viernes, 23 de marzo de 2012

EL HOMBRE, CENTRO ACTIVO DE FUERZAS Y ENERGÍAS (IV)



El hombre no solo percibe lo que ve, también es receptor interno consciente de otros aspectos como la sensación de cercanía –particularmente en los invidentes– el frío o el calor, el peso, el equilibrio, la luz o el electromagnetismo; todo esto es gracias a estos éteres y en algunos casos concretos al éter luminoso. El polo negativo del éter luminoso es el que hace posible que seamos conscientes y que tengamos una percepción sensorial normal ya que para ser perceptores extransensoriales también debe estar unido al éter reflector y ambos vibracionalmente elevados. Pero este éter luminoso tiene otras funciones, si el éter de vida hace que el fluido solar actúe como la electricidad en el sistema nervioso, el luminoso transmite la fuerza motriz por los nervios para que el Ego pueda mover el cuerpo a través del cerebro. También es este éter el que produce el calor en la sangre en nosotros, ya que es necesario que el cuerpo tenga ese calor para que el Ego sea consciente de su propio cuerpo; como todos sabemos una temperatura muy baja o muy alta expulsa al Ego y el cuerpo queda inconsciente.

El Ego utiliza la mente desde la cuarta región del Mundo del Pensamiento pero si no fuera por el éter reflector no podría conectarse con el cerebro para pensar, de hecho, la conexión de este éter con la memoria de la naturaleza en dicho Mundo del Pensamiento hace que algo de esa memoria se refleje en él aunque de una manera vaga y confusa. El verdadero clarividente iniciado puede leer en la memoria de la naturaleza –en la cuarta región del Mundo del Pensamiento– lo que desee del pasado terrestre porque ahí está todo muy claro, pero no es así en el éter reflector y por eso algunos “videntes” se confunden tanto. Para ser un verdadero clarividente hay que atraer los éteres luminoso y reflector por medio de una vida santificada y dedicada más al servicio de los demás que al de uno mismo, entonces estos éteres rodean a los átomos físicos –como un aura– y creamos el Cuerpo-Alma que nos permite ser conscientes fuera del cuerpo físico e investigar hechos de vidas pasadas impresas en el átomo-simiente del cuerpo físico en el corazón, que es donde se graban gracias al trabajo del éter luminoso sobre el reflector y sobre dicho átomo que es donde se crea la película de cada vida y donde hay un registro del pasado.

Como podemos ver, tras nuestro cuerpo físico hay un compuesto de energías, fuerzas, electromagnetismo, etc., representadas como otros cuerpos más sutiles, cada uno compenetrando a otro sabiamente para que el Ego pueda ser consciente desde su propio mundo aquí en el mundo físico. El átomo físico tiene su asiento en el éter químico, éste a su vez en el vital, éste otro en el luminoso y éste en el reflector, por tanto, lo mismo que el éter reflector contiene todos esos éteres y partículas, así nuestro cuerpo está compenetrado y rodeado por todas esas partículas, subpartículas, éteres y otras energías procedentes de los Mundos de Deseos y del Pensamiento. Así, para que el Ego impresione el pensamiento sobre el cerebro físico tiene que actuar sobre el polo positivo del éter reflector, el cual actúa sobre el luminoso y éstos, a su vez, sobre el químico del cerebro vitalizado por el éter vital; de hecho, –según los iniciados– cuando el Ego actúa sobre el cerebro parecen salir oleadas de energía del cerebro. En sentido contrario, las imágenes que perciben los ojos llegan al centro óptico del cerebro en forma de impulsos nerviosos donde son convertidos en la imagen externa percibida y donde, gracias al éter reflector, el Ego se hace consciente de ellas.

Todo es energía y ésta es la suma total de la existencia y de toda la creación como manifestación divina. Los cuerpos son también energéticos y cada uno es un vehículo para un tipo superior de energía y un emisor de otras. El fin de este intercambio de energías y de la evolución no es otro que pasar del actual principio en nosotros (el tercer principio o aspecto de Dios) al segundo o Crístico para hacer del cuerpo físico el Santo Grial. Todas las fuerzas y energías procedentes de los mundos superiores trabajan desde lo subjetivo hacia lo objetivo a través de los mundos, planos y centros, tanto del planeta como de los cuerpos. El cuerpo físico compuesto de células –vidas– manifiesta una vibración de acuerdo a lo subjetivo y procedente que, como naturaleza independiente, tienen las células; de ahí la atracción, repulsión o magnetismo animal. Pero las células se manifiestan de determinada forma porque tienen algo subjetivo relacionado con el impulso que les hace responder, algo similar ocurre con nuestros cuerpos energéticos cuando se manifiestan o responden de diferente forma ante los demás. Los centros o chacras de nuestro cuerpo están conectados entre sí para actuar y repercutir luego independientemente en cada uno de ellos, pero el aspecto subjetivo en relación con nuestros cuerpos superiores o energéticos son los centros y fuerzas que operan en el planeta y en el sistema solar. Nuestros centros están –en la etapa actual– para vitalizar el cuerpo físico, para que alcancemos la autoconciencia y para impulsarnos a trabajar hasta alcanzar las correspondientes iniciaciones. Pero esto último no se conseguirá hasta que hayamos evolucionado hasta el punto de que haya al menos una perfecta coordinación entre el sistema nervioso, el sistema endocrino y los chacras o centros mayores (puesto que hay otros menores) es decir, hasta que la personalidad se integre en el Yo superior o hasta que voluntariamente, por persistencia y sacrificio, la energía del chacra inferior, Kundalini, se despierte y eleve por la columna vertebral hasta la cabeza.

El trabajo que hagamos voluntaria y conscientemente con tal de desarrollar el Espíritu será el que purificará nuestros vehículos energéticos y elevará nuestra conciencia. El Éter Vital del espacio, en los diferentes mundos, está lleno y es atravesado por innumerables fuerzas vitales y nuestros cuerpos están compuestos de energías, éteres y partículas de tales fuerzas externas o macrocósmicas, por eso nuestros cuerpos son receptores y emisores de energías solares, fuerzas planetarias y otros impulsos cósmicos. Pero la recepción, utilización y emisión de dichas fuerzas depende de: 1º.- La condición en que se encuentren los 7 centros mayores y otros muchos menores que también tenemos; 2º.- De la cualidad del cuerpo etérico; 3º.- De la vitalidad; y 4º.- De la relación y comunicación entre dichos centros. Cuando todo esto está limpio y, por tanto, activo, los rayos, fuerzas y energías circulan libremente por el cuerpo físico y por el etérico. Pero que nadie piense que las energías y fuerzas superiores quedan estancadas en el ser humano, lo mismo que las Jerarquías de seres superiores nos ayudan administrando y dirigiendo estas energías, nosotros estamos haciendo lo propio y debemos incrementar aún más nuestra responsabilidad con respecto a los reinos que nos siguen ¿o es que alguien cree que nosotros somos los elegidos del universo y que nos van a dar todo en bandeja?

Actualmente estamos ayudando a los reinos que nos siguen por medio del:
1º.- Cuerpo físico transformando a los minerales y a los cuerpos vegetales e incluso ayudando a los cuerpos animales con cuidados físicos.
2º.- Cuerpo de deseos gracias a la influencia de las vibraciones de nuestros sentimientos, deseos y emociones.
3º.- De la mente creando ambientes mentales y magnéticos gracias a los cuales progresan adecuadamente.
Aunque en la época actual todavía hacemos mucho mal a los animales, en un futuro nos ocuparemos de ellos como lo que son, verdaderos hermanos menores. Estos trabajos se irán incrementando según vayamos identificándonos con nuestro Ego porque, según sea el progreso, así estaremos capacitados para recibir otras energías estelares y emitirlas una vez filtradas y dirigidas por nuestros cuerpos y por nuestra voluntad. Pongamos un ejemplo, el cuerpo más activo en nosotros es el de deseos, en él mantenemos siempre una lucha de cuerdo a las fuerzas y energías que se mueven y expresan, esto es, amor–odio, felicidad–tristeza, optimismo–pesimismo, etc. y será gracias al discernimiento y a la voluntad como aprendamos a controlar dichas energías y a dirigirlas hacia un plano superior. Deberíamos imaginar a nuestro cuerpo de deseos como un átomo del cuerpo de deseos del Espíritu Planetario a la vez que éste es un aspecto del cuerpo de deseos del Dios Solar y éste, a su vez, es un canal para que las fuerzas de deseos y estelares lleguen a nuestro sistema solar y a nosotros mismos.

