (IV)





La vida en el purgatorio, o el infierno para algunos, es casi una continuación de la vida física en el sentido de que la persona sigue sintiendo, pensando y deseando lo mismo, por eso se suele decir que durante la vida llevamos con nosotros el Cielo o el Infierno según sea nuestro desarrollo interno y según sean y controlemos las emociones. Las personas con maldad y egoístas se sorprenderán porque ni se imaginan lo que es el Purgatorio, sin embargo, todos deberíamos tener siempre presente que según sean nuestros pensamientos y sentimientos así serán nuestras vibraciones y la materia que atraigamos del Mundo de Deseos y Mental y, por consiguiente, así estaremos formando nuestro futuro estado post-morten. Aunque se puede considerar al Purgatorio como una clínica donde “recibimos un tratamiento para curarnos de nuestros males”, es conveniente saber qué ocurre allí respecto al mal que hacemos a los demás.

A lo largo de nuestra vida, estamos grabando todas las experiencias (relacionadas con nuestros deseos, sentimientos, palabras, pensamientos y acciones) en un átomo que después de la muerte nos llevamos para poder extraer el beneficio del bien y del mal que hayamos hecho en la Tierra. Una vez en el Purgatorio y durante un tiempo, llevamos una vida similar a la terrestre porque estamos en los mismos sitios y entre las mismas personas con las que, en sus noches y mientras su cuerpo duerme, contactamos (digo sus noches porque en el Purgatorio no hay noches para los que ya no viven) También estamos entre otros seres “muertos” y otros que viven pero que se dedican a ayudar a los muertos. Pero claro, si esto solo fuera así sería un cielo, porque a algunas buenas personas incluso se les permite visitar el Cielo situado en las regiones superiores o visitar a sus seres queridos en la Tierra. Pero, ¿Por qué se llama Purgatorio? pues porque según van pasando las imágenes de la vida pasada, con sus correspondientes descansos entre un hecho que hay que purgar y otro, se va sufriendo el mal que hemos causado a los demás. Algunos piensan que ese “sufrir el mal que hemos causado” es algo así como un simple arrepentimiento, pero no es así, porque el dolor surge cuando la fuerza de repulsión de ese mal “arranca” la imagen o hecho de nuestro cuerpo de deseos. Así es que cada vez que nos llega una imagen que hay que purgar no permanecemos como un espectador ante ella, sino que sentimos el dolor causado al prójimo como si estuviéramos en su cuerpo en el momento de la ofensa y con el mismo grado (de odio, de deseo, etc.) con que lo emitimos.

En la primera región del Purgatorio, es donde más se sufre por las peores maldades, pero también por no poder satisfacer los deseos y las pasiones por el hecho de desearlos y buscarlas y no encontrarlas. Si en esta región sufrimos porque por la falta de sentidos físicos no podemos satisfacer las pasiones, en la segunda ocurre algo parecido pero respecto a los pensamientos, es decir, que pensar como pensábamos en la Tierra ya no sirve de nada porque la mayoría de los pensamientos son inútiles para el Alma. En la tercera región y entre otras cosas, ocurre algo similar a las anteriores pero respecto a los deseos y anhelos libres de maldad aunque terrenales, hasta que en la cuarta, por fin, desaparece el deseo de vivir en la Tierra aun teniendo todavía algún recuerdo o nostalgia de ella. Solo cuando se ha revivido la parte que corresponde al Cielo es cuando ya no queda ni siquiera esa nostalgia de la vida pasada, es más, desaparecen incluso las aspiraciones espirituales personales. Entonces es cuando la quintaesencia de las experiencias que hizo el hombre en su vida pasada penetra en el mundo del Ego o Alma, para así estar más cerca de su Padre y hacerse un poco más a Su imagen y semejanza. Por fin y ya en su hogar, el hombre desaparecido descansa como Alma hasta que al cabo de muchos años de felicidad interna, siente la necesidad de nuevas experiencias.

Como he dicho antes, el resultado de la purgación efectuada sobre la película que nos llevamos en el momento de la muerte, queda grabado en otro átomo especial (llamado permanente o simiente) en sentido moral para que en la próxima vida nos hable como voz de la conciencia cuando vayamos a hacer algo malo e incluso después de haberlo hecho. Una vez arrancada y disuelta la materia de baja vibración del cuerpo de deseos relacionada con el infierno y con el purgatorio, el hombre puede elevarse a las regiones superiores o Cielo donde recibirá la recompensa por sus buenas obras para que en la próxima vida le sirva de aliciente para que siga haciendo el bien. Pero el lector tampoco debe tener ese miedo que algunas religiones inculcaban con el Infierno y el Purgatorio porque, como he dicho, es una especie de clínica para purificar al paciente del mal mientras el paciente está asistido por otros seres humanos Ángeles e incluso Arcángeles. Claro que, al igual que aquí se ingresa en un hospital por enfermedades graves y menos graves, también allí hay un verdadero infierno o cirugía del dolor para los que “están muy enfermos”, es decir, para los que han hecho mucho mal. El cuerpo de deseos se abandona para ir al Cielo como se abandonaron los otros cuerpos en la Tierra, de hecho, tanto unos como otros tardan un tiempo en descomponerse. Pero cuando la persona es verdaderamente malvada, ese cuerpo de deseos se cristaliza y se compenetra hasta tal punto con el cuerpo etérico que puede subsistir hasta que el Ego renazca de nuevo. Entonces y puesto que el átomo-simiente de ese cuerpo tiene que atraer materia para el nuevo cuerpo de deseos, también atrae al cuerpo de la anterior vida (llamado en la filosofía rosacruz: cuerpo del pecado) y el hombre renace con una doble personalidad que bien puede ser  más o menos buena por su nuevo cuerpo de deseos y mala por el antiguo.