Esto es algo similar a lo que ocurre respecto a nosotros y a lo que son y a lo que en un futuro lejano serán las células, moléculas y átomos que comprenden nuestros propios cuerpos. De esta forma podemos ver que nuestros cuerpos energéticos están incorporados y son parte de otros cuerpos energéticos superiores y que los cuerpos o células, moléculas y átomos están y son parte de los nuestros. Nuestros centros mayores reciben energías de los siete planetas del sistema solar para ayudarnos en nuestro propio desarrollo y las vidas y partículas de nuestros cuerpos reciben las energías e influencias desde nuestros centros –chacras– y vehículos. La frase “Como piensa el hombre así es él” no la podemos aplicar a las Fuerzas o Jerarquías que pueblan nuestro sistema solar y nuestros mundos porque son perfectos respecto a nosotros, pero sí podemos aplicarlo a la humanidad porque no sólo somos lo que pensamos sino que también somos lo que sentimos; y según sean nuestros deseos, pensamientos y sentimientos así serán nuestros cuerpos y así serán las energías que los componen y que repercuten sobre las vidas y partículas que evolucionan en ellos.

Vivimos en un mar de energías y formamos un conglomerado de energías que están tan estrechamente relacionadas que forman el cuerpo sintético y energético del planeta. Lo mismo que nuestro cuerpo físico está condicionado por toda una serie de corrientes de fuerzas vitales, pránicas y espirituales –a partir de la Substancia que originó el universo– también el Sol, los planetas, y demás cuerpos celestes visibles e invisibles relacionados entre sí son los Centros de nuestro Sistema que permiten la afluencia de energías cósmicas que dotan e incluso nos facultan a nosotros para que ascendamos por la escala evolutiva hasta unirnos con “Nuestro Padre que está en los Cielos.”






Francisco Nieto

domingo, 4 de marzo de 2012

EL HOMBRE, CENTRO ACTIVO DE FUERZAS Y ENERGIAS (III)






Aunque para ver la parte etérica del planeta o del cuerpo físico es necesario haber desarrollado algún grado de clarividencia, eso no impide que se deba creer que el origen de todo lo que vemos y mucho más allá aún, sea energía en vibración en muy diversas frecuencias. La ciencia consideró en el pasado al átomo como “materia” pero no ya actualmente y mucho menos en el cuerpo humano que tiene los medios necesarios independientes para especializar ciertas energías y utilizarlas para su supervivencia y para su propio desarrollo espiritual. Lo mismo que la Luna tiene influencia sobre las aguas, los embarazos y los partos, lo mismo que Marte es el origen del hierro en la Tierra, y lo mismo que la materia tiene su origen en los átomos y éstos en otras partículas subatómicas; así los éteres creadores de las formas físicas tienen otras fuerzas que les hacen vibrar y que les ordenan y dirigen ¿o es que somos nosotros quiénes dirigimos a los órganos de nuestro cuerpo para que hagan sus funciones? La materia “flota” sobre un mar de éteres de diferente frecuencia de vibración, éstos interactúan de igual forma a partir de otras energías que les impulsan, y así sucesivamente hasta siete grados de energía-materia vibratoria relacionada con los siete mundos donde vivimos, evolucionamos y tenemos nuestro ser.

Ni todos los átomos sirven para crear la misma materia ni todos los éteres sirven para lo mismo en el cuerpo etérico, ni el resto de las energías de los otros mundos superiores se utilizan para lo mismo respecto a nosotros. Los átomos de diferentes frecuencias forman los diferentes partes del cuerpo físico, los éteres forman el molde de éste y cumplen otras funciones que nos diferencian de los reinos que nos siguen pero ¿Qué energías o fuerzas forman el carácter que desde niños mostramos? Incluso los planetas y los signos del zodíaco son emisores de fuerzas o energías que influyen y dominan ciertos aspectos del planeta y de la humanidad. Lo mismo que el aire une a las formas y la luz las separa, así mismo los cuerpos que constituyen nuestro universo –de la más alta o la más baja frecuencia– unen y separan los propios mundos y todo lo que contienen en sí mismo incluyendo las Jerarquías de seres que los pueblan. Las fuerzas que actúan sobre nuestros organismos tienen cierta similitud con los del planeta –por ejemplo: la presión sobre el aire, el magnetismo, el calor o el frío, la gravedad, etc.– pero estas fuerzas no actúan por sí mismas y sin ninguna dirección puesto que son fuerzas inteligentes que evitan que el universo sea un caos y se destruya, por tanto, su gobierno es otra fuerza superior a ellas como nosotros lo somos respecto a las células, moléculas y átomos que forman y actúan en nuestro cuerpo.

Como hemos dicho, este cuerpo está compuesto de cuatro éteres que se encargan, –entre otras cosas– del mantenimiento de la vida y de guardar las experiencias que se obtienen con el cuerpo físico, éstos son:


1º.- El éter Químico que rige la asimilación y la excreción del cuerpo físico.
2º.- El Vital que mantiene la propagación de la especie –fertilización y gestación–
3º.- El Luminoso que mantiene el calor de la sangre y hace que tengamos sentidos físicos.
4º.- El Reflector, que también podríamos llamarle la memoria subconsciente porque gracias a él el Ego puede impresionar el cerebro con los pensamientos.



Así es que, dos de los cuatro éteres se relacionan con la comunicación del Ego con la materia física y los otros dos con el mantenimiento y actividad del organismo. De los cuatro éteres, el superior o Reflector tiene cierta particularidad porque es en él donde queda grabada nuestra vida para poder llevárnosla como una película a los mundos superiores. Esto es gracias a que el cuerpo etérico está conectado al físico desde su átomo-simiente –situado en el plexo solar etérico– hasta el átomo-simiente del cuerpo físico en el corazón. El Ego está en la cuarta región del Mundo del Pensamiento donde también se halla la memoria de la naturaleza –donde está guardada la historia y evolución de la humanidad– pues bien, este cuarto éter es un reflejo de dicha memoria y gracias a él el Ego gobierna el cerebro y el sistema nervioso.

La conexión mencionada desde los átomos del cuerpo etérico y el físico es gracias a un cordón energético compuesto de materia etérica que se le suele llamar “cordón de plata” por su color. Cuando este cordón se desconecta del corazón ocurre la muerte física y cuando, a continuación, se desconecta del plexo solar se produce la verdadera muerte y se abandonan estos dos cuerpos para pasar al Purgatorio y al Cielo –Mundo de Deseos- Naturalmente que, además de la comunicación de estos cuerpos por los chacras, están conectados también por otro cordón de materia del cuerpo de deseos que termina en el ovoide cuerpo de deseos a la altura aproximada del hígado del cuerpo físico, de donde parte otro cordón que une el cuerpo de deseos con la mente.



Tarde o temprano, en alguna vida futura, tendremos que ser conscientes en los mundos superiores y para ello tenemos que purificar la materia de nuestros cuerpos y espiritualizar el carácter, pues bien eso no podrá conseguirse nada más que a través de la clave de este cuerpo que es la “repetición”. Cuando somos egoístas, materialistas y hacemos el mal atraemos los átomos inferiores y no progresamos espiritualmente, pero cuando hacemos lo contrario atraemos los superiores y formamos el Cuerpo-Alma que es otro vehículo energético-espiritual que nos permite ser conscientes en esas regiones invisibles; este Cuerpo-Alma es la esencia de la “conciencia” y de la “virtud” obtenidas en los anteriores renacimientos y nos acompaña vida tras vida. En su construcción se tiene en cuenta:



Primero, el Rayo del átomos-simiente

Segundo, el del signo solar del nacimiento

Tercero, el del Ascendente del horóscopo de la persona.



Cuando se espiritualiza gracias a la repetición de oraciones y buenos pensamientos, deseos, sentimientos y acciones, aumentan sus éteres superiores hasta sobresalir del cuerpo físico en forma de una gran y bella aura, este será el vehículo del futuro cuando no necesitemos el cuerpo físico.