Una vez comprendido lo dicho en estos párrafos, está claro que el ser humano debe esforzarse por acortar el tiempo en el Purgatorio, y para ello debe procurar no hacer mal con sus deseos, sentimientos, pensamientos y acciones. Pero además de eso tiene otras formas de ayudarse a sí mismo, por ejemplo:

1º.- Auto-programándose cada mañana para visualizar los momentos en que suele car en el mal durante el día para verse superando el problema y emitiendo sentimientos y pensamientos positivos hacia los demás.
2º.- Haciendo una retrospección visual desde el momento de acostarse hasta que se levantó por la mañana para ver dónde, cómo y por qué ha caído en el mal y así proponerse no caer al siguiente día.
3º.- Una vez al año o, al menos, antes de morir apuntar todo lo que se recuerde del mal que se ha hecho durante ese año o vida para luego hacer un verdadero ejercicio de arrepentimiento, reforma y restitución.

                                   Francisco Nieto

martes, 2 de julio de 2013

PREPARÁNDONOS PARA EL ESTADO POST-MORTEN (III)



La materia de deseos de nuestro cuerpo cambia constantemente de lugar como lo hacen nuestras emociones, y lo mismo ocurre respecto a su color y vibración según sean nuestros deseos y sentimientos. Pero siempre hay una vibración y color básico que nos identifica y que es la que reflejará lo que somos y lo que sentimos cuando pasemos al Mundo de Deseos después de la muerte. En este mundo hay leyes que, como en el mundo físico, gobiernan sobre todo lo existente allí y, aunque no son como las del mundo físico, algunas sí tienen cierto parecido, como por ejemplo de que en la región inferior es donde está la materia de deseos más “densa” como aquí el sólido y que la que más “pesa” está en lo más bajo o primera división como si fuera efecto de la ley de la gravedad. Esto significa que en el Mundo de deseos no podemos ascender a las regiones superiores hasta que no nos hayamos deshecho de esa materia que más pesa, o sea, de los deseos y sentimientos más groseros, egoístas, materialistas, etc.



La materia del Mundo de Deseos compenetra a la del mundo físico como las partículas de un perfume lo hacen sobre el humo o la niebla, por eso, no solo está dentro de la Tierra sino que también lo está dentro de nuestro cuerpo físico. Pero como, según su “materia” se va haciendo más sutil (divisiones superiores) el mundo y el cuerpo de deseos se van haciendo más grandes, resulta que el cuerpo de deseos del planeta llega casi hasta la Luna y el nuestro sobresale entre 20 o 30 centímetros del físico. De esta forma, podemos comprender fácilmente que lo más grosero se encuentra casi más bien “dentro” y los deseos y las emociones más elevadas “fuera” del planeta, mientras que en el hombre, lo más grosero se refleja más bien en la parte inferior y lo más espiritual desde el tronco hacia la cabeza. En la primera división o inferior de este mundo (lo equivalente al sólido) no hay nada de lo que solemos llamar positivo entre nosotros (amor, cariño, luz, etc.) Ahí se encuentra lo que muchas religiones llaman el “infierno” porque allí solo reina la tristeza, la soledad y la oscuridad y su ambiente es pesado, desagradable e indeseable porque allí se purga la mayor maldad. La siguiente división es más similar a la vida que conocemos aquí pero todavía con mucha fuerza de la personalidad materialista; y en las dos siguientes es donde están las personas que tienen deseos y emociones más sutiles y elevados pero todavía de forma interesada.


Si bien la primera región se suele representar como el infierno, las dos siguientes lo hacen como el Purgatorio y la cuarta como la intermediaria entre lo grosero o inferior y lo espiritual o superior; las tres más elevadas representan el Cielo según el concepto que cada uno tenga sobre éste. Este mundo, al que vamos después de la vida física, es el mundo post-morten que hemos creado durante nuestra existencia, así, el cristiano tendrá el cielo que le han explicado, el incrédulo se verá en la soledad, el pintor se verá ante bellos paisajes y el verdadero ocultista podrá distinguir y comprender otras muchas más cosas. Por tanto, en el plano más elevado, está la materia más sutil y ahí solo se encuentran, o llegamos todos, después de alejarnos de los conceptos terrenales y de las creencias personales una vez que ya hemos purificado la materia más grosera de nuestro cuerpo emocional.


La muerte es tan necesaria para el Ego o Alma como el sueño lo es para nuestros cuerpos físicos, y lo mismo que nosotros no viviríamos tantos años para experimentar y evolucionar sin la restauración que hacemos durante el sueño, el Alma no podría evolucionar si no recopilara el beneficio de cada vida en el estado post-morten. Por eso, tan importante es lo que se hace después de la muerte como lo que hacemos durante la vida, porque el estado post-morten está basado en lo que hacemos durante la vida, y las líneas generales y hechos más importantes de la vida están basadas en los resultados obtenidos después de pasar por el Purgatorio y el Cielo.


Una vez dicho esto, bueno es que sepamos que después de la muerte encontraremos: 1º.- Lo que creemos que hay y lo que esperamos que ocurra, durante un tiempo y desde el punto de vista personal; y 2º.- Los resultados del buen y del mal obrar a modo de vivirlos y sentirlos en nosotros mismos. Supongamos el estado en que se encontrará una persona egoísta, incrédula y malévola que no se ha interesado por ayudar a nadie ni ha sido sensible al dolor ajeno. Por la incredulidad se encontraría en una especie de vacío, pero analizando lo demás y sabiendo que no tenía ningún lazo de simpatía con nadie, se encontraría también en la soledad. El incrédulo que ha hecho mal purgará en las regiones inferiores sufriendo el dolor que ha causado, pero el incrédulo que ha hecho bien y no mal, puede pasar casi directamente al Cielo para recibir la quintaesencia de sus obras. Tanto en un caso como en otro, llega un momento en el estado post-morten en que la personalidad se olvida de la vida pasada, pero en el incrédulo materialista es peor porque extrae muy pocos resultados, lo que hace que su futura vida esté llena de fracasos y luchas para que aprenda a convivir y a creer. Son innumerables los casos y formas de actuar de las fuerzas que actúan en el Mundo de Deseos, ya que también hay que tener en cuenta que no todo es causa y efecto nuestro. Hay veces que una persona sufre sin merecerlo, o sea, por culpa de otro, y eso se ve recompensado en el Cielo mientras que el causante recibirá su castigo kármico en su próxima vida.


Así es que el cuerpo de deseos es un campo de fuerza magnético compuesto de materia:

1º.- De baja vibración en las personas egoístas, sensuales y malévolas.

2º.- De vibración intermedia (de la región intermedia) en las personas indiferentes a lo espiritual pero que no tienen maldad.

3º.- De elevada vibración en las personas altruistas, fraternales, serviciales, etc.

Casi toda la humanidad suele llevar en su cuerpo materia de alguna de las siete divisiones del Mundo Emocional y ésta se mueve según predominen unos u otros deseos y emociones, llegando incluso a romperse la forma ovoide del cuerpo cuando hay un fuerte descontrol emocional. En estos casos, las bandas que suelen salir de la frente, así como la fuerza que surge del chacra situado a la altura del hígado, muestran un cuerpo deseos muy activo, como si se hiciera más grande. Pero cuando la mente controla las emociones todo se apacigua y se muestra el color que representa el carácter y el temperamento de la persona. En sentido contrario, si la persona tiene poca actividad emocional y está decaída, las líneas de fuerza de los chacras se debilitan y parecen que casi están colgando. Está claro, pues, que nuestro cuerpo de deseos representa en gran parte cómo somos internamente por medio de su movimiento y de sus colores, es más, para la persona clarividente puede ver que incluso llevamos nuestro Purgatorio y nuestro Cielo en nosotros y a nuestro alrededor.

Francisco Nieto

sábado, 15 de junio de 2013

PREPARÁNDONOS PARA EL ESTADO POST-MORTEN (II)




El mundo físico es un mundo de muerte, aunque cada noche restauramos los cuerpos gracias a las fuerzas existentes en los mundos superiores, el hombre nunca se recupera totalmente y va envejeciendo hasta que esas fuerzas destructivas que durante el día nos afectan, ya no pueden más y el cuerpo físico muere facilitándonos así un descanso y una recuperación mayor que la que hacemos por las noches. Así es que, nosotros estamos aquí para vivir el máximo de años posible para poder extraer más beneficio de las experiencias, a la vez que intentamos elevarnos hacia los mundos espirituales por medio de las obras, del intelecto, de la moral, de los sentimientos, etc. Tenemos dos necesidades importantes, una la de restaurar al cuerpo físico por las noches, y otra, la de restaurar los valores morales y espirituales después de la muerte. Digo necesidad porque con cada mal pensamiento, sentimiento, deseo o acción contra otra persona degradamos nuestro yo y para hacer esa restauración existen los medios necesarios después de la muerte. Por consiguiente, mientras estamos aquí en la Tierra tenemos dos opciones: 1ª.- La de destruir equivocadamente al yo y crearnos nuestro propio infierno; y 2ª.- La de buscar la manera de desarrollar el aspecto mental, moral y espiritual para crearnos el Cielo que después de la muerte disfrutaremos. La parte positiva de esto es que, aunque nos degrademos como hombres, siempre tendremos la oportunidad de reparar los daños causados y de arrepentirnos para volver a intentar vivir la vida espiritual.


Nosotros aquí no podemos trabajar directamente sobre nuestros cuerpos de deseos y mental, pero sí podemos (tenemos ejercicios y métodos para ello) hacer que, aun como humanos, podamos ser conscientes en cada ahora para, mediante la auto-observación, rectificar nuestros defectos. Aunque algunos no lo crean, también podemos degradarnos después de la muerte si durante la estancia en el Purgatorio no ponemos de nuestra parte pero, como he dicho respecto a la vida, también aquí podemos acelerar el proceso de purificación y espiritualidad. De lo que sí debe ser consciente el lector es de que los resultados de la vida tendrán su merecido y recompensa después de la muerte, y de que los cuerpos que necesitará para la próxima vida estarán formados (con sus defectos y virtudes) de acuerdo al karma o resultado de esta vida. La fuerza moral, intelectual y la salud física en una vida tienen su causa en los resultados de lo que hizo en la anterior, y el poder interno, la conciencia y la voluntad son el resultado del poder adquirido por el Alma después de extraer la quintaesencia de las experiencias de cada renacimiento. Es necesario destruir el cuerpo físico después de ciertos años de experiencia para que el Ego extraiga poder de expresión sobre el hombre a la vez que éste se eleva sobre lo material y lo personal para acercarse a su verdadero hogar. Si no fuera por lo que ocurre en los mundos superiores, después de la muerte no podríamos renacer y no podríamos evolucionar porque no tendríamos poder espiritual para ello; es el poder del Alma y la ayuda de otros seres existentes en esos mundos los que nos facilitan un nuevo renacimiento y todo lo que necesitamos para seguir el Plan de Dios. Aquí tenemos medios para obtener fuerza y vitalidad para el cuerpo físico, pero sólo en los otros mundos podemos obtener la fuerza que necesitan nuestros cuerpos invisibles, y eso solo se consigue muriendo.

Hay quienes piensan que después de la muerte nos transformamos en buenas personas como por arte de magia y que allí nos facilitan todo lo necesario para vivir felizmente, pero eso no es cierto. Cada mundo tiene una función para cada uno de nuestros cuerpos y por eso mismo, lo que no hayamos conseguido aquí en el mundo físico no nos lo pueden facilitar en esos otros. Si no creemos en otra vida, si no creemos en el Cielo, o si no creemos que allí hay Ángeles y Arcángeles, no encontraremos fácilmente todo eso hasta después de un tiempo de sufrimiento, incertidumbre o soledad que nos lleve a buscar y a creer. Los que se burlan de estos conocimientos (por otro lado muy lógicos) están desperdiciando la oportunidad de adquirir un gran adelanto en el más allá porque lo que están haciendo, ignorantemente, es rechazar el contacto, la ayuda y el conocimiento que esos seres les pueden dar. Pero eso no es lo peor, lo peor es que es muy posible que en la próxima vida se le niegue en parte este conocimiento para que sea él quien se sacrifique y se esfuerce por encontrarlo y comprenderlo.