Existen corrientes magnéticas en el cuerpo etérico que pueden sentirse como electricidad y que se ven como líneas de fuerza radiante, las cuales tienen relación con los procesos biológicos. Las fuerzas que recorren el sistema nervioso son electromagnéticas y su disminución puede causar bloqueos. Estas fuerzas forman el aura magnética que es la que hace que los órganos del cuerpo tengan la doble polaridad –a veces más– y la que mantienen las moléculas del cuerpo en sus moldes orgánicos. Los propios éteres de este cuerpo vital tienen sus polos positivo y negativo sirviendo cada uno de ellos a diferentes funciones, por ejemplo, el polo negativo del éter químico interviene en el proceso de eliminación mientras que las fuerzas que nutren y construyen lo hacen a través del positivo, de hecho, un clarividente puede ver –como resultado de la digestión– cómo las masas de éteres fluyen a lo largo de líneas de fuerzas magnéticas. El color del átomo químico es variable desde un azul pálido hasta un violeta azulado que puede convertirse en casi negro dependiendo de la densidad. Ese éter es el que más fácilmente puede verse, los científicos lo fotografiaron hace muchos años como una envoltura del cuerpo físico y como electrones libres, sin embargo no son tal sino una acumulación de partículas. El mismo átomo está compuesto –a manera de sistema solar– de un protón –Sol– con polo positivo y los electrones que circulan a su alrededor como planetas, lo tienen negativo siendo estos más bien “paquetes de energía” –partículas o fuerzas– en forma de onda. Al igual que en el cuerpo físico, el planeta Tierra tiene un aura de electrones que alcanza a la Luna, como parte de la Tierra que es. Esta aura está compuesta por los cuatro éteres que también, como ocurre en nuestro cuerpo, dan vida a las formas de los reinos que nos siguen; así es que los cuerpos etéricos de los seres que pueblan la Tierra son partes del cuerpo etérico de la Tierra y de sus fuerzas cósmicas. Los órganos del cuerpo físico tienen su propio campo magnético en el cuerpo etérico y su propia polaridad, pero en conjunto, el éter químico suele manifestar más polaridad positiva en los cuerpos masculinos y más negativa en la mujer.

Si tuviéramos que dar un ejemplo fácil de lo que es el segundo éter –vital– diríamos que es aquel que forma el magnetismo y que extraen, como “enfermedad”, los sanadores magnéticos. Sin embargo, la función de este éter, o mejor dicho, de las fuerzas que lo utilizan, es la de construir nuevos cuerpos raciales, es decir, la perpetuación de la especie. Y es que, aunque en la construcción de los cuerpos intervienen las dos Jerarquías que están inmediatamente por encima de nosotros, los padres, el Ego que renace, los espíritus de la naturaleza, el éter vital está íntimamente relacionados con la fuerza cósmica conocida en ocultismo como “Energía Creadora de Dios”. El polo positivo es más notable en los cuerpos etéricos de las mujeres y el negativo en el de los hombres; así el polo positivo es muy activo en la gestación de un nuevo ser y capacita a la mujer para dar a luz mientras que el polo negativo hace que el sexo masculino produzca semen. Como podemos ver, en realidad es el éter vital el que forma el aspecto de “vida” para formar y mantener en buen estado de salud el cuerpo físico, ya que actúa como una matriz o red de fuerzas en la cual los átomos físicos son atraídos y ordenados para formar el cuerpo.

La fuerza sexual creadora tiene su origen en el éter vital que parece caer desde el Sol hacia la Tierra y que se introduce en el cuerpo etérico a través del bazo para su especialización y uso individual; esta especialización realizada en el plexo solar gracias al átomo-simiente termina como una irradiación a través de los nervios y hasta la salida del cuerpo por los poros. Esta energía vital procede de los mundos superiores y está relacionada con el tercer aspecto de Dios, y lo mismo que tienen relación con la procreación y el sexo en el cuerpo físico, también lo tiene en esos mundos en otros aspectos creadores; y al igual que desciende de lo superior hacia el planeta y sus seres, también es utilizado por la voluntad –seno frontal– a través de la mente y del cuerpo de deseos para controlar el cuerpo físico. El éter vital procede del Fuego Creador o de Vida pero cuanto más inferior sea el reino que lo contenga y menor sea su frecuencia vibratoria más frío es su color pasando a anaranjado en el vegetal y en rosa oscuro o rojo en los animales y en el hombre.




Francisco Nieto

domingo, 19 de febrero de 2012

EL HOMBRE, CENTRO ACTIVO DE FUERZAS Y ENERGÍAS (II)






El Ego, como conciencia vibracional, se introduce en la matriz de la madre y, aún en su propio mundo que compenetra el físico, se hará consciente de este mundo y quedará aprisionado en él desde el nacimiento hasta la muerte actuando ya como personalidad. Es a partir del nacimiento cuando se van formando los otros cuerpos, el etérico a los siete años, el de deseos hasta los catorce y el mental hasta los veintiuno. Esas son las herramientas que tiene el Ego para aprender de las experiencias de cada vida y para ir desarrollando sus vehículos para que cada vez sean más puros. El Ego intentará hablar por medio de la intuición, la voluntad, la imaginación, el presentimiento o la conciencia, pero si la personalidad tiene su consciencia en lo material y personal no podrá oír sus consejos porque los diferentes cuerpos –aun siendo energéticos– obstaculizan lo que viene de los mundos espirituales.

Ya hemos visto hasta ahora como un Espíritu creado por Dios se manifiesta como una tríada –Padre, Hijo y Espíritu Santo o Atma, Budhi y Manas– la cual se apodera y hace suyos unos átomos de cada mundo donde se manifiesta para atraer la materia que le corresponde en cada renacimiento, y cómo con ese átomo-simiente y con la ayuda de otros seres energéticos y etéricos –Ángeles y Espíritus de la naturaleza entre otros– formamos los cuerpos etéricos y físico. Pero, si el desarrollo alcanzado hasta ahora todavía no nos permite crear nuestros propios cuerpos según los moldes etéricos que nos facilitan, menos capaces seremos aún de crear esos moldes. El cuerpo etérico que atrae los átomos para formar el cuerpo físico de acuerdo a su frecuencia vibratoria lo depositan otros seres –también con cuerpos energéticos – en el vientre de la madre y el átomo simiente va en el espermatozoide del padre, por tanto solo hace falta la mano de obra mencionada pero, ¿En qué se basan los Ángeles para crear cada molde etérico? La respuesta es en un arquetipo existente en las regiones inferiores del Mundo del Pensamiento donde se encuentra el propio Ego. Así es, en cada mundo evoluciona su propia oleada de Espíritus como lo hacemos nosotros en el mundo físico, los Ángeles en las regiones etéricas o los Arcángeles en el Mundo del Deseo. Además, otras jerarquías de seres pueden trabajar en otros mundos que no son suyos, bien porque han evolucionado más que sus hermanos o bien porque ayudan a los que les siguen como es el caso de los Ángeles respecto a nosotros y de nosotros respecto a los reinos animal, vegetal y mineral.

Los vehículos o cuerpos que utiliza el ser humano están relacionados unos con otros energética y magnéticamente, siendo el Ego quien con otras ayudas, los construye y controla por diferentes medios –mente, deseos, sentimientos, emociones, cerebro y sistema nervioso– de hecho, los reinos que no han llegado al grado evolutivo que nosotros no los pueden utilizar de la misma manera. Es en estos cuerpos de materia cada vez más sutil donde grabamos la película de la vida y donde nos la llevamos para unir su quinta-esencia con la de las demás reencarnaciones, puesto que ese es el motivo de renacer. En cada vida nos deshacemos de dichos cuerpos una vez extraído el mayor beneficio de las experiencias, para así formar lo que en la vida llamamos “conciencia”. La materia o energía de la que se forman esos cuerpos es la que corresponde a nuestro grado de desarrollo y debe vibrar de acuerdo al arquetipo que se encuentra donde está el verdadero Yo o Ego, después de extraer dicho beneficio esas partículas pasarán a formar parte de otros cuerpos y seres al igual que las que forman parte de nuestros cuerpos han estado en otros. Evidentemente, es la sintonización positiva con el Ego, de las partículas vibratorias, la que hace que sintamos equilibrio, felicidad, bienestar, etc., a su vez, el resultado de esa vibración interna de los cuerpos –como aura– se comunica y forma el aura que nos comunica si sintonizamos o no con quien nos ponemos en contacto. El resultado del empeño y persistencia que cada uno hace para progresar moral, intelectual y espiritualmente se manifiesta en las partículas energéticas de dichos cuerpos transformando así el carácter a lo largo de la vida según sea la voluntad; de esta forma el Ego va adquiriendo cada vez más poder sobre sus vehículos.