La gran mayoría de las personas hacen lo que se ven obligados a hacer como deberes familiares, de trabajo o sociales, pero no saben que están retrasando su progreso. Cuando alguien, además de cumplir con sus deberes, se esfuerza por elevar su moral y su intelecto y se preocupa por adquirir nuevos conocimientos o desarrollar más elevados ideales, está adelantando en gran medida porque está sentando las bases para un crecimiento espiritual después de la muerte. Por el contrario, quien no hace nada de esto, se verá cada vez más dominado por lo material hasta que, en alguna vida, él mismo sienta la necesidad urgente de buscar sin saber dónde. La gran ventaja del estudiante de filosofía oculta es que, además de estar preparado para el momento de la muerte y para acelerar y mejorar el proceso post-morten, también lo está para colaborar en las labores que se hacen en ese mundo. Queramos o no, el conocimiento y el resultado de los ejercicios espirituales que hagamos, más el deseo de servir en el Plan Divino, se convierten en “Poder” para mejorar el estado en el más allá.

Todo lo que se cruza en nuestro destino tiene un porqué; los hechos más importantes de nuestra vida están así “programados” para algo, incluso el mal que nos viene como deuda de otras vidas, siempre trae una enseñanza que nos ayudará a progresar. Para aprender de todos esos aspectos es necesario tener voluntad para interesarnos y ser conscientes de lo que queremos hacer y hacemos. Es decir, no se puede extraer apenas nada de un libro si mientras lo leemos nos estamos durmiendo, o no podemos enterarnos de lo que nos dicen si mientras “escuchamos” estamos pensando en otras cosas. El que está “despierto”, o sea, el que pone plena atención y se auto-observa, es el que se hace consciente y guarda todo para extraer un mayor beneficio cada noche y después de la muerte. Quien aprende, quien se adapta y quien se hace consciente, adquiere más poder espiritual para hacer frente a lo que ocurre después de la muerte y para resolver su propio karma. No podemos aprender en el más allá si no nos hemos preparado aquí, y no tendremos tantas posibilidades en la nueva vida si no hemos obtenido buenos resultados en el más allá.

El ejercicio de la concentración, la devoción, la atención a lo que sentimos y a lo que pensamos y casi todo lo que hacemos aquí en la vida física, tiene sus buenos resultados en la vida post-morten. Lo mismo que es importante que seamos conscientes de lo que hacemos, decimos, pensamos, etc. para que la película de nuestra vida quede bien grabada, también lo es el interés que pongamos para desarrollar cualidades morales, intelectuales y espirituales. De acuerdo con esto, así será nuestra estancia en cada una de las regiones que componen el Purgatorio y el cielo y así seremos capaces de asimilar el poder que de cada estancia se adquiere. Hay que comprender que lo mismo que aquí hay leyes naturales que rigen el mundo físico, también lo es que allí hay otras leyes que nos someten y cuyos resultados dependerán de lo que hayamos conseguirlo alcanzar aquí. También es necesario tener presente que la vida futura y la conformación de los cuerpos depende de todo esto y de las causas que se hacen en la vida terrenal. Durante la noche no somos conscientes de cómo esas fuerzas reconstruyen nuestros cuerpos, pero después de la muerte sí somos conscientes de todo y podemos colaborar para hacer un mejor aprendizaje y un mejor trabajo.

Después de la muerte y una vez que alcanzamos las primeras regiones del Purgatorio, nos vemos obligados a ver retrospectivamente nuestra vida pasada antes de poder elevarnos al Cielo. Las tres divisiones inferiores del mundo de deseos, y más aún la primera, es casi una continuación de la vida física, pero también desde donde comenzamos a olvidarla según ascendemos hacia el Cielo. Allí el hombre sigue deseando y pensando como aquí, pero como no puede satisfacer sus deseos por no tener cuerpo físico, sufre hasta que se olvida de ello; es esa “liberación” la que arranca del cuerpo de deseos lo que domina al hombre y que no le es útil al Alma. Pongamos un ejemplo: Las personas que tienen poca personalidad y poco carácter y hablan y piensan según la opinión de los demás, o los que viven y opinan basándose en las opiniones de los políticos, entre otros; esto es una pérdida de tiempo y un sufrir absurdo en el Purgatorio. Lo que pensamos aquí se convierte en hechos allí, y por eso es necesario que seamos más conscientes de nuestras actitudes y expresiones porque, si no es así, las fuerzas allí existentes nos harán sufrir sin necesidad. Aquí creamos un pensamiento contra alguien y no nos ocurre nada, digo más, si nos dieran la oportunidad de rectificarle no podríamos porque ya está creado. Pero allí no ocurre lo mismo porque el pensamiento se manifiesta vivo ante nosotros causándonos el dolor que podría haber causado a la otra persona si hubiera sido consciente de él. Es entonces cuando el dolor en nosotros hace que cambiemos al respecto para luego olvidarlo, no sin antes haber dejado un recuerdo en forma de conciencia. Pero también hay hechos que necesitan rectificarse, no en la vida post-morten, sino en la próxima vida física como, por ejemplo, el ludópata o drogadicto que se gasta el dinero que necesitan para comer y maltrata a su esposa e hijos. En este caso, él sufrirá en el Purgatorio el dolor moral causado a su familia, pero tendrá que renacer junto a esas Almas, con alguna relación cercana, para poder rectificar y devolverles lo que les quitó físicamente para gastárselo.

Está claro que además de purgar el mal, la moral y todos los demás valores son los que nos sitúan en nuestro lugar y los que nos facilitan más ayuda. Un ser inmoral y antisocial tiene poco sitio en estas regiones, y cuando lo tiene es para estar entre algún similar. Los que nos esforzamos por ser un poco mejores también metemos la pata muchas veces y, aunque después queramos compensar la mala obra con otra buena, si no pedimos, perdón a la persona o si no hacemos un verdadero y profundo arrepentimiento, tendremos que revivirlo en el Purgatorio. En estos casos, primero sufriremos el dolor de la ofensa en el Purgatorio y después recibiremos la compensación de las buenas obras que le hayamos hecho. Sin embargo, tanto en la vida física como después de la muerte, es la fuerza de pedir perdón y del arrepentimiento lo que nos hace ver el mal que hicimos para después repararlo; a veces la propia impotencia al ver el mal que hemos hecho nos da también fuerza para compensar el mal del prójimo. Quien crea que solo tendrá que hacer frente en el Purgatorio al dolor causado por los deseos y sentimientos que él conoce, está confundido, porque allí se limpia la personalidad del más mínimo detalle, emoción o pensamiento que pueda causar desarmonía en las regiones celestiales.