Cuando extraemos el provecho espiritual de cada uno de los cuerpos energéticos los abandonamos para que su materia se disuelva en su propio mundo y para que pueda servir de ayuda a otros que la utilicen como vehículo, por tanto, cuando llegamos al Mundo del Pensamiento como Egos desnudos –solo con el beneficio de las experiencias del renacimiento pasado– descansamos hasta que de nuevo sentimos la necesidad de volver a experimentar. Entonces la Jerarquía correspondiente a ese mundo nos suele ofrecer varios destinos futuros de acuerdo al desarrollo obtenido al que necesitamos, a las deudas kármicas pendientes con determinadas personas, etc. Es de acuerdo a nuestra elección como esas Jerarquías crean un arquetipo vibratorio que perdurará hasta el momento en que esté prevista la muerte del cuerpo físico futuro, y es de acuerdo a ese arquetipo y su frecuencia como los Ángeles crean el molde etérico-energético sobre el que se formará el físico. Los cuerpos vibran de acuerdo a ese arquetipo, con la diferencia de que sus partículas son de polaridad contraria al cuerpo inmediatamente superior, lo que no ocurre con el propio Ego o Yo superior que no representa ningún sexo o polaridad.

Una vez que sabemos que el cuerpo físico es en realidad energía examinaremos los otros cuerpos energéticos. El cuerpo etérico –también llamado vital– está formado por cuatro éteres invisibles a nuestros ojos y es el encargado de mantener vivo y en buen estado de salud al físico. Sus éteres comunican su vibración a los átomos físicos y es de ese modo como el Ego tiene dominio de este cuerpo a través de la sangre existente en todo él. Sin embargo, sin ese cuerpo energético no llegarían al cuerpo de deseos ni a la mente las impresiones del mundo físico puesto que, como ya veremos, están comunicados por unos centros o chacras. Digamos que las vibraciones que llegan al cerebro procedentes de los sentidos, pasan al cerebro etérico y al “sistema nervioso energético” del cuerpo etérico donde se comunican con los chacras etéricos que conectan con los del cuerpo de deseoso astral para que pasen después al cuerpo mental donde las percibe el Ego. Esto, evidentemente, es instantáneo, como lo es el hecho de ver u oír algo y expresar un sentimiento, deseo o pensamiento como respuesta. Este cuerpo se alimenta de varias clases de energías pero principalmente de las partículas energéticas del Sol que penetran por uno de los chacras a la altura del bazo. De ahí que, cuando al final del día nos sentimos cansados y tenemos sueño, es porque nos falta esa energía y nos vemos obligados a reparar vitalidad universal en el Mundo de Deseos para levantarnos como nuevos al siguiente día.

El cuerpo vital es una red estrechamente entrelazada de corrientes de energías entre las que se encuentran unos centros de fuerza, de los cuales hay siete muy importantes para la vida, desarrollo y conciencia de cada individuo. Es más, los cuerpos inferiores, como cuerpos de energías, son también transmisores, con la particularidad de que el hombre ordinario trabaja inconscientemente con las energías del tercer aspecto creador de Dios y el iniciado u hombre espiritual lo hace con el del segundo aspecto de amor representado por Cristo; el fin de la humanidad es manifestar este segundo aspecto en la personalidad. Como es evidente, esto se alcanzará poco a poco y a través de un sacrificado y persistente trabajo espiritual sobre los diferentes vehículos. En términos generales, la energía vital procedente del Sol, también llamada “prana”, que se especializa por el centro del bazo, se distribuye equilibradamente por todo el cuerpo a través de los nervios y de otra conexión particular con los canales sanguíneos, las venas y las arterias. Esto es lo que hace que el cuerpo vital o etérico sea la verdadera substancia del cuerpo físico, por tanto, según sea la naturaleza de la fuerza que vitaliza el cuerpo etérico, según sea la actividad de dicha fuerza sobre el mismo o según sea el dinamismo o lentitud de los centros, –chacras– así será la actividad del cuerpo físico. Como hemos dicho, la “Energía Vital” desciende y compenetra los mundos donde estamos evolucionando y con los que tienen relación nuestros vehículos así es que:
1º.- El prana o energía vital relacionado con el bazo y con la salud del cuerpo físico procede del aura planetaria
2º.-La energía vital relacionada con el cuerpo de deseos y que afecta a los centros inferiores procede del Mundo de Deseos del planeta.



3º.- La energía vital que se relaciona con la mente y el pensamiento y que afecta al chacra laríngeo procede de las regiones inferiores del Mundo del Pensamiento
4º.- La energía vital superior en frecuencia y espiritualidad que se relaciona con los centros coronario y cardíaco procede del propio Ego.
Sin embargo, son pocos los aspirantes espirituales que son receptores de la energía del Mundo Pensamiento y menos aún del propio Ego.

Podríamos decir que todas las energías existentes en el universo están conectadas o tienen relación. La energía solar que penetra por el centro etérico del bazo se transforma de energía incolora a un color rosa-violeta y se distribuye por todo el cuerpo y en particular al cerebro desde donde se dirige a los nervios que lo necesiten. De aquí que vitalicen y mantengan el organismo hasta tal punto que, si sobra vitalidad, sea expulsada del cuerpo en líneas rectas. Los éteres superiores del cuerpo vital se mezclan con la sangre, que es el medio de gobierno del cuerpo por parte del Ego y, a la vez, el medio por el que se graba la película de la vida en el átomo-simiente del corazón. Cuando estos éteres aumentan gracias al servicio amoroso y altruista al prójimo y a los buenos pensamientos, deseos y sentimientos en general van formando un aura de color azul y oro que no es otra cosa que el Cuerpo-Alma. Los átomos físicos vibran intensamente gracias a que los éteres penetran –en sentido de los polos– en ellos y los vitalizan de forma similar a las fuerzas de las auroras boreales o australes, pero estos éteres vistos normalmente son partículas vibrantes en forma de prismas. Como hemos dicho, la repetición es la clave par el desarrollo del cuerpo vital, por tanto las repetidas oraciones –hechas con devoción y consciencia– la concentración constante, la devoción y adoración, entre otros, separan los éteres inferiores de los superiores y hacen crecer a éstos últimos hasta poder verlos fuera del cuerpo etérico.




Francisco Nieto

miércoles, 1 de febrero de 2012

EL HOMBRE, CENTRO ACTIVO DE FUERZAS Y ENERGÍAS (I)

El verdadero ser que llamamos “hombre” no es lo que vemos ni lo que la mayoría de las personas piensan, sino algo mucho más elevado cuyo origen es Dios. Lo que normalmente creemos ser se suele denominar en ocultismo “personalidad” y ésta está compuesta de un cuerpo físico, un cuerpo etérico o vital, un cuerpo de deseos o emocional y un cuerpo mental o mente razonadora. Esta es la manifestación del verdadero Ser o Espíritu en los tres mundos inferiores de los siete existentes (ver diagrama) pero, al igual que la personalidad se manifiesta en los tres mundos inferiores –físico, de deseos y del pensamiento– el Espíritu se manifiesta en los tres superiores a partir del propio mundo de Dios (ver diagrama) Este Espíritu, a imagen y semejanza de su creador, tiene tres aspectos que son Voluntad, Amor-Sabiduría e Inteligencia Activa, y estos tres aspectos se manifiestan como un Triple Espíritu reencarnante en la forma de lo que normalmente llamamos Ego, Yo superior o Alma. Por consiguiente, somos un Espíritu formado por tres aspectos o poderes divinos que en su manifestación y descenso hacia la materia, crea los vehículos o cuerpos que necesita para adquirir experiencias en los mundos inferiores y de las cuales se formará el Ego o Alma que, a su vez, también es triple.


ESPÍRITU: Espíritu Divino, Espíritu de vida y Espíritu Humano



ALMA: Alma Emocional, Alma Intelectual y Alma Consciente


PERSONALIDAD: Cuerpo de deseos, Cuerpo etérico y Cuerpo Fisico


La mente concreta o razón, aunque es parte de la personalidad, es el eslabón que une al Ego con esta última, estando el Ego en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento.

Los mundos son siete incluyendo el propio Mundo de Dios y cada uno de ellos está compuesto de “materia” o más bien energías, que van de lo más sutil o puras hasta la más densa o física donde nosotros evolucionamos conscientemente en la etapa actual. El mundo intermedio entre el mundo del Espíritu y el de la personalidad es el Mundo del Pensamiento, el cual se divide en dos regiones, una superior del pensamiento abstracto y una inferior del pensamiento concreto donde se forma nuestra mente. En la región abstracta se sitúa el Ego o Alma que, como un Yo superior, intenta guiar a la personalidad para extraer el mayor provecho posible en cada renacimiento y así formar la unión de ambas. Ahora no tenemos relación directa con el Espíritu pero en su momento, cuando tengamos la conciencia en el nivel del Ego, sí la tendremos y ya no necesitaremos renacer “en el mundo” físico. Así es que el Espíritu o Mónada es uno en su propio mundo pero con tres aspectos o poderes divinos. Este Espíritu se expresa como una tríada en cuyo tercer aspecto se sitúa actualmente el Alma o Ego, el cual se manifiesta o renace como personalidad con los tres cuerpos mencionados más la mente concreta que es la herramienta necesaria para gobernar dichos cuerpos. El ser humano cree ser lo que ve porque solo somos conscientes en el mundo físico y de nuestros cuerpos físicos, pero ya hay muchísimos seres que también lo son en los mundos superiores, lo que significa que la evolución nos llevará a ser conscientes primero en las regiones etéricas del mundo físico y después en los Mundos de Deseos y del Pensamiento. Nuestros vehículos o cuerpos de expresión, al igual que los mundos, están compuestos de la más sutil y pura “materia” a la más densa pero según vayamos evolucionando y purificando los mismos iremos situando la conciencia en los mundos superiores para no tener que renacer obligatoriamente en los inferiores.

Una vez hecha una pequeñísima introducción a lo que somos y respecto a dónde estamos, dado por hecho que los lectores comprenderán que estos mundos y cuerpos se compenetran mutuamente como ocurre con los estados que llamamos sólido, líquido, gaseoso, atómico y subatómico que hay en un simple trozo de hielo, pasaremos a detallar y a demostrar que nosotros somos un centro de fuerzas o energías dentro de otros superiores. Comenzaremos con el cuerpo y el mundo físico que son los más densos pero que no dejan de ser la expresión de una serie de fuerzas o energías superiores como lo son el deseo y la voluntad respecto a la acción. Decimos que el mundo físico se compone de tres estados de materia (sólido, líquido y gaseoso) sin embargo, hace ya algunos siglos que se hizo la Tabla Periódica donde se demuestra que todo está compuesto por átomos. Hoy la ciencia afirma que éstos están compuestos de otras partículas subatómicas y de otras aún más difíciles de detectar y analizar, por tanto, podemos llegar a una primera conclusión diciendo que el mundo físico solo es real para los sentidos y más concretamente porque los ojos solo perciben una escala o grados de vibraciones, lo que no ocurre con otras energías como, por ejemplo, la electricidad, el magnetismo o los rayos X. Si nuestra consciencia estuviera en el mundo de deseos o, por el contrario en un animal, no podríamos decir que tenemos un cuerpo físico o que habitamos en un mundo físico porque no lo veríamos ni seriamos conscientes de ellos. Es más, si no tuviéramos un cerebro alineado con nuestra mente –que nos hace conscientes– tampoco podríamos decir que el mundo y que el cuerpo son físicos. Nosotros somos conscientes y decimos que tenemos un cuerpo físico porque la mente recrea las imágenes que llegan al cerebro por medio de los ojos. Así es que, lo que llamamos cuerpo físico es el resultado de la combinación de partículas energéticas vibrando en el grado necesario para que lo perciban nuestros sentidos.

Por otro lado, la energía que mueve y da vida al cuerpo físico –el cuerpo etérico– es invisible a los ojos; los deseos y emociones que dominan el cuerpo físico –cuerpo de deseos– también son invisibles y más sutiles que la materia etérica; los pensamientos –cuerpo mental– son más sutiles aún que los deseos y las emociones y pueden gobernar a éstos; y la voluntad que representa al Ego, es más elevada, sutil y poderosa que todos los cuerpos pero puede dominarlas. Por consiguiente somos un conglomerado de energías entrelazadas que cumplen una función en cada renacimiento para que el Ego pueda evolucionar a través de la experiencia. El cuerpo no tiene conciencia propia como tal, si así fuera no perdería la consciencia por las noches mientras duerme, esto es así porque lo que llamamos consciencia procede del Mundo del Pensamiento, del Ego, y solo lo somos cuando la vibración de este Ego activa o compenetra el cuerpo físico que no deja de ser otro cuerpo vibracional de menor frecuencia que los superiores.

Cuando el Ego no está “dentro” del cuerpo físico no existimos como consciencia ni existe el mundo físico que nos rodea porque no recibimos las impresiones de los objetos, solo existimos como un yo cuando nuestra conciencia vibra en respuesta a lo que perciben los sentidos. El Ego o Yo superior es una conciencia que vibra a una determinada frecuencia en esas regiones abstractas del Mundo del Pensamiento, para él el mundo y el cuerpo físico no son materia física sino materia energética de determinado grado de vibración como también lo es el Mundo de Deseos con sus correspondientes grados vibracionales según las divisiones que contiene; es la consciencia de la personalidad a través del cerebro la que interpreta como que todo es materia física. De hecho, cuando el cuerpo físico muere, la consciencia sigue existiendo en esos mundos de energía en vibración –etérico, de deseos y mental– sintiéndose aún como un yo y viviendo rodeado de formas como las que nos rodean pero de materia etérica. La misma ciencia ha comprobado que la descomposición de los átomos que forman los cuerpos y las formas físicas son partículas que vibran y que pueden formar parte de un cuerpo en un momento dado y de otro al momento siguiente. Así es que, todas las formas físicas, incluyendo nuestro cuerpo, forman un mundo vibracional y energético gobernado por leyes divinas y de acuerdo a sus polaridades, relaciones de mundos, centros energéticos y de conciencia, etc.

Si la materia es en realidad energía vibracional y la imagen vibracional que captan los ojos para llevarla al cerebro también es una energía etérica que crea la imagen para que la perciba el Ego gracias a la mente, ¿Dónde está la materia física? Nuestro cuerpo físico es un campo de partículas atómicas y subatómicas en vibración que está compenetrado por el cuerpo etérico –cuatro éteres– cuyas partículas energéticas vibran a un grado superior para compenetrar los átomos y, a su vez, dar vida y mantener en buen estado de salud al cuerpo físico. El cuerpo de deseos o emocional está compuesto de otras partículas más sutiles –vibración más elevada– que compenetran a los cuerpos etéricos y físicos, y que son la base de los deseos, sentimientos y emociones que necesita el hombre como impulso para la acción –como ocurre con los animales– el cuerpo mental concreto o razón, compuesto de partículas muchos más sutiles aún que los otros cuerpos, compenetra a éstos en forma de “mente” para que se pueda razonar los impulsos del cuerpo emocional y para ser conscientes en el mundo físico gracias al cerebro y a los sentidos. Como podemos ver, de acuerdo a la vibración de la energía de cada cuerpo, ésta anima, influye y puede dominar a la inferior siempre que una vida divina o conciencia tenga poder sobre ella. Este es nuestro caso, la voluntad del Ego tiene poder sobre la mente, esta sobre los deseos, y éstos sobre el cuerpo físico animado por el cuerpo etérico.