Francisco Nieto

viernes, 31 de mayo de 2013

PREPARÁNDONOS PARA EL ESTADO POST-MORTEN (I)



Cuanto más atrás en el tiempo y en la historia más podemos darnos cuenta de que el hombre ha creído que era el cuerpo físico, aún hoy todavía hay quien lo piensa, y de los que creen que somos algo más, pocos se ponen a meditar sobre ello. Al igual que ocurre con las tecnologías modernas que las usamos sin saber nada de cómo están construidas y cómo es posible que nos faciliten tanta información y comunicación, nos ocurre respecto a nuestro mecanismo interno, que es el que hace que nosotros (como yoes) podamos expresarnos de diferentes formas y ser receptores de lo que ocurre fuera y dentro de nuestros cuerpos. Somos un cuerpo físico que tiene vida, que tiene emociones y deseos, que piensa, y que tiene voluntad y libre albedrío. Pero todo eso, como ocurre con el mecanismo de un reloj, está compenetrado y relacionado entre sí:


1º.- Para que el yo pueda ser consciente en la Tierra.

2º.- Para que deje de serlo mientras duerme pero sí lo sea en los otros mundos.

3º.- Para asimilar el fruto de las experiencias después de la muerte.

4º.- Para demostrar que hay algo independiente de todo eso y que es el verdadero Yo o Alma.


Tenemos el mejor mecanismo (cuerpos) para cumplir las necesidades evolutivas que actualmente hay en la Tierra para el hombre, pero también es lo más perfecto para extraer el mayor beneficio después de la muerte y para volver a renacer. Para la mayoría de las personas, nosotros morimos cuando el cuerpo físico es abandonado por la vida. Pero para los verdaderos clarividentes no es así porque ellos saben que hay “algo” que hace que eso ocurra para que haya un tiempo de reposo o descanso físico antes de volver a renacer con tal de aprender de las experiencias como hacen los niños en cada día de clase cuando van al colegio.


Como todos los ocultistas sabemos, la materia del mundo físico tiene su uso particular en el hombre como vehículo para la expresión del Espíritu y para que pueda desarrollar sus posibilidades latentes en poderes dinámicos gracias a las experiencias y a los sentidos. La materia física se reagrupa para formar los cuerpos de los diferentes reinos pero es la vida que los anima la que hace una primera distinción entre el reino mineral y el vegetal haciendo que éste nazca, crezca, se desarrolle y muera; y esa “vida” que el hombre también tiene en forma de cuerpo se llama cuerpo “etérico” o vital. Sin embargo, observando a los animales podemos comprobar que tienen algo que los vegetales no tienen y ese algo son los deseos y emociones. Dichos deseos y emociones también se consideran en nosotros como otro cuerpo que nos iguala a los animales con la diferencia de que nosotros hemos evolucionado más que ellos y hemos adquirido la mente. Este cuerpo de deseos o emocional actúa como transmisor y receptor de los impulsos internos e impactos externos que sirven como aliciente para que el hombre actúe y para que tenga sentimientos respecto al placer o dolor, a la atracción y la repulsión, etc. Este cuerpo es imprescindible para que el hombre desee, sienta y pase a la acción en busca de sensaciones nuevas con tal de obtener experiencias que faciliten su desarrollo y que le impulsen a repetir las buenas o a rechazar las malas, a la vez que anhela y tiene aspiraciones más elevadas. Naturalmente que para hacer esto último el hombre se vale de algo que le diferencia de los animales, y ese algo es la mente, el cuerpo que nos hace humanos, que facilita la expresión del Alma y que en un futuro obtendrán los animales.


Si quisiéramos dividir el mundo físico en siete estados o grados de densidad de materia (lo que verdaderamente es) podríamos comenzar por los estados llamados sólido, líquido, y gaseoso. Pero todos sabemos que en la materia también hay otras divisiones como la célula, la molécula y el átomo, el cual está compuesto de materia-energía, o sea, de éteres. Los estudiantes de filosofía oculta sabemos que los cuatro cuerpos que utilizamos están compuestos de materia de cada uno de los mundos a los que pertenecen, por eso nuestro cuerpo físico está formado con materia física, el cuerpo etérico lo está de éteres (la materia más sutil del mundo físico) el cuerpo emocional o de deseos lo está de materia de deseos, y la mente está compuesta de materia todavía más sutil que pertenece al Mundo del Pensamiento. Pero, igual que la materia del mundo físico se divide en siete grados también lo hace la del Mundo de Deseos, y por tanto, nuestro cuerpo de deseos puede contener materia de deseos o emocional de cada una de las siete divisiones del Mundo de Deseos. Y esto es así hasta el punto de que el estado inferior de la materia sólida se relaciona con el inferior del Mundo de Deseos, significando esto que como este cuerpo es emocional, en ese nivel y grado de materia es donde se encuentran los deseos y emociones más groseras y animales en nosotros.


Lo mismo que las placas solares que dan luz a una casa dependen del Sol para facilitar esa luz, así la vida del hombre mortal depende del Alma que es el verdadero hombre o Ego. El hombre físico y sus sentidos son los medios que el Ego tiene para poder expresarse e intentar guiarnos, y para ello tiene una mente creadora a la cual se unen los deseos y emociones con tal de que sus ideas puedan llegar al cerebro y al sistema nervioso. Este mecanismo es el que sirve también para que, como ocurre por las noches, después de la muerte del cuerpo físico el hombre extraiga la quintaesencia de sus experiencias y se la ceda al Alma para así poder descansar y preparar un nuevo renacimiento. Lo cierto es que la verdadera vida y cuando más cerca estamos de la realidad, es cuando nos encontramos en esos otros mundos, ya que la conciencia que aquí tenemos es la más alejada del Alma. El mundo físico es el mundo donde experimentamos, y por ser como es se nos ha facilitado los cuerpos que tenemos con tal de que el resultado de las experiencias lleguen al Alma. Pero lo mismo que aquí abandonamos el cuerpo físico, así vamos abandonando los otros superiores según extraemos el beneficio de ellos, hasta que el Alma se queda desnuda pero en su verdadero y real mundo. Así, el Ego volverá a crear nuevos y más perfectos cuerpos en esos mundos sutiles para volver a aprisionarse en éste hasta que, renacimiento tras renacimiento, alcance la próxima meta de que el hombre sea consciente en esos mundos y ya no exista más la muerte para él.


Es importante que al lector le quede claro que él, como personalidad, no es el pensador ni el observador de sí mismo. El Ego o Alma es inmortal pero no es el hombre que cada noche se acuesta porque ese “ser” desaparece nada más dormirse, es más, si desapareciera también después de la muerte no podríamos decir que el Alma es inmortal. El yo con el que nos identificamos a través del cerebro y de los sentidos pero que está en la superficie de la conciencia no es inmortal; ni siquiera los sentimientos ni la mente pensante es el verdadero Yo o Ego. El Ego es el silencioso observador del comportamiento del hombre, y nosotros nos acercamos a él cuando, estando en el presente o ahora, (sin pensar en nada del pasado ni del futuro) observamos los sentimientos y a la mente de una forma consciente y voluntaria, no permitiendo que la mente piense por sí misma ni que el hombre se deje llevar por las emociones ni los deseos.

                                               Francisco Nieto


domingo, 19 de mayo de 2013

LA PERSONALIDAD (y IV)




Evidentemente que no es fácil, y más para los neófitos, pero con el paso de los años y si se persiste, se puede transformar este vehículo para hacerle digno del verdadero Ser. Uno de los primeros y más importantes pasos para purificarle es por medio de la propia observación del mismo, es decir, estar plenamente atento para ver qué, cómo y cuándo se expresa, evitando que exprese todo lo negativo y estimulando todo lo que esté de acuerdo con los más elevados deseos, anhelos y aspiraciones espirituales. Si, además, dedicamos algún tiempo cada día a relajarle por medio de la concentración de la mente en asuntos elevados para que se formen ideales y deseos superiores, conseguiremos crear nuevos hábitos y respuestas de más elevadas vibraciones. Es importante observar a qué emociones o impactos violentos y negativos responde con más frecuencia para trabajar en sentido contrario sobre ellos.



Otro trabajo importante sobre este vehículo es poner en práctica el supuesto de que el Ego ya se expresa a través de él y, por tanto, no cae en ninguna actividad negativa; es más, se puede estar todo el día intentando expresar lo que expresaría Cristo en deseos, sentimientos, buena voluntad, sacrificio, servicio amoroso y desinteresado a los demás, etc. Debe quedar muy claro que, al igual que la mente, el cuerpo de deseos debe estar controlado para que sus expresiones sean de nuestra más elevada voluntad y para que no sea movido por lo que procede de corrientes externas (incluidos los pensamientos ajenos) ni por deseos inferiores, rencores, odios ni nada parecido.


Llegamos ahora al cuerpo mental, el vehículo que utiliza el Ego pero que no es dicho Ego. Esta mente es la que comúnmente utilizamos para razonar y está relacionada con las regiones más concretas e inferiores del mundo del pensamiento, mientras que el Ego está en las superiores o abstractas de donde proceden la intuición y la inspiración. Como hemos dicho respecto al cuerpo emocional, lo primero y más importante es aquietar este cuerpo para que tenga una mejor recepción de lo que venga del Ego y de dichos planos abstractos, y para ello es muy aconsejable la concentración y la meditación. La claridad mental también es muy importante, sobre todo por aquello de que “un ciego no puede guiar a otro ciego”; debemos tener muy claro cuáles son nuestros ideales, esperanzas y deseos para llevarlos a la práctica con el fin de desarrollar nuestros vehículos y elevar la consciencia, lo que nos facilitará la posibilidad de poder ayudar mejor al mundo. La mente debe estar controlada consciente (saber lo que está pensando en cada aquí y ahora) y voluntariamente para poder observarla desde la posición del Ego y para utilizarla para crear pensamientos que estén en sintonía con la Mente de Dios o mente universal.


Estos trabajos van transformando a la mente de tal manera que se va creando un nuevo carácter y se va penetrando en la región de la intuición pura de donde se extrae la Verdad. La concentración enfoca la mente concreta sobre la abstracta y así evita el hábito de crear pensamientos innecesarios e inútiles; la meditación es mantener la mente en lo superior, en la luz, con tal de atraer lo elevado y espiritual a la vez que se intenta actuar desde la posición del Ego; con la contemplación se penetra en el silencio mental que nos lleva a las regiones superiores para extraer y conocer las ideas de Dios respecto a Su Plan. Eso trae consigo el hecho de vivir la vida internamente, en meditación constante en cada aquí y ahora para que nuestra vida se exprese según el punto de vista del Ego. No se trata de pasar del mundo y los deberes y responsabilidades, sino de ver todo esto y hacerlo frente desde una visión más clara y más espiritual; esto es: “ser del mundo pero no estar (en conciencia) en el mundo.” Es la vida del Alma la que, a través de la mente superior controla y dirige a los pensamientos, deseos, emociones, palabras y acciones para que sus expresiones sean de amor, de humildad, de fraternidad, de sacrificio, etc.


Cuando el hombre, como personalidad, lleva muchos años y (normalmente) varias vidas esforzándose y sacrificándose por vivir la vida superior gracias al auto-gobierno de sus cuerpos, lo que en realidad ha estado haciendo ha sido un ordenamiento o alineación respecto al cuerpo causal del Ego para que sea éste quien dirija la vida. Se trata de que la mente esté en comunicación directa con el cerebro y de que en éste no haya obstrucciones ni interferencias externas ni tampoco internas por parte de los cuerpos superiores. En este trabajo o desenvolvimiento se hallan actualmente algunos discípulos adelantados y otros que, aún inconscientemente, han abierto un canal directo con las regiones superiores del mundo mental creando así una comunicación directa con el cerebro.