Ahora bien, ¿Por qué la energía de nuestros cuerpos no se funde en el “caos” donde está el resto de energías que crean las formas y cuerpo de éste y de los otros mundos? La respuesta es “la frecuencia vibratoria” que cada cuerpo tiene según el átomo-simiente portador de todo lo que hemos sido y experimentado en el pasado. Cada cuerpo tiene un átomo-simiente que no se destruye después de cada renacimiento, en cada átomo-simiente se graban las experiencias para luego extraer la quintaesencia de las mismas y así evolucionar un poco más en cada vida. Cada átomo tiene una vibración determinada de acuerdo al desarrollo evolutivo que haya alcanzado el Ego, y es esa vibración la que, al descender la vida hacia un nuevo renacimiento atrae las partículas que estén en sintonía con su destino –desarrollo, posibilidades, tendencias, karmas maduros, etc.– para así formar sus cuerpos. A partir del átomo-simiente del cuerpo físico –unido al cuerpo etérico– se forma una imagen etérica del futuro cuerpo físico sobre la cual se verán atraídos los átomos para así crear las diferentes clases de materias –huesos, carne, cabellos, uñas, etc.– y, aunque el Ego hace algún trabajo en esto, lo cierto es que es ayudando por otros seres etéricos –cuerpos energéticos– que darán forma al cuerpo según sea su destino kármico.


Francisco Nieto

domingo, 15 de enero de 2012

AL COMENZAR EL SENDERO (yII)








De cualquier forma y como se suele decir, de lo que se trata es de hacer una “limpieza” en nuestra casa, es decir, en la personalidad. Si queremos ser auxiliares de la humanidad debemos purificarnos a nosotros mismos para así manifestar un buen carecer lleno de sinceras y fraternales intenciones. Pero suele ocurrir en muchos casos que no queremos o no nos apetece analizarnos ni pensar en los defectos que tenemos, así es que muchas veces preferimos hacer “lo que podemos” con tal de no esforzarnos por ser mejores. Si lo enfocamos a través de nuestras responsabilidades y deberes cotidianos podríamos decir que ¿Si no cumplimos con nuestros deberes y responsabilidades físicas cómo vamos a cumplir los propósitos espirituales? Quien de verdad desee cambiar su vida y aspirar a una vida superior debe comenzar primero por hacer bien las pequeñas cosas cotidianas para así ser merecedor de otras obras más grandes. No hay que olvidar que es en el cumplimiento de nuestros deberes y responsabilidades diarias donde se desarrollan las virtudes que nos elevarán a las regiones espirituales; esta es la manera de olvidarnos de esa frase de “hago lo mejor que puedo.” No deberíamos olvidar aquello de que: “Cuando damos lo mejor de nosotros al mundo, nos es dado lo mejor del mundo.” Lo que lleva a preguntarnos. ¿Lo que estoy dando es verdaderamente útil y bueno como ayuda al prójimo? El hecho de auto-observarnos y analizarnos no debería cesar nunca si de verdad queremos espiritualizar el carácter y eliminar todos los defectos que nos hacen egoístamente materialista y muy poco altruistas y fraternales. No es suficiente con tener el propósito de ser mejores personas, hay que disciplinarse e intensificar la auto-observación y la purificación si de verdad queremos ser auxiliares de la humanidad y dar lo mejor de cada uno.

Cuando en momentos de meditación o en la retrospección, nos autoanalizamos nos damos cuenta de que con quien más cometemos errores es con las personas que cocemos y que tratamos, de hecho, pienso que una buena manera de comenzar la espiritualización del carácter es examinando detalladamente nuestro comportamiento con la sociedad. Algunos de los hechos que más nos afectan son las críticas y las opiniones de los demás, no nos damos cuenta de que nos afectan sólo en la medida en que le prestemos atención, lo que significa que si somos indiferentes a ellas no nos afectarán. Estamos más pendientes de las opiniones que digan sobre nosotros para, a continuación defendernos o atacar, que de las que hacen sobre otros y que sí deberíamos intentar disculpar o apaciguar; por tanto es muy aconsejable pensar en la impresión que podamos causar ante los demás en ese sentido. Por otro lado, ni debemos actuar falsamente para que hablen bien de nosotros ni debemos alegrarnos porque lo hagan con sinceridad porque crean tener motivos para ello; la humildad es uno de los estandartes del aspirante.

El aspirante debe saber que algún día –si persiste en sus propósitos– desarrollará ciertos poderes que le permitirán ver y oír por encima de lo normal, por eso debe comenzar desde ya a superar las críticas y opiniones en su contra. Digamos que el aspirante maduro no presta ninguna atención a esos hechos como tampoco lo hace a las adulaciones por sus buenas obras. Pero lo que sí hace éste es analizar las situaciones y darse cuenta de las deudas que se crean los que le critican y opinan del él malintencionadamente. Un aspirante avanzado lo es hasta tal punto que se entristece por el mal que esas personas le hacen, y como tal, toma la decisión de esforzarse más aún para que otros no caigan en la crítica malintencionada porque interpreten mal sus expresiones. Ese es el motivo principal por el cual el aspirante no debe tener dentro de él mismo ninguna semilla que pudiera dar pie a malas interpretaciones ni críticas. Lo primero, más fácil y más importante en los primeros pasos, es evitar toda clase de lenguaje o palabras que puedan ofender, juzgar, menospreciar o simplemente llamar la atención para que otros caigan en la tentación de hacer mal en pensamiento, palabra u obra. Aunque la situación lo requiera y nos obligue a opinar, no debemos ser motivo para que otros hagan el mal; si la opinión es siempre amistosa y con un sentimiento fraternal podremos estar seguros de que no afectará negativamente a nadie.

Una manera de ver todo esto es desde el punto de vista siguiente: Cuando un aspirante se identifica y se pone en el puesto de su interlocutor, por lo general, tiene mucho cuidado para no hacer mal ni dar mal ejemplo de ninguna de las maneras. Por eso, cuando este aspirante actúa como un individuo y sin identificarse con los demás, hiere y ofende a veces aun sin motivos. El hecho de identificarse con los demás e intentar sentir y pensar como ellos ya hace que la expresión sea benevolente en todos los sentidos, es más, se expresaran los más nobles y elevados sentimientos, deseos y sentimientos y no se suele ofender a nadie. El hombre no debe herir ni ofender con sus palabras ni hechos por eso lo más importante es hacer el autoanálisis de cada uno noche tras noche para ver cuándo, dónde y cómo podemos herir aun sin darnos cuenta de ello. Evidentemente, para dejar de hacer mal a los demás hay que comenzar a corregirse uno mismo por la palabra para luego pasar a los deseos, sentimientos y pensamientos, sin embargo, el aspirante maduro y experimentado sabe que la palabra hablada se origina como efecto de un deseo, sentimiento o pensamiento.

Cuando, tras un largo período de prueba, el aspirante serio decide intentar dar el paso definitivo que le podría llevar ante la presencia de un Maestro o Iniciado, comienza a considerar que la mayoría de los placeres de la vida terrenal no ayudan para el progreso y son una pérdida del tiempo. Este es el momento de desechar lo inferior con tal de alcanzar lo superior, y esto se hace más fácil cuando el aspirante percibe lo que es la vida superior, a partir de ahí, lo inferior va dejando de existir. Evidentemente, este abandono de lo inferior debe hacerse con firme propósito y fuerte voluntad porque si hoy se deja un vicio para cogerlo al cabo de unos días nunca se dará ni un solo paso en firme. El abandono de lo inferior debe hacerse con alegría y felicidad interna pero no con orgullo ni complejo de superioridad respecto a otros.

Dicen los que han recorrido parte del sendero de perfección que la evolución se acelera cuando la vida inferior se sacrifica en aras de la superior, es decir, cuando nosotros, como personalidad, nos sacrificamos para eliminar de nuestra vida toda expresión y todo comportamiento egoísta, materialista y animal. Entonces, más que perderse dicha vida se “renace” a otra superior donde nos identificamos cada vez más con el Alma. Cuando decimos “sacrificar la vida“ nos estamos refiriendo a eliminar de nuestra vida todo aquello que nos domine, nos atraiga innecesariamente, nos apegue a lo material o nos impida el propio progreso espiritual; es decir, todo lo que represente a la personalidad. Esta es la única manera de identificarse cada vez más con nuestro Yo superior y, a la vez, la gran prueba para saber si el supuesto aspirante maduro está preparado para entregar su vida –casi todo lo que representa la vida cotidiana– a cambio de “nada”, un “nada” que bien puede convertirse en discipulado de un Iniciado.