En la mayoría de los aspirantes espirituales serios, este hecho solo suele producirse de tarde en tarde, cuando hay un gran y persistente esfuerzo por vivir los ideales elevados y llevar una vida de oración interna, de meditación y de abstracción. Es necesario tener presente que hasta que el trabajo sobre cada uno de los cuerpos no permita que las vibraciones del cuerpo causal les alcance no podrá el Ego influir de alguna manera sobre los mismos; de aquí que se deba vivir la vida interna y con la mente centrada en lo más elevado y espiritual para que los otros cuerpos respondan a esa vibración. Es decir, hasta que los vehículos del Ego no estén identificados en algún grado con el cuerpo causal, la personalidad no podrá “reconocer” al Yo superior; sólo entonces se percibirán intuitivamente las ideas abstractas y cierta iluminación procedente del Triple Espíritu.


El centro desde donde se esfuerzan y desde donde dominan a sus cuerpos físicos los ocultistas y quienes practican la meditación es la mente. De hecho, el verdadero aspirante debe intentar razonar y discernir todo lo que representan dichos cuerpos desde la posición del Ego para así utilizar el antakarana (canal de comunicación y unión) para comunicar la mente concreta con la abstracta; así el cerebro se hace receptor de lo que transmite el Ego y, en un futuro, del Triple Espíritu. Es muy importante que la conciencia, ya con cierto grado de desarrollo, esté compenetrando y espiritualizando a la mente y al cuerpo de deseos para que en los momentos de meditación profunda o quietud por estar como observadores en el ahora no queden bloqueadas formas negativas en dichos cuerpos. Estos cuerpos tienen forma de ovoide y en ellos se mueven formas y fuerzas según lo que se desea, se sienta o se piense; de ahí que procuremos expresarnos con nuestros cuerpos como si la influencia del Ego limpiara dichos vehículos de negatividades. Por todo esto, la meditación debe facilitar el control del Ego sobre los cuerpos para que puedan ser alineados y coordinados con tal de que el aspirante sea un servidor de los demás. Según nos vamos dando cuenta de nuestra centralización en los planos de la mente superior así deberemos esforzarnos por hacer que se cumplan en la tierra todas nuestras aspiraciones e ideales elevados.


Toda escuela y todo entrenamiento oculto obliga a cada aspirante a pasar por diferentes grados desde el mismo momento en que se afilia a la escuela o es tomado por un Maestro, pero el primer grado que se podría considerar como serio y responsable es el de probacionista. En este grado debe haber cierta identificación y sensibilidad con la vibración de la Escuela o grupo que representa el Maestro y, de hecho, llegará el día en que el probacionista se sienta inundado de esa vibración. Esto suele ocurrir, sobre todo, al principio, pero como sus cuerpos no están lo suficientemente refinados y disciplinados como para aguantar esa vibración, pronto se pasa y vuelve a ser el que era. Según sean los anhelos, ideales, esfuerzo y persistencia del probacionista, tendrá momentos cada vez mayores de vibrar en sintonía con la vibración del Maestro o Hermano Mayor. Esto se irá alcanzando cada vez más según el probacionista utilice la mente concreta para llegar a la abstracta o superior y después al cuerpo causal, que es cuando se puede ser consciente del propio contacto con el Maestro y no antes. Esto, como los ocultistas sabemos, debe ser fruto del trabajo de la personalidad respecto a la meditación constante y de la facultad de concentrarse en el inmediato deber.

Francisco Nieto

domingo, 5 de mayo de 2013

LA PERSONALIDAD III



                Las escuelas iniciáticas son las encargadas de atraer a sus futuros probacionistas y discípulos para darles las enseñanzas ocultas y enseñarles los métodos y ejercicios espirituales que necesitan para acelerar su desarrollo espiritual. Naturalmente que hay personas que viven lejos de estas Escuelas que representan a la correspondiente Orden del Rayo al que pertenece el aspirante y, por tanto, viven la vida superior de forma más aislada, independiente y en muchos casos sin tener relación con el ocultismo. Los maestros que buscan a estas personas solo desean que puedan ser útiles para el servicio amoroso al prójimo, lo demás les será dado por añadidura; por tanto, todos necesitan un entrenamiento. A medida que la humanidad evoluciona va cambiando el punto focal donde la personalidad actúa como receptora y emisora y, actualmente, ese punto está en el cuerpo de deseos o emocional haciendo este de punto de unión entre los cuerpos inferior y los superiores. Tanto los pensamientos como las acciones están íntimamente relacionados con los deseos, sentimientos y emociones de este cuerpo actualmente, sin embargo, en un futuro no tan lejano, el punto donde la personalidad de polarizará será en la mente. Ya mucho tiempo después ocurrirá lo mismo respecto al cuerpo Causal (cuerpo del Yo superior) y entonces el hombre se verá despojado de los vehículos que hasta entonces respondían a las vibraciones de los tres mundos inferiores.



Así es que, cuando una persona comienza a identificarse con ciertas vibraciones del Ama y desea y buscar la manera de vivir la vida superior, es puesto a prueba por los Maestros buscadores de aspirantes para después enseñarles (consciente o inconscientemente) algunos hechos como por ejemplo:

1º.- A comprender y a conocerse a sí mismo internamente como a sus vehículos.

2º.- Comenzar a controlar las fuerzas de dichos cuerpos para utilizarlos en el gobierno de las fuerzas que le rodean y ante los problemas de la vida para que sean seres equilibrados.

3º.- Enseñarles las conexiones entre sus cuerpos y los mundos y de todo ello con el Creador de este esquema evolutivo.

4º.- A disciplinar sus vehículos para que el Yo superior vaya tomando el lugar de la personalidad.


              Esto puede ser difícil de entender para quien no ha profundizado en las enseñanzas ocultas, pero es necesario que el lector se haga a la idea que lo mismo que el mundo físico está compuesto de materia solida, líquida, gaseosa, celular, molecular y atómica (todo compenetrado en un mismo espacio) también los átomos contienen protones, neutrones, electrones y otras partículas recién descubiertas más las que no se han descubierto pero que se sabe que existen porque son fuerzas detectables de donde procede todo lo manifestado. Una vez aclarado este punto es necesario explicar cómo el Ego está conectado a la personalidad o vehículos inferiores. Los vehículos tienen dos aspectos principales que les hacen ser, uno es la vida y otro la conciencia. De ahí que cuando llega el momento de la muerte y la vida sale del cuerpo físico, se pierda la consciencia; el aspecto “vida” está conectado al corazón y el de “conciencia” al cerebro. Como los cuerpos inferiores son centros de expresión de la vida del Alma, tienen que tener un centro o punto focal de energía con suficiente poder como para atraer y mantener unida la sustancia que forman los cuerpos; pues estos suelen llamarse “átomos simiente” y también son los medios para que el Ego se exprese y esté activo en los tres mundos inferiores y sobre los campos de fuerza o cuerpos.


              Hemos dicho que el hombre, como tal, comenzó desde la inconsciencia en el cuerpo físico y fue adquiriéndola progresivamente como lo está haciendo hoy (inconscientemente) respecto a los cuerpos superiores. A medida que el hombre fue transfiriendo su consciencia externa a dichos cuerpos para poder expresar su naturaleza (deseos, sentimiento y pensamientos) el Ego se fue formando y haciendo fuerte como centro principal donde se guarda la quintaesencia de las experiencias de cada vida. De esta forma y como podemos ver en los más avanzados de la humanidad, los cuerpos cada vez tienen menos poder respecto a la voluntad y conciencia del Alma, a la vez que esta Alma o Ego intenta expresarse cada vez más a través de ellos para ayudar y servir. Por tanto, hay que considerar al Alma como un centro de conciencia y a los cuerpos como centros de experiencia donde el Ego también deposita su conciencia y voluntad para ir transmutando la conciencia de la personalidad en ellos. Resumiendo, nuestros cuerpos son para nosotros el campo de nuestra conciencia pero para el Ego son centros de experiencia.

          Como cualquier ocultista sabe, una vez se despierta y se busca la vida superior o espiritual, no nos queda más remedio que luchar contra la naturaleza inferior de los diferentes cuerpos que han permanecido compenetrados fuertemente desde que se alcanzó la individualización o auto-conciencia personal. Hay que decir que cada cuerpos superior tiene (además del átomo-simiente) unos centros o chacras que a su vez están relacionados con los siete rayos que gobiernan los siete mundos y que tienen su origen en el propio Dios, pero este no es el tema de este artículo. La mencionada lucha que surge cuando decidimos vivir la vida superior para hollar el Sendero de Perfección comienza (aunque se relacione con todos los cuerpos) entre el cuerpo etérico y el físico. Valiéndonos de los vehículos superiores (voluntad, deseo, repetición) debemos cambiar los hábitos y malas costumbres del cuerpo físico, para disciplinarle hacia el vegetarianismo, la abstención del mal uso de la energía creadora o sexual, la higiene, el ejercicio físico y toda una serie de nuevas disciplinas relacionadas con la oración, concentración meditación, y auto-observación; esto nos libera del control que tiene la forma sobre la vida. Cuando la fuerza etérica va disciplinando al cuerpo físico comienza la verdadera aspiración hacia los mundos superiores y un proceso purificador sobre el cuerpo de deseos; así debe ser hasta que la energía procedente del Alma alcance el cerebro gracias al perfecto gobierno de la mente y del cuerpo de deseos. Esto es la subyugación de la naturaleza inferior y el despertar de la conciencia cerebral a la percepción del Alma para que haya un perfecto alineamiento de los cuerpos.


          Entrenar el cuerpo físico, aunque a alguien le parezca una tontería es de suma importancia, al igual que los otros cuerpos superiores, cada materia pertenece a un plano del mundo físico y tiene una determinada vibración, por eso, todo lo que conforme la construcción y mantenimiento del cuerpo físico debe ser de la más elevada vibración. Cuando más burda y de más baja vibración sea la materia que se incorpore al cuerpo físico más difícil le será al Ego transmitir conocimiento o guiar al hombre y más difícil será que el cerebro reciba los impactos de la mente o de los pensamientos que le rodeen. Por tanto hay que alimentarle de la forma más sana posible (mejor con dieta vegetariana) hay que mantenerle higiénicamente limpio; hay que darle sus correspondientes horas de descanso; debe vivir en el mejor ambiente natural libre de humos, tabaco, alcohol, etc.; debería de hacer algo de ejercicio; y dedicar algún tiempo a la meditación, a la oración o a la auto-observación o incluso a escuchar música clásica o sacra para encontrarse en armonía con los planos espirituales.


            También y como es obvio, se puede cuidar y desenvolver el cuerpo emocional, y la meta a alcanzar por cualquier persona que lo quiera intentar es hacer que sea tan puro que parezca un perfecto reflector de todo lo que proceda de las regiones mentales donde se encuentra el Ego y no permitir que ande como una ola en el mar de las emociones y los deseos o que sea llevado de una cosa a otra por una mente incontrolada. El cuerpo de deseos o emocional, como su nombre indica, tiene una determinada naturaleza y vibración según la evolución que tenga el individuo y según el karma, circunstancias y naturaleza mental del mismo. El cuerpo emocional refleja las emociones, sentimientos y deseos del ambiente donde se encuentre y, en combinación con todo lo que él mismo es, emite sus propias conclusiones en la misma forma o como hábitos, impulsos, instinto, etc. Vibra con los sonidos que le llegan; se moviliza con las corrientes que le afectan; y actúa con cada deseo, fantasía, imaginación o impacto que le llegue; de ahí que todo lo dicho para el cuerpo físico y lo que se dirá para la mente le beneficie mucho en todos los sentidos. Por consiguiente, nuestro cuerpo emocional debería permanecer quieto, tranquilo, imperturbable y limpio de los bajos deseos, sentimientos y emociones, para que sus anhelos, esperanzas y aspiraciones estén relacionados con el Alma y no con la personalidad.

                                                   Francisco Nieto