Francisco Nieto

lunes, 2 de enero de 2012

AL COMENZAR EL SENDERO (I)







En mi opinión, se puede llamar aspirante espiritual a la persona que en un determinado momento de una determinada vida siente el despertar o impulso que le llevará a buscar medios que satisfagan su inquietud y su sed de desarrollo espiritual. Esta etapa que, tarde o temprano, todo ser humano debe experimentar, es la más difícil de superar y, por consiguiente, cuando más aspirantes fracasan. La explicación a esto es fácil puesto que de lo que se trata es de llevar a la práctica dicho impulso espiritual. Precisamente uno de los motivos por los que muchos fracasan es por tener prisa en obtener resultados sin saber que éstos tardan a veces incluso años dependiendo del esfuerzo, sacrificio y desarrollo que cada uno tenga. Las prisas llevan a eliminar de nuestra vida todo aquello que nos dicen que es incompatible –alcohol, tabaco, pasiones animales, críticas…– y todo se hace porque hay unos primeros síntomas de “vivir la vida” de otra forma, sin embargo, en estas primeras decisiones y acciones los resultados son más ilusorios y superficiales que los que se obtienen al cabo de unos años de persistencia. El simple hecho de sentir que despiertan ciertos ideales elevados, anima a acelerar el proceso y a tener más prisa sin saber aún que aguardan muchas y duras pruebas que superar.

Se leen muchos libros que otros aspirantes aconsejan, se acude a conferencias, se hacen cursos y se busca conocimiento en todos los sitios sin saber que lo que se busca está en el interior de cada uno y no fuera. Es cierto que todo esto trae resultados y que muchas cosas están así puestas en el destino de cada uno, pero no deja de ser una mera introducción a la vida superior. El entusiasmo, los amigos, los libros, etc., suelen, a veces, desviar al buscador terminando éste fuera de lo que verdaderamente debería buscar y trabajar. Así es que, la impaciencia y el hecho de no tener claro lo que es la verdadera vida espiritual son en muchos casos, motivo de fracaso o de desvíos del camino que, muy posiblemente, tenía predestinado antes de renacer. Cuando una persona desea aprender inglés y, guiándose por su entusiasmo y por su impaciencia, decide hacerlo con varios métodos a la vez, no sabe que está atrasando su aprendizaje, pues, está demostrado que se obtiene más ventaja cuando uno se concentra sobre un solo método que sobre varios a la vez. No se debe dejar el camino o pararse a contemplar las flores por muy atractivas que nos parezcan, una vez iniciado el sendero hay que tener persistencia, paciencia y unos ideales elevados que nos recuerden cuál es nuestra meta.

Es cierto que, normalmente, nos queda poco tiempo para dedicarnos a hacer ejercicios espirituales, sobre todo porque hay que dar prioridad a nuestras responsabilidades y deberes sociales y cotidianos, pero eso no significa que nos podamos desviar de nuestros propósitos espirituales diciendo aquello de que “todos los caminos llevan a Roma”. Cada uno de nosotros puede estar en el sendero cumpliendo sus obligaciones laborales y sociales por el sólo hecho de hacer las cosas con amor, como si fueran para Dios o con cualquier otro motivo que mantenga nuestra mente en lo más elevado de nuestro Ser. No es lo mismo no acordarse de los propósitos espirituales nada más que un rato cuando se llega a casa, que tener la consciencia en todo lo que hacemos pensando en Dios, en Cristo o simplemente en que deseamos de corazón hacernos instrumentos de Dios entre la gente que nos rodea. De nada servirá obtener mucho conocimiento si no se aplica y se lleva a la practica cada vez que se nos presente la ocasión; es necesario un recto pensar, un recto sentir y una recta actitud ante los demás para que el conocimiento nos aporte cierto desarrollo espiritual.

El aspirante espiritual debe saber que el verdadero desperar, la madurez que procede del Yo superior, no se adquiere en unos meses o en pocos años, ésta se adquiere tras un proceso lento de gestación y siguiendo un buen o eficaz método. Es importante y necesario que el aspirante obtenga conocimiento de los ejercicios más adecuados para acelerar su crecimiento, un ejemplo de ellos son: la concentración, la meditación, la oración, y la retrospección que aconseja Max Heindel en el “Concepto Rosacruz del Cosmos.” Si a esto añadimos la oración, la adoración y la contemplación y, a la vez, se intenta servir con amor y altruismo al prójimo, no hará duda de que pronto se notará cierta espiritualización del carácter. A los que tienen mucha prisa les parecerá un proceso largo y lento, sin embargo, es el más seguro y rápido, y cuando se asiente en el carácter como base para vivir la vida será muy difícil que el aspirante se desvíe del camino y de sus ideales.

Cuando el aspirante a la vida superior lleva a la práctica sus primeras decisiones le parece que todo sale a pedir de boca, cuando se quita de sus vicios más comunes se alegra, lo ve todo fácil y observa que sus relaciones con los demás mejoran. Esto es similar al hecho de que cuando un negocio es rentable el dueño es feliz y siente el apoyo y el afecto de quienes le rodean; pero cuando cambia su suerte también cambian dichos apoyos y afectos quedándose así sólo ante los obstáculos. Es en estas pruebas que surgen, sobre todo, al principio, cuando el aspirante tiene que demostrar su firmeza de propósito y decidir si de verdad desea alcanzar esa vida superior o, por el contrario, se deja llevar por el desaliento y el fracaso. Son muchos los casos de aspirantes en que se toma la vía de menor resistencia y se dejan derrotar por los problemas aún entiendo algún buen consejero cerca. La firmeza en el propósito y la persistencia son dos virtudes que siempre deben estar presentes en el aspirante, sin embargo, eso de poco sirve si no se tiene un ideal elevado, una luz que ilumine las sinceras intenciones, y ese ideal debe ser “vivir una vida altruista y de servicio amoroso a los demás.”

Cuando un aspirante lleva a la práctica con éxito estos ideales durante largo tiempo, es porque sus aspiraciones espirituales están siempre presentes en su mente y en sus intenciones. Este aspirante puede tener problemas como todo el mundo y puede ser criticado, juzgado y ofendido, pero no permitirá que los problemas ni las desdichas le derroten porque sabe que se está quitando deudas kármicas del destino y que está aprendiendo nuevas lecciones en este renacimiento. Y es que, si de verdad se quiere ser fiel a un ideal elevado, hay que ser constante en mantener una disciplina mental, emocional y física. Cuando se actúa de cuerdo a unos principios espirituales y cuando se hace frente a los problemas aun poniendo en peligro la paz y el equilibrio interno, entonces se hacen grandes progresos y se aprende mucho de los propios errores. Cuando huimos de los problemas e inconvenientes o permitimos que éstos nos desvíen de nuestras intenciones e ideales, lo que estamos haciendo es acomodarnos para vivir una vida fácil y sin esfuerzos que rebajará en gran medida nuestra voluntad. Entonces, dicho aspirante esta retrasando el pago de sus deudas y el progreso “programado” en esa vida; de ahí que el firme propósito de alcanzar ciertos ideales espirituales no deben debilitarse jamás.

También suele ser común al principio, que el aspirante exponga una serie de propósitos que hagan que sea causa de halago por parte de otros, pero esos propósitos o intenciones se quedarán sólo en palabras o pensamientos si no son acompañadas de una persistente práctica en la vida diaria. Nada que valga la pena puede alcanzarse física o espiritualmente si no hay un propósito basado en un elevado ideal, y para alcanzarlo es importante: primero que no se tenga en cuenta la oposición que pueda haber; y segundo que haya el valor necesario y la firme intención que se necesita. Estos dos aspectos traerán convencimiento moral y espiritual de que ese cambio es para bien. Todas las innovaciones en la vida, y más aún en lo personal, cuestan y necesitan un firme propósito y una persistente voluntad para poder imponerse sobre lo que está arraigado como hábito o costumbre. No es fácil nadar contra la corriente pero según avanzamos espiritualmente en la vida nos damos cuenta de que merece la pena esforzarse y sacrificarse por ser mejor.






Francisco Nieto

sábado, 17 de diciembre de 2011

EL ASPIRANTE ESPIRITUAL Y EL SENDERO DE PERCEPCIÓN (y II)



Lo mismo que alguien puede utilizar la posición del Sol o de la Estrella Polar como “medio” para llegar a una meta, así el aspirante espiritual debe llevar a la práctica sus ideales elevados para alcanzar su posible meta espiritual predestinada desde antes de nacer. El aspirante debe comprender que no se puede hacer un Maestro o Iniciado por el esfuerzo de una sola vida y por eso no se debe dejar llevar por la ilusión, la imaginación o los deseos irrazonados, debe poner los pies en el suelo y razonar hasta comprender que las prisas no son buenas y sólo traen inconvenientes. Se trata de tomar las riendas del destino y afrontar cada día como un paso más para llegar a la meta de la perfección; así se avanzará más lentamente pero se darán pasos más seguros. Son las aspiraciones y los ideales elevados los que deben guiar los esfuerzos, a la vez que se actúa con paciencia, responsabilidad y persistencia. El desarrollo espiritual es un proceso interno pero se debe alcanzar en el mundo físico y a través del cuerpo físico y sus limitaciones. Según se va desarrollando el espíritu interno se va adquiriendo poder espiritual pero nunca hay que abandonar las aspiraciones ni la práctica de los ideales elevados.

Como hemos dicho, el aspirante espiritual debe tener su consciencia sobre sí mismo para no hacer daño a nadie ni a nada y para ser un amoroso servidor de Dios y del mundo. Pero eso no es todo, él está –como suele ocurrir por lo general– en esa Escuela porque pertenece al mismo “Rayo” o “Aspecto Divino” que representa la Escuela y, por tanto, él también se debe a la misma. Eso no significa que deba pagar una cuota a esa Escuela por sus estudios, una verdadera escuela no exige dinero a sus miembros, sin embargo, sí hay otras formas de colaborar además de los donativos que “en conciencia” se puedan dar. Las Escuelas Iniciáticas están dirigidas desde los planos internos por Iniciados normalmente llamados Hermanos Mayores. Éstos trabajan y se sacrifican desde los planos internos por facilitar los medios espirituales necesarios a la humanidad a la vez que imitan a Cristo respecto “curar al enfermo” y a “sufrir por los pecados del mundo” para transformar el mal en bien. Ellos facilitan las épocas y oportunidades para que los aspirantes y todo aquel que esté en sintonía las aproveche y utilice para su propio desarrollo; y ellos son los que eligen a aquel que se esfuerza por responder a sus intenciones para facilitarle una expansión de conciencia.

El aspirante debe ser consciente de que esos iniciados ponen gran empeño en evitar que el hombre caiga en la maldad y en el materialismo y por eso facilitan los medios para que la humanidad encuentre una atmósfera de paz y armonía. De aquí que el aspirante también ponga empeño en identificarse con esas vibraciones y en llevar a la práctica los preceptos de la escuela para que su paz y armonía interna sea manifestadas externamente en su hogar, en su trabajo y en el mundo El aspirante debe conocerse a sí mismo, autoobservarse y meditar sobre sus cualidades y sus defectos para luego poner manos a la obra en la purificación de sus vehículos. Su cuerpo físico solo debería ser vehículo de buenas acciones; su cuerpo emocional o de deseos, solo debería desear y expresar sentimientos o emociones de naturaleza espiritual y nunca en contra de nadie; su mente debería estar controlada por la voluntad para que solo piense en la manera de seguir el sendero de perfección y de ser útil al prójimo; y su voluntad siempre debe ser la representación de la voluntad de Dios o imitadora de la obra de Cristo. Todo aspirante puede hacer eso y no debe tener al fracaso porque cuando uno trabaja y se esfuerza por hacer esa labor espiritual, esta acompañado por las fuerzas espirituales que colaboran con nosotros para que cumplamos con nuestro plan evolutivo cuanto antes y de la mejor manera.

El aspirante espiritual que cumple con los preceptos y que se esfuerza por ayudar a la humanidad nunca está sólo, siempre tendrá a algún auxiliar, iniciado o Ángel ayudándole a alcanzar sus propósitos y, por tanto, si las fuerzas espirituales están con él ¿Quién puede estar en su contra? Por otro lado y puesto que él se ha beneficiado de la Escuela por medio de los conocimientos adquiridos, debe saber que lo que se recibe gratis debe darse gratis o devolverse altruista y amorosamente en forma de donativo a la humanidad. El conocimiento se puede dar a otros de igual forma que se recibió pero el beneficio y adelanto espiritual obtenido gracias a ese conocimiento debe ser compartido con el prójimo con la mejor voluntad y entusiasmo. Estamos aquí para progresar espiritualmente y quien no se esfuerza no será considerado como un digno siervo de los Maestros y no se capacitará para identificarse con las vibraciones que le pueden llevar a alcanzar la iniciación.

Pero esto, en un aspirante primerizo es menos grave, lo grave es cuando uno es probacionista o discípulo de un Maestro y no cumple o se desvía del sendero; entonces, éstos son falsos y se engañan ellos mismos ya que el Hermanos Mayor o Maestro lo observa y sabe todo de él. Así es que, el verdadero aspirante debería preguntarse de vez en cuando ¿Qué uso estoy haciendo de lo que he aprendido y de mi desarrollo espiritual? ¿Cumplo mis obligaciones espirituales de la escuela? ¿Qué clase de ejemplo estoy dando a los demás? ¿Actúo más bajo la dirección del Espíritu o de la personalidad egoísta y materialista? ¿Me esfuerzo a diario lo suficiente como para continuar progresando? Deberíamos recordar todos que el ejemplo vale más que mil palabras y que, por tanto, ese debería ser el motivo de más esfuerzo, de hecho, es muy beneficioso para el estudiante que sabe que en las navidades desciende el rayo de Cristo, comprometerse de nuevo para que en el año venidero pueda alcanzar nuevas metas gracias a su sincero y amoroso esfuerzo en el servicio.

Estamos en unos tiempos que aportan cierta elevación de conciencia a quienes están en la frecuencia de esta nueva filosofía de vida que procede de los mundos superiores, algunos ya están tan identificados que están haciendo una gran labor gracias a sus libros y conferencias y, como consecuencia de ello, los que aspiramos a continuar esforzándonos en el camino de perfección, deberíamos seguir su ejemplo y llevar a la práctica las enseñanzas recibidas. Lo mismo que somos libres de actuar bien o mal o de decidir si hacer lo correcto o lo incorrecto, también tenemos el libre albedrío para decidir si compartimos todo lo bueno que hemos recibido para hacer un mundo mejor o no. Si nos decidimos por lo más lógico y correcto podemos tener la seguridad de que contarán con nosotros para ser colaboradores de los iniciados que dirigen los destinos de la humanidad. Ahora cabe preguntarse ¿Estamos dispuestos para hacer los sacrificios necesarios? ¿Nos sentimos capacitados para vivir la vida espiritual y para ayudar al prójimo allá donde podamos y nos encontremos? ¿Estamos viviendo los preceptos y estamos dando el ejemplo que requiere el hecho de ser un colaborador en la obra de Dios.

Cada uno de los aspirantes del mundo es un elemento importante para que fluyan las vibraciones espirituales y el amor de Dios sobre la atmósfera terrestre, y cada uno de ellos debe ser consciente de ello en todo momento para llevar a cabo la labor de auxiliar de los guías de la humanidad. Es dando como se recibe, pero para llenar un vaso debe estar vacío, por tanto, hay que vaciar nuestro amor, nuestra compasión y nuestra fraternidad sobre los demás para poder recibir lo que merezcamos. Sin embargo, no debemos dar con la intención de recibir sino con la intención de ser instrumentos de Dios en la Tierra, es decir, con la intención de darnos a nosotros mismos.

Francisco Nieto